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Medio ambiente

Los tendidos mortales para los flamencos en ses Salines de Ibiza tenían que estar enterrados desde 2009

En la última década han muerto allí por colisión 26 aves, de las que 19 eran flamencos

Los tendidos mortales para los flamencos en ses Salines de Ibiza tenían que estar enterrados desde 2009

Los tendidos mortales para los flamencos en ses Salines de Ibiza tenían que estar enterrados desde 2009

Desde el año 2011 han muerto 26 aves en el Parque Natural de ses Salines tras colisionar con los tendidos eléctricos que atraviesan sus estanques. La mayoría, 19, eran flamencos (Phoenicopterus roseus), pero también resultaron fatales para un agró (Egretta garzetta), un ànec collverd (Anas platyrhynchos), dos xerreires (Himantopus himantopus), un ànera blanca (Tadorna tadorna), una valona (Tringa glareola), y una roseta pardilla (Marmaronetta angustirostris).

De esos accidentes mortales, 25 ocurrieron en dos puntos muy concretos: la mayoría (20) en los estanques de sa Sal Rossa próximos a la carretera de ses Salines y la depuradora, y cinco en los de es Cavallet. Sólo uno se produjo en las lagunas salinas de es Codolar.

No se habría registrado ni una sola muerte si se hubiera aplicado a rajatabla lo que establece el Plan de Uso y Gestión del Parque Natural de ses Salines (PRUG)que data de diciembre de 2005 y que en el punto 4 del artículo 21 indica que todos los tendidos eléctricos de esa área protegida deben ser soterrados antes de 10 años.

Pero ese plazo se reduce considerablemente en el caso de «las líneas de media tensión que atraviesan las láminas de agua o espacios de funcionalidad específica» de es Cavallet y sa Sal Rossa, que tenían que haber sido enterrados «en un término máximo de tres años», según concreta el PRUG. Es decir, todos esos cables, mortales especialmente para los flamencos, tendrían que haber desaparecido antes del primer día del año 2009. El Parque Natural sólo dispone de datos de muertes (ojo, de los casos que tiene constancia, pues sus responsables están convencidos de que hay muchos más) desde 2011 (26), a las que habría que sumar las de 2009 y 2010.

Vicent Forteza, técnico la dirección general de Espacios Naturales y Biodiversidad, recuerda que los tendidos eléctricos que «transcurren por encima o a través de los estanques salineros, es decir, de zonas húmedas» , pertenecen a Red Eléctrica o Endesa y que cuando el PRUG fue aprobado hace 16 años «ya se reconocía que había un problema y se proponía que fueran soterrados, en general, todos los que hay dentro del Parque Natural. Lo que ocurre ahora es lo previsible», zanja. Es decir, que esos cables son una trampa mortal para las aves.

Un flamenco hallado muerto en ses Salines de Eivissa. D.I.

El PRUG daba esa década para que desaparecieran todos, sin excepción, pero especificaba plazos según las tipologías de las líneas eléctricas y del impacto sobre el paisaje y la fauna. Para las de media tensión (es Cavallet y sa Sal Rossa), tres años; para las de media y alta tensión de la periferia de los estanques (proximidades de las salinas de Ibiza y del norte del Estany Pudent, en Formentera), cinco años; para las de media tensión de las zonas forestales (Puig des Falcó y es Corb Marí), un máximo de siete años; para las de alta tensión de zonas forestales, ocho años; y para el resto de tendidos, un máximo de 10 años. Asimismo, las estaciones transformadoras y de acometidas tendrían que integrarse paisajísticamente en el entorno del Parque Natural en cinco años.

Pero no se han soterrado los tendidos, ni siquiera los más peligrosos. Sólo se han instalado elementos disuasorios de colisión, espantapájaros, «pero aun así siguen produciéndose las colisiones», subraya Forteza, porque son sólo «una medida paliativa que, de hecho, no está funcionando. Las aves siguen cayendo».

