Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Bares

Lórien cumple 30 años

La cervecería decana de Mallorca cuenta con más de 130 referencias

Pep Joan sirve una cerveza en Lórien.

Pep Joan sirve una cerveza en Lórien. b. font

Celebrar tres décadas de vida, especialmente en este tiempo de incertidumbre económica, tiene mérito. Es el caso de la cervecería decana de Mallorca, Lórien, un local situado en la calle Caputxines de Palma que abrió el verano de 1990. En esa época, Pep Joan y Mateu (su antiguo socio) se formaban como margers, pero a la vez tenían la ilusión de abrir un bar por su cuenta. "Fuimos de viaje a Oviedo y descubrimos L'Asturianu, con más de 200 tipos de cervezas; nos fascinó", comenta Pep. En aquel entonces, en la isla tan solo había un bar mínimamente especializado en esta bebida, se llamaba Boc y tenía unas 25 referencias.

Pep explica que "el 20 de julio de aquel año inauguramos el local con 8 tipos de cerveza diferente y a los dos meses ya teníamos 80. Ahora, por la covid tenemos 136 referencias, unas 30 menos que antes de la pandemia. El motivo es que la distribución se ha parado". A las tres semanas de abrir, conoció a su pareja, Aina Alberola, de la que confiesa que sin ella no habría seguido adelante y, un año más tarde, su socio dejó el negocio para continuar su formación en paret seca.

Vivencias y curiosidades

En estas tres décadas, han pasado varias anécdotas, desde tener que llamar a la policía para sacar del local a una persona racista, hasta lamentar, en broma, no haber puesto otro nombre al bar: "Lórien es un bosque que sale en el libro El señor de los anillos, pero todavía hoy hay clientes que nos visitan desde el primer día que nos llaman 'S'Orient'; si lo hubiéramos bautizado Mordor, no habría esta confusión".

También recuerda el día que unos "pijitos" visitaron el bar y les robaron una litografía que Juan Ribas les había dedicado con motivo del décimo aniversario. "Fue el mes de julio de 2012. Por suerte, una vecina vio que cuatro jóvenes tiraban algo y al ver que el coche en el que se subían daba golpes a otro, cogió la matrícula. Al recoger el objeto tirado, advirtió que era una obra nuestra y nos la devolvió. Como teníamos la matrícula, conseguimos el domicilio, en Marratxí Nou, y nos fuimos a su casa con la obra hecha trizas. La cuestión era qué hacer: ¿partirle las piernas a lo Tony Soprano? Finalmente decidimos llamar a la puerta y le explicamos a su madre la cogorza que se pilló su hijo y sus amiguetes en nuestro bar y lo bien que se lo pasaron y lo capullos que fueron robando y rompiendo ese cuadro que para nosotros tiene un valor incalculable. Nos dijo que nos lo pagaría, pero le respondimos que, viendo la cara que se le había quedado a su hijo y que ella supiera el pedazo de hombretón que ha criado, nos olvidábamos de la deuda ".

Los llonguets como salvadores

A día de hoy, Lórien sigue más o menos igual: abren de martes a sábado por la tarde. "La gran mayoría de nuestros parroquianos siempre han sido mallorquines, pero los últimos años decidimos adelantar el horario de apertura a las cinco de la tarde porque teníamos turistas que buscaban probar cervezas locales. Como es lógico, ahora no hay tantos como la temporada pasada. Lo que sí que continuamos haciendo son galletes trempades, elaborados en el Forn de la Pau de Palma, que fue una idea que nos ayudó a salvar los muebles en la crisis anterior y que desde entonces tiene muy buena aceptación.

Compartir el artículo

stats