Un quinto premio de lo más generoso - el 28.674 - regó ayer de felicidad el palmesano barrio de Son Ferriol. La Administración 39, situada en la Avenida del Cid, 72, repartió 900.000 euros distribuidos en ventanilla a través de 150 décimos físicos. «Después de una año tan complicado es muy gratificante poder repartir algo de felicidad», reconocía Mateo Jaume, propietario del negocio familiar, pocos minutos después de conocerse la noticia.

Alegría en Son Ferriol con el quinto premio de la Lotería de Navidad Guillem Bosch

La suerte de Son Ferriol aguardaba en el segundo alambre de la sexta tabla. A las 11.48 horas, el 28.674 fue dotado con el sexto de los ocho quintos premios de la Lotería de Navidad. El runrún pronto comenzó a inundar la concurrida avenida del barrio palmesano. Vecinos curiosos se apelotonaban en la acera de la conocida calle y varios conductores hacían sonar su claxon al paso por la Administración 39.

«Es que aunque no les haya tocado, todos están felices, yo el que más, aunque no me haya quedado con ninguno de los décimos», señalaba el lotero, quien explicaba que ese quinto premio correspondía a un intercambio con la administración madrileña de Los Arcángeles de las Rosas, sede donde se despacharon 25 series. «No nos quedamos con ninguno, se vendieron absolutamente todos», recalcaba orgulloso el dueño del punto de venta. 

La agraciada más madrugadora fue Paqui López, vecina de la zona «de toda la vida». «Mi madre, Dolores, tiene uno de los décimos», anunciaba risueña mientras aprovechaba el paseo para echar la Primitiva. «Ese, ese, el acabado en 74. Muchos pensarán que solo es un pequeño pellizco, pero no os podéis imaginar cómo lo hemos celebrado en casa», se apuraba a reconocer. «Lo compró mi madre por casualidad. Un chico le animó a que se llevara uno porque le dijo que ese iba a tocar y mira», resaltaba. 

El alboroto en la calle llamó la atención de Tomeu Muntaner, quien asomado a su balcón no dudó dos segundos en coger su décimo y bajar a la Administración para averiguar a qué se debía tanto revuelo. «¡Justo ahora mismo me acabo de enterar de que soy uno de los agraciados. ¿Cuánto es que me llevo? ¿6.000 euros? Bien está», indicaba jocoso, mientras sostenía uno de los 150 décimos premiados. «He de confesar que yo quería un número acabado en 7, pero cuando vine a comprarlo no les quedaban y me vendieron el 74, que tampoco me desagradaba» reconocía aún con la sorpresa en el cuerpo. 

Las lágrimas de felicidad irrumpieron con la llegada de Sonia Cristina Bordalo, quien dos locales más allá, se enteró de su suerte mientras despachaba en la frutería s’Auba de la misma Avenida del Cid. «¡No me lo puedo creer! Una clienta nos regala cada año un décimo a mi compañera Mirela y a mí. Sé que puede parecer poco, pero después de un año tan difícil es una gran alegría», reconocía entusiasmada. Sumado a ese premio, Sonia Cristina también había adquirido otro de los boletos premiados junto a tres amigas más: «Si os soy sincera todavía no he calculado ni cuánto me ha tocado. Aún no he llamado a mi marido para contárselo».

Mirela Guti, pese a tener libre este 22 de diciembre, no tardó en comparecer por la Administración y darse un gran abrazo junto a su compañera. «¿Has visto que no somos tan gafes? Si con un quinto premio estamos así, imagínate si nos llega a tocar el Gordo», se consolaban las amigas todavía con lágrimas en los ojos.