15 de febrero de 2020
15.02.2020

Christiane Van Geel descubre que el primer amor mallorquín al que buscaba ha muerto

La ciudadana belga, de 78 años, había iniciado la búsqueda del hombre del que se enamoró en el Port de Sóller hace 60 años - Gabriel López Campos, su "hermoso mallorquín" falleció en 1998

15.02.2020 | 14:52

La búsqueda de Christiane Van Geel ha terminado casi antes de empezar. Gabriel López Campos, su primer amor, al que conoció en el Port de Sóller a finales de los años cincuenta y al que denominaba su "hermoso mallorquín", falleció en 1998 de una afección cardíaca, han confirmado fuentes familiares.

Después de la historia que le unió a Christiane , Gabriel vivió con una mujer, pero nunca se casó. Un año antes de fallecer, regresó a su Mallorca natal desde Murcia para visitar a su sobrino y ahijado, Juan Carrascosa López. Y poco después su vida se apagó.

"Estoy muy triste", comenta Christiane desde Amberes al conocer el final de la historia. Le queda el consuelo de que la familia de Gabriel está dispuesta a hablar con ella para contarle más detalles del hombre que agitó su vida de una manera tan poderosa y de quien perdió el contacto en 1970.

La ciudadana belga, a sus 78 años, se había propuesto encontrar a Gabriel López Campos de nuevo, sesenta años después de conocerlo en Sóller, en el primer viaje que sus padres le permitieron hacer al extranjero sola.

Gabriel, que vivía en Son Ferriol, en aquellos años una zona dedicada exclusivamente a la agricultura, era el mayor de diez hermanos a los que mantenía, de profesión dinamitero.Y aquel verano del encuentro con la joven belga cumplía el servicio militar en la base de Sóller.

"Al principio todo fue casual: una cruce de miradas, un cumplido, un encuentro no buscado y ya estábamos enamorados el uno del otro", relató  Christiane a este diario con nostalgia.

"Los días que Gabriel no estaba de servicio me esperaba en el tercer poste de luz del Port de Sóller, entre las redes de pesca azules y verdes que se secaban sobre el pavimento del puerto. Recuerdo que paseábamos de un extremo a otra de la bahía por el placer de estar juntos. Y cuando en nuestro recorrido llegábamos a la altura del balcón donde se encontraba la vivienda de su superior tenía que cuadrarse y saludarle, fuera o no uniformado. Aquello me parecía de los más gracioso", revivió.

"Disfrutábamos de la playa y del mar y también íbamos juntos de excursión. Recuerdo una en la que me guió hasta el Castell del Moro, entre Valldemossa y Deià", señaló. "Gabriel tenía en aquellos años un cuerpo musculoso y bronceado y unos ojos tan hermosos que hablaban y hablaban sin parar".

Christiane quedó prendada del joven mallorquín, aunque le sorprendían algunos detalles de su vida, como que pese a su juventud tuviera que mantener a sus nueve hermanos "sin ayudas ni becas escolares" del Estado. La España de la dictadura franquista de aquellos años, que empezaba a salir de la autarquía, no tenía nada que ver con Bélgica ni con sus condiciones de vida.

A aquel verano en el Port de Sóller siguió otro que dejó igualmente recuerdos imborrables en Christiane. Pero al regresar a Amberes se le hizo demasiado cuesta arriba soportar la ausencia. "Lo extrañaba tanto que me sentía apática y deprimida. Me preguntaba si debía seguir el dictado de mi corazón o el sentido común; si debía obligarle a dejar su trabajo y empujarle a que se convirtiera en un trabajador inmigrante en el extranjero. Me dolía mucho, pero fui a lo seguro".

Pasaron los años y Christiane conoció a otro hombre, Johan. Tras tres años de noviazgo se comprometieron y fijaron una fecha para la boda. Christiane le contó a su futuro marido su historia con Gabriel y él aceptó ser "el segundo hombre de su vida".

Sin embargo, quince días antes del enlace, Gabriel llamó a la puerta para ver si había manera de salvar su historia y sacudió de nuevo la vida de Christiane. Hasta que los dos hombres decidieron sentarse cara a cara. Entonces, Gabriel renunció a su amada, diciéndole que Johan la haría más feliz.

Los años pasaron, Christiane y Johan tuvieron dos hijos. La joven belga mantuvo el contacto por carta con Gabriel hasta que un cambio de domicilio del mallorquín lo interrumpió todo abruptamente.

Pero Christiane, al fallecer su marido en 2005, se dio cuenta que seguía cumpliendo la promesa que un día se hicieron en un baile de verano con orquesta en Mallorca. "Aquel día me susurró al oído que debíamos pensar el uno en el otro cada vez que fuera luna llena. Se lo prometí. Y todavía hoy tantos años después lo hago, incluso muchas veces abro las cortinas para que su resplandor entre en mi casa", reconoció a este diario. Y por eso removió cielo y tierra para volver a encontrarlo.

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