17 de enero de 2020
17.01.2020

Un ibicenco construye a mano un molino desde hace más de diez años

Hace más de diez años que Juan T. comenzó a erigir la estructura de un molino en su finca de Jesús

17.01.2020 | 17:35
Un ibicenco construye a mano un molino desde hace más de diez años

A Juan T. siempre le han gustado los molinos. Por eso, hace más de 10 años que decidió construir uno con sus propias manos en su finca de Jesús. Tras muchas modificaciones y la incorporación de un sistema robotizado de seguridad, parte de esa idea, aunque «aún incompleta», puede contemplarse en su terreno, donde una torre de 4,5 metros aguarda el momento de ser coronada con las ansiadas aspas.

Lo que comenzó como un mero hobby y un homenaje a los molinos de viento ibicencos, se ha convertido en un duro y largo trabajo para Juan T., que desde hace más de 10 años dedica parte de su tiempo a construir una de estas estructuras eólicas en su finca de Jesús. «Siempre me han gustado los molinos, pero no sabía en el berenjenal en el que me estaba metiendo al empezar a construirlo», confiesa entre risas. (Ver galería de imágenes)

En su terreno, una torre de 4,5 metros de altura se alza entre los limoneros y los naranjos. «La estructura es de piedra y hormigón, pero el soporte de dentro, lo que se llama el árbol, es una viga de madera», cuenta el ibicenco. La construcción luce impecable, como la casa contigua, en la que viven él y su familia, un hogar que también construyó Juan con sus «propias manos». Se nota que no da puntada sin hilo. Le gusta hacer «las cosas bien», y que «funcionen», por eso ha decidido incorporar a su molino un sistema robotizado de seguridad que le «trae de cabeza».

El bucle de la electrónica

«Estoy diseñando y creando los circuitos electrónicos para que el molino se detenga en casos de mucho viento, heladas o si el eje se pasa de revoluciones», informa. Además, está construyendo otro circuito que convierta los 12v (voltaje) de la batería que utilizará en su molino, en 24v, el voltaje necesario para hacer funcionar un anemómetro que necesita para medir la velocidad del viento.

«Esto me tiene loco. Pero ya lo tengo casi terminado», asegura. Sin embargo, confiesa, la causa del retraso también tiene que ver con que cada vez que cree tener listo cualquier circuito, se le ocurre «alguna idea para mejorarlo» y vuelve a «empezar casi desde el principio», agrega divertido. «Cuando empecé la idea era bastante chapucera. Vamos, una miseria. Pero luego la he ido perfeccionando», comenta mientras trata de contabilizar el número de horas que ha dedicado a este proyecto. «Y las que me quedan», añade.

Sistema de seguridad

El anemómetro lo necesita para el sistema de seguridad. El objetivo es que un sensor ubicado en este medidor de viento envíe una señal cuando detecte rachas fuertes de aire. «He calibrado el sensor para que a 45 km por hora envíe la señal y se active un circuito para plegar la cola del molino. Así se detendría progresivamente y se evitaría que el viento destroce las aspas», cuenta Juan. «No creo que haya ningún molino pequeño con este sistema, pero sería muy fácil de instalar», asegura. La estructura de acero también le ha sido difícil de adquirir. «He tenido que pedir el material a Madrid porque el que yo quería, un acero mucho más resistente que el que se usa normalmente, no lo he encontrado en Ibiza», informa. «El tornero no sabía ni siquiera de qué tipo de material le estaba hablando», agrega.

En su opinión, «el Gobierno debería proporcionar ayudas para la captación de energía eólica y solar en la isla, así como para «arreglar todos los molinos que están derruidos». «Además de ser útiles, la isla estaría más bonita para el disfrute de turistas y residentes. Es una pena pasar por la carretera de Santa Eulària y verlos todos derrumbados. Son unas máquinas hermosas que dieron vida a la isla», lamenta el ibicenco, que critica que en Palma se «protejan» y se «arreglen» y que aquí no se «tengan en cuenta».

Cuando se le pregunta por el porqué de este proyecto, Juan T. responde sin vacilar: «Porque puede hacerse». «Me gusta utilizar los conocimientos que tengo sobre construcción o electrónica y ver que funcionan, que se puede hacer». Aún le falta «mucho trabajo» para ver finalizada su obra. Terminar con el diseño de algunos de los circuitos, dar las medidas al carpintero para que haga las palas, y un largo etcétera. «Tendré que pedirle a un carpintero que las haga porque yo no tengo sierra. Pero todo lo que pueda hacer yo, lo haré», asegura.

Con la mitad del trabajo casi hecho, o «al menos, la parte estática» –«falta la rueda, el árbol, las palas y todo lo que gira», ríe–, este enamorado de los molinos confiesa que está deseando «ver si funciona». «Igual que hay gente que se siente realizada escalando el Everest, a mí me gusta esto», concluye.

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