04 de diciembre de 2019
04.12.2019

Cuatro excursiones para el puente de la Constitución

Las rutas seleccionadas permiten descubrir el Camí de sa Foradada, subir el Tomir, adentrarse en la Comuna de Bunyola y conocer la Talaia de Son Jaumell

04.12.2019 | 17:56
Cuatro excursiones para el puente de la Constitución

Diario de Mallorca te propone cuatro excursiones para los tres días del puente de la Constitución. Cuatro rutas para descubrir algunos de los rincones más espectaculares de la Serra de Tramutana, como la Comuna de Bunyola, donde se encuentra uno de los bosques más extensos y hermosos de la isla; coronar el Puig Tomir, con sus 1.103 metros de altura y unas vistas espectaculares; alcanzar la Talaia de Son Jaumell, una ruta fácil que gana en interés en un día de temporal marítimo; y el Camí de sa Foradada, que une Son Marroig con s'Estaca, dos posesiones de l'Arxiduc unidas por los caminos de Sa Foradada y el de la Mar, una ruta admirable que no ha resistido la fuerza de la naturaleza y que presenta algún tramo muy deteriorado.

La Comuna de Bunyola

Nuestro punto de partida es la plaza del pueblo de Bunyola. Empezamos a caminar en dirección sur, por la calle de l'Església. Pasada la iglesia parroquial de Bunyola, dedicada a Sant Mateu, torcemos a la izquierda, por la calle de la Mare de Déu de la Neu. Mientras subimos esta vía, si alzamos la vista, podremos ver el puig del Castellet, que forma parte de la historia del pueblo. Al final de la calle giramos a la derecha por la calle de Santa Catalina Thomàs. En la confluencia de esta última calle con la de Orient encontramos, a la izquierda, bajo un porxo, la capelleta del Sant Crist. Subimos por la calle de Orient y al llegar al carreró de la Comuna, giramos hacia la derecha. Ganamos altura y la vista panorámica cada vez se nos presenta más interesante.

Salimos del pueblo rodeando Villa Teresa y por un caminito empedrado enlazamos con uno de carro. Seguimos avanzando, por un lugar conocido como el Planiol, con una panorámica a la derecha sobre Palma y con las casas de Can Regalim a la izquierda. Frente a nosotros observamos Es Penyal des Racó, con sus paredes verticales y sus cuevas. Al final del Planiol, dejamos el camino de carro y giramos hacia la izquierda, donde comienza el Camí del Grau. El camino de carro que abandonamos desciende y conecta trescientos metros después con la carretera de Sa Comuna.

El Camí del Grau, llamado así por el desnivel que salva más arriba con peldaños empedrados, es un sendero de herradura que en su primer tramo avanza entre paredes de piedra seca rodeadas de olivos y algarrobos. Pronto aparecen los pinos y madroños, brezos y enebros, entre otras especies. Nuestro camino sube con tendencia hacia la izquierda y superada la cuesta inicial llega a un forn de calç. Un poco más arriba dejamos un rotlle de sitja a la izquierda, donde la leña de encina se convertía en carbón vegetal. En la Comuna el carbón fue uno de los productos más explotados. Pocos minutos después aparece a nuestra derecha el bassol Tapat o bassol del Grau, una balsa que servía para recoger agua de lluvia y abastecer a las numerosas personas que trabajaban por los alrededores. Actualmente presenta un estado de evidente abandono. La pila se encuentra junto a la zona denominada el pla de Ses Perdigalles. Desde el camino principal observaremos una senda, a la izquierda, que por el Pas de Ca'n Grau desciende hasta la Vall d'Honor. Nuestro camino continúa en dirección a la derecha, por donde subimos. La cuesta se convierte en un típico sendero de montaña, empedrado, y describe numerosas curvas. Este tramo une las laderas inferiores con la parte superior de la Comuna, más llana.

Más arriba, en la última parte del camí del Grau, hallamos una bifurcación. A la izquierda baja un sendero que en menos de un minuto nos deja en el mirador natural de Sa Màquina Vella, que no cuenta con protección alguna. Desde este punto contemplaremos los acantilados de los penyals d'Honor. La carretera de Bunyola a Orient aparece al fondo. El nombre de Màquina Vella viene del rudimentario teleférico que tiempo atrás utilizaban los leñadores para transportar la madera al fondo del valle, concretamente a las casas de Can Grau, visibles a la izquierda. El adjetivo de vella se explica porque en el penyal d'Honor había otro funicular conocido como Màquina Nova.

