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Con Ciencia

Vacuna

Se comprende que el deseo de contar cuanto antes con una vacuna contra el Covid-19 nos lleve casi a la obsesión y que los diarios publiquen cualquier tipo de noticia que apunte hacia ese remedio anhelado para la pandemia dando a entender a veces que está casi al alcance de la mano.

Pero la realidad es otra. La revista Nature, de la mano de Ewen Callaway, director de la oficina europea de una de las secciones principales de la revista, News and Features, un análisis de la situación en la que se encuentran las vacunas más desarrolladas. Me limito a resumir sus conclusiones.

La vacuna más avanzada es la que se anunció el pasado 18 de mayo en rueda de prensa por Moderna, empresa estadounidense de biotecnología. Ni que decir tiene que las acciones de Moderna subieron como la espuma del champán en las Bolsas. Pero los datos puestos a disposición de la prensa no han sido publicados todavía en ninguna revista científica, cosa que lleva a no poder calificar siquiera su verosimilitud.

El artículo de Callaway menciona que hasta tres equipos de investigación distintos han desarrollado proto-vacunas que se muestran efectivas en los ensayos con animales pero con resultados muy parciales. La de la universidad de Oxford, por ejemplo, probada en seis monos de laboratorio, protegieron a los animales de la neumonía pero en su sistema respiratorio permanecía tantos coronavirus como en los monos no vacunados. Y el objetivo obvio no sólo es proteger mediante una vacuna sino impedir por el mismo medio que el virus se propague.

Los ensayos clínicos en seres humanos también han comenzado ya. La vacuna que desarrolla Moderna en colaboración con el Instituto Nacional de Alergia y enfermedades infecciosas (NIAID) de Bethesda (Maryland, Estados Unidos) hizo sus primeras pruebas de seguridad en humanos en marzo. En el comunicado de prensa, la empresa indicó que parte de los 45 participantes que recibieron dosis de vacuna (no placebo) desarrollaron una respuesta inmune pero inferior a la adquirida por quienes han pasado la enfermedad. En palabras del doctor Tal Zask, director médico de Moderna, dirigidas a los inversores de la empresa, el objetivo es alcanzar el nivel de anticuerpos de quienes han sido infectados por el Covid-19.

Pero, ¡ay!, nadie sabe el alcance de esa inmunidad digamos natural, el tiempo que permanecerá activa y el grado de protección que proporciona; menos todavía, por supuesto, en las vacunas en desarrollo. Sea como fuere, Callaway recoge la predicción del virólogo de la universidad de Wisconsin (Maryland, Estados Unidos) Dave O'Connor: podríamos tener vacunas útiles en el laboratorio en un plazo de 12 a 18 meses. Luego hay que fabricarlas de forma industrial y distribuirlas. Entonces sabremos qué protección nos darán.

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