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Desconexión digital: muchas leyes, pero poco cumplimiento

Los expertos señalan que hay poca 'cultura de la desconexión' y los mandos intermedios de las compañías siguen haciendo encargos a los trabajadores a deshoras

TIEMPO PARA VIVIR Y PARA TRABAJAR  Desconexión digital

En el pasado, la sirena de la fábrica marcaba claramente los límites de la jornada laboral de la mayor parte de la población activa. La otra se regía por las campanas del campanario. En esos tiempos, plegar significaba plegar y era imposible llevarse el curro al domicilio. La revolución digital fue recibida con los brazos abiertos, entre otros motivos, por la libertad física y de horarios que brindaba para trabajar. La rigidez tiene mala prensa, pero el reverso de la movilidad que ofrecían el 3G y la señal WIFI, en términos laborales, tiene forma de Whatsapp del jefe en plena cena y torre de emails esperando respuesta a la hora de entrar en la cama. Si estamos permanentemente conectados, estamos siempre disponibles.

Para prevenir los abusos que podía ocasionar la implantación de la economía digital, España se ha dotado en los últimos años de una batería legislativa que sitúa al país a la cabeza del mundo en respeto al descanso de los trabajadores. En diciembre de 2018, la Ley de Protección de Datos Personales y Garantía de los Derechos Digitales –en concreto, su artículo 88- sancionaba que los empleados pudieran ser molestados con asuntos del trabajo fuera de su jornada laboral. A esta norma, conocida oficiosamente como ‘de la desconexión digital’, le siguió en 2019 la Ley de Control Horario que imponía a las empresas la obligación de registrar la hora de llegada y salida de cada trabajador.

Teletrabajo

En septiembre de 2020, el Gobierno aprobó la Ley del Teletrabajo que, entre otros asuntos, volvía a insistir en la necesidad de separar el tiempo laboral del personal, incluso cuando el trabajo se desarrolla en el domicilio del empleado. Toda esta cobertura legal debería salvaguardar el tiempo libre de los empleados digitales, pero sus rutinas siguen hoy llenas de peticiones y tareas realizadas a deshoras y se cuentan con los dedos de las manos las empresas que han firmado memorandos para proteger el descanso de sus trabajadores.

“La ley está promulgada, pero ahora falta desarrollarla y, sobre todo, fomentar la cultura de la desconexión. De nada sirve que una empresa redacte un protocolo de limitación horaria si los cargos intermedios siguen habituados a mandar mensajes a los empleados a cualquier hora”, explica Fabián Valero, abogado especializado en derecho laboral y digital.

Prueba de lo lenta que va la implantación de la Ley de Desconexión es que en sus dos años de vigencia solo se ha abierto expediente sancionador a una empresa, Prosegur, por enviar correos electrónicos a sus trabajadores fuera de la jornada laboral.

La pandemia ha supuesto un test de estrés para los horarios laborales. El teletrabajo, que solo era practicado por el 5% de los profesionales antes del covid, llegó a ser el modelo seguido por el 30% de los trabajadores en el confinamiento, y este cambio forzado ha tenido un coste.

Según un informe de CCOO, la pandemia ha duplicado las horas extras no pagadas, pero trabajadas en el domicilio. Un estudio de la empresa de servicios digitales telemáticos NordVPN calcula que el teletrabajo ha alargado en dos horas cada día las jornadas laborales.

“Pero esto no ha sido teletrabajo, sino un apaño improvisado a la carrera para salir del paso en plena pandemia”, advierte Eva Rimbau, profesora de Economía y Empresa de la UOC. El teletrabajo, sostiene esta experta en gestión de equipos virtuales, exige que haya un acuerdo previo entre empleado y empresa, dotación de medios y un cierto control de las horas que se trabajan. “Hay quien prefiere seguir en casa los horarios de la oficina y quien opta por organizarse el tiempo a su gusto, pero teletrabajar no significa estar todo el día enredado con los asuntos del trabajo, ni hacerlo con los niños correteando a su alrededor”, avisa la docente.

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