Toca reinventarse. Es el pensamiento, a día de hoy, de muchos jóvenes cuando saben que aquellos lugares de ocio nocturno que frecuentaban no están abiertos o ya no son lo mismo. Una generación, acostumbrada siempre a la incertidumbre, donde los hábitos han cambiado y las relaciones sociales se limitan, en la mayoría de veces, a los amigos y conocidos más próximos.

"Hemos perdido mucha vida social. Ahora nos juntamos con gente de confianza y hacemos más vida de día", afirma Gabriela Marqués, junto a su amiga Marta Verdera, estudiantes del King Richard de Portals Nous, preparadas para pasar la noche en la discoteca Club de Mar. "Reservamos una mesa de grupo cumpliendo los protocolos", apunta Gabriela.

Clara Ramis, de 23 años, también echa en falta lugares de ocio, pero en su caso no son las discotecas. "A mí lo que más me ha afectado son las verbenas. Como alternativa, los fines de semana que habría celebraciones en los pueblos hacemos una fiesta en casa". Irene Galli, amiga de Clara, responde que, aunque ella sea más de ir a tomar cañas con amigos, "hay mucha gente que se relacionaba conociendo a otra gente en discotecas, y eso ahora se ha perdido".

Sobre si es o no una buena medida el no poder bailar en los lugares de ocio nocturno, Victoria Lagoa piensa que es un "poco tontería. También podemos estar en un bar todos juntos, y encima cierran a las dos de la mañana que es lo mismo que estar hasta las tres o las cuatro". María Pita, al lado de Victoria, también está de acuerdo con su amiga. "Al final la gente hace fiestas en casa, se baila, ¿que no se puede? Pero la gente lo hace". Clara Ramis, sin embargo, reconoce que dicha medida es necesaria "sabiendo cómo son los bailes de hoy en día muy pegados y sin mantener una distancia de seguridad", y añade: "Tampoco creo que la gente baile con las mascarillas puestas". "No te vas a poner una mascarilla con el calor que hace y más en verano. Como no pongan el aire a 16 grados", apunta, entre risas, Gabriela Marqués.

Élder Garzerán y Juanma Torres, dos amigos de sa Pobla que han venido a pasar el día a Palma, creen correcta la decisión de no poder bailar en las discotecas "si es para prevenir el contagio hasta que pase un tiempo", dice Élder. Igualmente, Juanma, cocinero de profesión pero sin trabajo a causa, según él, del coronavirus, opina que lo mejor es echar el candado a los locales. "Directamente cerraría porque los únicos que van allí son los alcohólicos. La gente joven no va a una discoteca para estar quieto". Juanma y Élder, al ser preguntados por la nueva opción que utilizan para divertirse, se lo montan con alguna "fiesta en la piscina". "Es lo máximo que se puede hacer sin riesgo a multas", señala Juanma.

Por su parte Suliman Arrahaoui, de 21 años, opina que habría que dar "libertad a cada uno" para elegir si ir o no a los locales nocturnos. "Tendrían que abrir todos y los que quieran ir que vayan y los que tienen miedo al virus que se queden", afirma Suliman, que está esperando sentado en el portal, en el barrio de la Soledad, a un compañero con su amigo Mohamed Belajrou, que considera, al contrario de Suliman, correcta la medida de prohibir el baile en las discotecas.

"Solo he salido un día de fiesta y fue en una rave, y sí que es verdad que se pasaban todo por el forro", afirma Llucia Ponseti, estudiante de Palma de 22 años. "Ahora lo que hacemos es ir a casa de los colegas porque ir a los bares no vamos mucho". Al ser preguntada cómo se organizan este tipo de fiestas, Llucia admite que "no se puede ir allí y tocar el timbre, tienes que tener un contacto de WhatssApp".

En cuanto a las medidas tomadas para limitar el baile, Sara Barrafón, nacida en Barcelona y que disfruta unos días de la isla junto a su amiga Llucia, le parece "súper contradictorio todo", además de ser crítica con dichas decisiones. "No sé hasta qué punto es lógico restringir bailar cuando después coges un tren y estás como sardinas. Quienes al final padecemos más estas contradicciones somos nosotros, la gente joven".

Redes sociales

Tras cruzar la plaza de Miquel Dolç en Son Gotleu, Joseba Pérez considera que, ante la falta de relaciones sociales a causa de la inactividad de locales nocturnos, las redes sociales son un flotador en esta nueva normalidad. "No importa perder el contacto con tu gente más cercana porque las redes nos facilitan un montón las relaciones. Se puede quedar con tus amigos a través de las videollamadas", sostiene Joseba, de 23 años, que no sale de fiesta porque dice estar "a tope" de faena, trabajando de auxiliar de enfermería en una residencia.

Llucia y Sara, que esperan el autobús para disfrutar de las playas de Alcúdia, reflexionan, con una visión distinta a la de Joseba, el papel social de las redes. "Durante el confinamiento ha habido una falsa creencia que seguíamos teniendo una comunidad porque teníamos internet y redes sociales. Sin ellas puede que hubieran surgido comunidades más potentes", considera Llucia, mientras Sara añade: "Ha llegado un punto que se ha pervertido y que estamos abusando un montón de las redes. Incluso me parece que tienen un punto de peligro".

En cuanto al tiempo que podrá durar la actual situación, la mayoría de ellos coinciden en que no ven cerca un final y que "habrá que acostumbrarse", señala Marta Verdera, de 18 años. María Pita, también de camino a la discoteca Club de Mar junto a Victoria Lagoa y otras amigas, cree que en octubre habrá un nuevo rebrote porque "la gente se les está yendo un poco la pinza. En verdad, los jóvenes nos aprovechamos a veces", reconoce María, que, siendo honesta, afirma que en los locales de ocio adaptados a la pandemia "ya no se puede ligar", y que al final "es una excusa para ir más mona".

"Ojalá termine lo más pronto posible y volvamos a la normalidad. Es lo único que deseo", sostiene Suliman refresco en mano. Sara, por su parte, apunta que la gente joven es la que "está pringando más" porque es un momento vital donde "el salir y relacionarnos es fundamental, y es algo que nos han quitado". "Ahora mismo nos tienen privados de hacer muchas cosas que hacíamos antes, pero mejor así, sino después vamos a estar otro mes encerrados y no me gustaría nada", explica Élder Garzerán.

Irene Galli va más allá y cree que la situación "va a ir a peor" en relación a los nuevos rebrotes en la isla. También Suliman, que trabaja en un supermercado, preguntado por la nueva medida que obliga a llevar mascarilla, coincide con los peores pronósticos. "Estaba leyendo en internet que muchos turistas cancelaron sus vuelos cuando salió la normativa. Nadie quiere irse de vacaciones con una mascarilla todo el rato", declara Suliman, que afirma, con una sonrisa de oreja a oreja, salir muchas noches con amigos a desconectar cerca de la playa. Al mal tiempo buena cara.