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Opinión

Adicción Real a Mallorca

Adicción Real a Mallorca

Adicción Real a Mallorca

La foto más valiosa del veraneo mallorquín de la Familia Real Bis no captará a los Reyes actuales en una escapada por la isla o posando con sus hijas, sino que muestra a un prócer mallorquín retirando cuidadosamente de su despacho el retrato enmarcado en el que posa con Juan Carlos I.

Los numerosos mallorquines que presumían de una foto dedicada con el Rey ahora en cuarentena, coinciden con los autores del manifiesto "Si os metéis con Urdangarin, la Familia Real no regresará a Mallorca". Los cantores de las glorias del yerno ideal no solo han de explicar que once jueces lo hayan enviado a la cárcel, y que la fiscalía del Supremo considere que la pena es exigua. Ahora han de justificar además en qué ha quedado la célebre promoción de Mallorca a cargo de Juan Carlos I.

Admitamos que a los personajes que ruegan que no se publiquen o emitan sus imágenes con el anterior Rey nunca les importó demasiado Mallorca. Sin embargo, la isla no solo sobrevivirá a la pésima publicidad que hoy le confiere Juan Carlos I. Además, continúa siendo el enclave favorito de los miembros fetén de la Familia, lo cual excluye a Letizia Ortiz. De hecho, el desdén de la Reina pretende precisamente cortar el cordón umbilical que liga a Felipe VI con la isla. Esta peligrosa cirugía obligó incluso a intervenir a los serviles chambelanes palaciegos, con la ya célebre "Señora, Mallorca no se toca".

Los dos Reyes de la España reciente padecen de una auténtica adicción por la isla. El mantenimiento a toda costa de Marivent como residencia regia con Podemos era un obsequio que Felipe VI preparó para su madre, "no soy la Reina Madre ni la Reina Emérita, soy la Reina Sofía".

A juzgar por sus estancias efectivas en Mallorca, es más correcto hablar de Sofía de Mallorca que de Sofía de Grecia. Y tras los desmanes de su vigente esposo, la isla acoge un auténtico exilio interior. Es fácil imaginar la desesperación de la anterior Reina, al verse desplazada de los funerales religiosos y laicos por las víctimas del coronavirus.

Desde el punto de vista de la mercadotecnia, Juan Carlos I le arrebata el protagonismo a su hijo incluso después de la abdicación. Los obsesos por mantener la imagen de Felipe VI deberían plantearse si la indiferencia es menos nociva que la crítica. En la parte que afecta a Mallorca, el hipotético veraneo de la Familia Real en Marivent despierta emociones muy inferiores a las vacaciones de Fernando Simón. El gurú de la pandemia arrastrará a más paparazzi que Sus Majestades.

Si no fuera por su padre, Felipe VI podría veranear en cualquier otro paraje privilegiado. Sin embargo, la difusión del precio de su subvencionada luna de miel coloca en entredicho las escapadas anuales a enclaves de la Polinesia o del Caribe, que la inmensa mayoría de sus súbditos solo pueden contemplar en los documentales emitidos desde el confinamiento.

Para Felipe VI y para su padre, Marivent era una fenomenal escala intermedia antes de poner rumbo a destinos que sus compatriotas no estaban maduros para conocer. Qué lejos queda Isabel II, obligada a publicar cada visita que recibe en Buckingham Palace.

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