El técnico del Govern sostiene que «el soterramiento es la solución definitiva» para acabar con ese «punto negro» del Parque Natural: «El PRUG es muy explícito, no hay interpretación posible. Pero todos los plazos para soterrar los tendidos se han incumplido. No hay que inventarse nada, basta con enterrar los tendidos eléctricos. Los hay que no provocan impactos ni colisiones porque no coinciden con zonas de paso, aunque quizás sí se deberían eliminar desde el punto de vista paisajístico. Pero lo que está ocurriendo en sa Sal Rossa y es Cavallet es un tema muy concreto de colisiones en zonas húmedas y con especies muy concretas».

Un ave de vuelo torpe

La especie concreta es el flamencoun ave de vuelo torpe: «La mayoría de sus colisiones coinciden con periodos de fuertes tormentas o intensos vientos, pues es cuando empeora su calidad de vuelo. Y casi todos son ejemplares inmaduros, jóvenes. Tienen una envergadura de ala muy grande y les cuesta volar, no son rápidos. Si hay viento, les resulta difícil moverse. Y los cables no se ven, por mucho sistema anticolisión que se instale. Está bien ponerlos, pero no están siendo eficaces». Recientemente se instalaron unos elementos disuasorios en sa Sal Rossa, pero según Forteza «no son suficientemente efectivos».

Vicent Forteza pone un ejemplo fácil para entender la gravedad de lo que ocurre: «Si en una carretera se producen muchos accidentes mortales en un punto concreto, se señaliza, y si aun así se sigue matando la gente, se cambia ese vial porque algo no funciona. Aquí debería ocurrir igual».

El PRUG recoge un protocolo -señala Forteza- que llevan a cabo los agentes de Medio Ambiente (AMA) cada vez que hay un caso de colisión o electrocución: elaboran un atestado y se lo remiten a la compañía eléctrica responsable para que, en el plazo de seis meses, adopte medidas de «minimización o neutralización de los riesgos»; es decir, para que reparen o resuelvan el problema. Si no se soluciona en ese plazo, los AMA vuelven a visitar la zona y a tomar nota.

«Un punto negro»

Pero parece que esos informes son tan poco efectivos como los espantapájaros. Tanto en el año 2018 como en el 2019, la directora del Parque Natural, Marta Castelló Roger, emitió dos en los que advertía de que «la zona de los estanques de sa Sal Rossa» se habían convertido en «el principal punto negro para la muerte de aves por colisión con los tendidos eléctricos». Castelló subraya en ambos que «siguen muriendo […] a pesar de que el PRUG obliga a eliminar todos esos elementos de este espacio protegido mediante su soterramiento». Las aves más susceptibles de chocar son las que, como los flamencos, «tienen un vuelo no muy ágil y de poca capacidad de maniobra».

La directora del Parque especifica en esos informes, además, cuáles son los tendidos más peligrosos: la línea de media tensión de GESA y la de distribución de alta tensión de Red Eléctrica en sa Sal Rossa. Y avisa de que si bien ambas cuentan «con espirales cada cinco metros» para evitar las colisiones, «han perdido su función por falta de un correcto mantenimiento». Sendos documentos fueron remitidos a la conselleria balear de Medio Ambiente tras registrarse dos colisiones en las que tuvieron que ser sacrificados los ejemplares afectados debido a la gravedad de sus heridas. En el caso de uno de ellos, las patas estaban «prácticamente amputadas a la altura de las rodillas».

La directora del Parque Natural deseaba que se informara de esos nuevos accidentes a las compañías eléctricas para que iniciaran «las tareas de eliminación o soterramiento de las líneas eléctricas», así como que, mientras tanto, aplicaran «medidas correctoras lo antes posible» para evitar más muertes.

Los tendidos siguen en el mismo sitio y ya se han cobrado la vida de ocho flamencos desde entonces, cuatro en 2020 y otros cuatro en lo que llevamos de año.

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