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21:14, un vino marcado por el amor

«No por ser de la casa este tipo de vino ha de ser el peor», defienden en Sa Cuina de n’Aina, donde elaboran uno propio, exclusivo y solicitado

Laura Adrover y David  González, propietarios de  Sa Cuina de n’Aina, con su vino 21:14.

Laura Adrover y David González, propietarios de Sa Cuina de n’Aina, con su vino 21:14.

La de Laura Adrover, cocinera, y David González, sumiller, es una historia de amor, en lo personal y también en lo profesional. Pareja desde hace 23 años, hace seis que están al frente de Sa Cuina de n’Aina, un restaurante, ubicado en Sencelles, que puede presumir de una cocina tradicional con toques renovados y de un vino de la casa que, elaborado por ellos mismos y tatuado en la piel, literalmente, no deja de ganar pretendientes.

El romance entre ambos surgió en Biniali, tierra de viñedos, en 1998, tres años después de que los padres de David, Aina y José, abrieran en este llogaret su restaurante y se abrazaran a la gastronomía tras dejar sus respectivos trabajos. Laura empezó en sala y encontró el placer una vez pisada la cocina, lugar en el que decidió quedarse y en el que continúa trabajando, siempre con una sonrisa. Fue en el 2000 cuando Sa Cuina de n’Aina se traspasó a Sencelles, para quedarse en una casa típica de pueblo, rústica y elegante, con una carta de platos tradicionales con toques renovados. El liderazgo de Laura entre los fogones se afianzó el año pasado, después de la jubilación de la fundadora e inspiradora de una pasión que crece con el tiempo.

David nació un día 21, y Laura, un 14. Cada día, a esa hora de la noche, las 21:14, ambos sellan su amor con un beso

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La carta de su establecimiento, tan tocado como el resto por la pandemia, pero marcado por la ilusión contagiosa de sus jóvenes propietarios, pide a gritos llevarse a la boca un frito mallorquín, un arroz brut, unos canelones de la abuela con salsa de trufa y, sobre todo, una lechoncita asada o un cochinillo, al horno de leña en ambos casos. Y que nadie proteste con aquello de «este vino no está bueno», porque ese fue el detonante que llevó a David a formarse durante tres años como sumiller. Ese amor, el de los vinos, le viene de lejos, cuando ayudaba al abuelo de Laura, que vendía su uva a las bodegas de los alrededores, a vendimiar, podar y fumigar. Tras la muerte del abuelo se propusieron un reto: hacer ellos mismos su vino. No tenían bodega pero sí terreno, cerca de una hectárea, en Biniali. Así que, tras llegar a un acuerdo con el propietario de Tianna Negre, empezaron a producir y servir en mesa su propio vino, de la casa.

El vino que elaboran en el restaurante Sa Cuina de n’Aina se llama 21:14, números que forman parte de la vida de Laura y David, y que llevan tatuados en su piel.

«No por ser de la casa, este tipo de vino ha de ser el peor, el más xerec», señala David. «Durante años he tenido vinos de la casa, de Andreu Suñer, Galmés i Ribot, el Son Caló de Miguel Oliver... Quería defender el vino mallorquín, el vino de la tierra. Porque te imaginas ir a la Rioja y pedir un Ribera, o al revés. Pues lo mismo. El nuestro es un vino de la casa exclusivo». Exclusivo y también aplaudido, porque su producción se duplicó tras el éxito de su primera añada y su demanda no ha caído con la pandemia, ofreciendo el producto en tiendas de Sencelles y Costitx.

El beso que nunca falta

Sus viñas cuentan siete décadas de vida y presentan cuatro variedades: manto negro, callet, cabernet sauvignon y merlot. «Me dejo asesorar por el equipo de Tianna», apunta David. Su nombre es 21:14 y no es fruto del azar. David nació el día 21 y Laura, el 14. «Cuando la iba a buscar el reloj del coche marcaba las 21:14. Nos pasó varias veces», subrayan. «Y decidimos tatuarnos esa hora en la piel y darnos un beso, cada día, en ese momento de la noche. Si no estamos juntos nos enviamos el beso por wasap, o una rosa. Son unos números que siempre nos han acompañado», aseguran al unísono. La etiqueta del vino 21:14, diseñada por Perin Comparini, es una prueba de su fe: «Si la puntualidad es una virtud del comportamiento, transformarla en hábito riguroso en el amor es sublime».

El vino que elaboran en el restaurante Sa Cuina de n’Aina se llama 21:14, números que forman parte de la vida de Laura y David, y que llevan tatuados en su piel.

En Sa Cuina de n’Aina lo tienen claro: «Sin amor no hay buena cocina». Su primera añada fue la de 2016, y el primero de los vinos se llamó XX, «por nuestro 20 aniversario». Desde 2017 hasta ahora, manda el 21:14. Producen al año 600 botellas de negro, otras tantas de blanco y 400 de rosado, también en Magnum, cien para cada tipo. ¿Su precio?, adivínenlo... 21 euros para la botella servida en mesa y 14 para los que piden llevársela a casa y compartir un vino hecho desde el corazón. «Salud y por muchos años», desean en su etiqueta.

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