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Entrevista

“Tengo 47 años, soy investigador senior y gano menos que un joven ‘postdoc’: 23.000 euros”

Carlos Spuch, investigador senior de neurociencia traslacional del Instituto de Investigación Galicia Sur

Carlos Spuch, este fin de semana.

Carlos Spuch, este fin de semana.

El investigador senior del grupo de Neurociencia Traslacional del Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur, Carlos Spuch, es más que un científico al uso: cultiva un huerto y la inteligencia de su hijo de 10 años, divulga ciencia en colegios y foros como el Club FARO y codirige investigaciones de impacto como la recién publicada para diagnosticar la esquizofrenia con un análisis de sangre. Su cara les sonará, también, porque recientemente los medios se hicieron eco del estudio que desarrolla dentro del IIGS en enfermos graves de COVID-19 con litio –que se usa para el trastorno bipolar–. Pero puede que pocos sospechen que el biólogo de 47 años también es ‘víctima’ de la precariedad en los contratos de los investigadores sanitarios, que quedan de nuevo al margen de la ‘Ley Duque’, al menos, de momento. “Ahora mismo, cobro menos que un postdoctorado”, reconoce sincero este luchador, dentro y fuera del laboratorio.

–La reforma prevista de la Ley de Ciencia que prepara el Ministerio tampoco repara en los investigadores sanitarios. ¿Cómo se sienten?

–La reforma olvida completamente a los investigadores hospitalarios que desarrollan su actividad en los centros del Sistema Nacional de Salud y que actualmente carecen de carrera profesional. Esta reforma tampoco desarrolla esa figura, dejándolos de nuevo en un limbo laboral, sin futuro ni proyección. Las Universidades tienen su carrera, el CSIC tiene la suya y nosotros nos quedamos otra vez en la nada. Dentro de los hospitales, nuestra negociación en concreto es por la carrera investigadora como tal, para dotarla de una estructura. Tampoco inventamos nada, porque el Carlos III ya tiene: lo ha hecho con los técnicos, con los predoctorales, postdoctorales y los investigadores R1, R2 R3 y R4.

–¿Decepcionados?

– Solo pedimos cierta homogeneidad en todo esto, ya que se trabaja en una reforma de la Ley de Ciencia, que no debe ser nada fácil. Nos reunimos con el ex ministro de Sanidad, Salvador Illa, cuando vino al hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo y nos prometió que se reuniría con el ministro Pedro Duque para abordar lo que le decíamos. Se le planteó todo esto y nos dijo que harían una Ley de Ciencia para todos.

Carlos Spuch, este fin de semana.

–¿Es fácil saber el número de investigadores sanitarios asociados a hospitales que hay en Galicia?

–Es complicado porque hay un montón de figuras diferentes. De hecho, uno de los problemas que tenemos es que en los hospitales estamos trabajando todos como investigadores, pero cada uno con un programa diferente: cobran distintos salarios y tienen condiciones variables. Al margen de la inestabilidad, es otro handicap. En los hospitales con contratos competitivos coincidimos investigadores de los programas Miguel Servet, los alumnos (pocos) Ramón y Cajal y nosotros, los Parga Pondal, aunque ya no existe esa figura, seguimos estando. Después están los Sara Borrell, que serían los jóvenes. No somos muchos, pero saber el número es complicado. [En el registro del Sergas constan 2.288 investigadores en 158 grupos de investigación, pero el listado incluye a todo el personal sanitario que participa en una investigación].

–Usted tiene contrato indefinido, ¿cómo repercute la ley prevista en su situación concreta?

–Aunque sea indefinido, tengo que pasar evaluaciones anuales para seguir contratado, lo cual no me importa porque si uno trabaja, las consigue. Además de diferentes condiciones laborales, no tenemos ni sexenios, ni trienios, ni nada... Queremos que exista una carrera investigadora en los hospitales. Y la reforma de la Ley de Ciencia plantea la figura ‘tenure-track’, del modelo americano. El defecto es que no tiene financiación. Sin embargo, el contrato americano te pide demostrar a los cinco años que has hecho tu trabajo, pero te dan un dinero y un contrato. En esta ley, aún falta mucho por saber. Con la escasa financiación que hay en España para ciencia... Ojalá rectifiquen. Y si quieren hacerlo así, por sistema de evaluaciones, por lo menos que lo hagan bien. Si va a haber investigadores con contrato temporal hasta los 50 años, al menos págale bien.

“Ya no sé cómo escapar a las preguntas de mi hijo sobre mi situación y luego, ¡animo a las vocaciones científicas en los colegios!”

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–Tiene 47 años, ¿se puede saber cuánto cobra?

– En mi caso concreto, mi salario es el más bajo de todos los investigadores. Todos hacemos el mismo trabajo, yo soy de los que más produzco, pero cobro mucho menos: unos 23.000 euros anuales netos [unos 30.000 brutos]. Los postdoctorales que entran ahora cobran más que yo y si llegan investigadores de fuera, aún más. Mi sueldo es el mismo de hace 10 años. Si con las perspectivas de ahora, a nivel laboral, me dicen que voy a seguir cobrando lo mismo a los 57 años, ya no sé qué decirle a mi hijo, cómo escapar de las preguntas. ¡Y luego, ando estimulando en los colegios a que los niños se hagan científicos! A mí me encanta mi trabajo y no necesito que nadie me estimule para seguir sacando proyectos y dedicar 10 o 12 horas al día. Eso no me importa. Pero si esto va a seguir así, me plantearé buscar algo en la universidad o CSIC, y ahí entraría en el sistema que propone esta ley. Ya sé que una persona de hostelería y miles de profesionales cobran menos, pero por mi formación, la dificultad y la presión que recibimos, creo que deberíamos cobrar más. Entre algunos de mis compañeros y yo puede haber diferencias de 10.000 euros anuales.

–¿Por qué cree que se plantea incluir esa polémica figura de ‘tenure-track’?

–Parece que el sistema de evaluaciones se plantea para exprimir un poco más la productividad. Pero todos os investigadores que conozco se esfuerzan mucho en el laboratorio para producir; no necesitan muchos estímulo. Si lo que haces es castigar y castigar… La gente acaba con ansiedad y depresión; hecha polvo.

–Hace solo días se conocía el desmantelamiento del laboratorio de la viróloga Amelia Nieto, recién jubilada, y que era un referente en España en futuras pandemias.

–Al químico valenciano Luis Enjuanes, convertido en autoridad mundial en coronavirus, le ‘repescaron’. Pero hay laboratorios que, cuando se cierren, esa línea de investigación se acabó. Es lo más triste que puede ocurrir: si esos investigadores desaparecen, se pierde todo el conocimiento. Se jubilan y desaparecen las líneas de investigación. Es como quemar una biblioteca. Para mí, lo peor en ciencia. Y es un ejemplo de lo provoca la inestabilidad de los investigadores. En la ciencia, para que haya investigadores ‘estrella’ que todos conocemos, tiene que haber un pool de investigadores detrás. A los que mandan, les diría que en España tenemos grandes científicos y laboratorios de élite, pero hacen falta otros más pequeños. Formar investigadores requiere muchos años de estudio. Es como en el fútbol, para tener grandes fichajes del Real Madrid o el Barça se necesitan equipos pequeños.

Carlos Spuch, neurocientífico: "Las vacunas son indispensables, pero también faltan tratamientos". IMAGEN: MARTA G. BREA | EDICIÓN: JOSÉ LUIS ROCA

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