Regresamos desde Sa Màquina Vella a la bifurcación antes citada y por tanto al sendero, por el que seguimos caminando. En tres minutos pasamos junto a un rotlle de sitja y el sendero de herradura pasa a convertirse en camino de carro. Nos adentramos en el comellar d'en Cupí, umbría vaguada que distinguiremos por la existencia de un horno de cal situado en una encrucijada de caminos. Hacia la derecha parte una pista que enlaza con la carretera de Sa Comuna. Nuestra ruta sigue hacia la izquierda, por un espeso encinar. Este sombrío tramo está salpicado de hornos de cal y carboneras, y las rocas están tomadas por el musgo y los helechos.

Más adelante, nos situamos de nuevo en un cruce de caminos. Giramos a la derecha y en dos minutos pisamos por primera vez la carretera de Sa Comuna, muy cerca del punto kilométrico número 6. Se nos vuelve a presentar una encrucijada. Situados según nuestra posición de llegada, hacia la derecha está la bajada que por la carretera de Sa Comuna se dirige a Bunyola. A la izquierda, la carretera continúa en dirección a Cas Garriguer. Nuestra ruta prosigue más hacia la izquierda, donde observamos una pista forestal con una barrera que impide el paso a los vehículos. La salvamos por uno de sus lados y empezamos a subir por este ancho camino que deja al lado izquierdo la parte alta del comellar d'en Cupí. La pista da varios giros a derecha e izquierda hasta llegar al denominado corral de les Cabres, junto a una carbonera, y de donde sale, hacia la izquierda, la senda del Pas de Son Creus, que dejamos para otra ocasión. Nuestra pista continúa hacia la derecha y en unos siete minutos llegamos a una importante bifurcación. La pista forestal por la que subimos sigue recto y conduce a Cas Garriguer. A la derecha, observamos un senderito que nos dejaría, tras cruzar el bosque de encinas, igualmente en Cas Garriguer (será el que tomemos después de visitar la cima del penyal d'Honor). Para subir a la cumbre del penyal d'Honor tomaremos en este punto el camino de la izquierda. En menos de diez minutos de ascenso, por un sendero poco definido, coronamos el penyal d'Honor, que nos brinda una panorámica sobre la serra d'Alfàbia, con sus antenas de telecomunicaciones, y los valles de Honor y de Orient. En la cumbre hay que estar alerta en caso de fuerte viento.

Descendemos por el mismo sendero hasta llegar a la bifurcación antes descrita. Aquí, el excursionista tiene tres opciones y en todas acabará en el mismo lugar, en Cas Garriguer. La primera es la que recomendamos, bajar por el sendero que encontramos frente a nosotros según bajamos del penyal d'Honor. También podríamos seguir la pista forestal, girando a la izquierda y, transcurridos unos quince minutos, en una curva muy pronunciada hacia la izquierda, abandonar la pista para coger un sendero, a nuestra derecha, que nos llevaría hasta Cas Garriguer. La tercera opción sería seguir por la pista forestal ignorando ese sendero hasta llegar, tras muchos rodeos, a Cas Garriguer.

Como dijimos, optamos por el sendero que encontramos frente a nosotros según bajamos del penyal d'Honor. El descenso, en el primer tramo, es muy pronunciado y el terreno suele estar resbaladizo. Poco a poco el camino gana en anchura y nos ofrece imágenes más recónditas. En un claro del bosque, recibimos desde nuestra izquierda el camino que hemos descrito anteriormente, el que procede de la curva pronunciada de la pista forestal que baja a Cas Garriguer. Seguimos recto y en pocos segundos llegamos a la carretera de Sa Comuna. Frente a nosotros observamos varias mesas y bancos para almorzar, hacia donde nos dirigimos, enlazando con la pista. Un cartel nos avisa de la presencia del coatí, una especie invasora (americana) que puede perjudicar la fauna local y sobre la que está permitida la caza. Si continuamos en dirección sur llegaremos a la casa forestal de Cas Garriguer, frente a la cual se encuentra un aljub con un brocal de cisterna.

Salimos de Cas Garriguer en dirección sur y entramos, tras dejar a nuestra derecha un pozo con una puerta metálica que lo cierra, en la coma Gran. De inmediato cambia el paisaje y de nuevo estamos inmersos en un espeso y húmedo encinar. En esta zona existen múltiples restos de actividad carbonera. El camino de la coma Gran baja rápidamente y concluye, veinte minutos después de la salida de Cas Garriguer, en una pared transversal con barrera que nos indica el límite entre Sa Comuna y la propiedad de Ca'n Fundo. Del frondoso encinar pasamos al olivar, al paisaje agrícola. Pasado el Estret de sa Cova, el camino deja a la derecha las cases de la Cova, una construcción que aprovecha una cavidad natural y que ha vuelto a ser ocupada recientemente. El camino no tiene pérdida. Seguimos bajando y tras pasar frente a las casas de Ca Na Missera (a la derecha), Ca Na Moragues (a la izquierda), Es Cocons (posesión que queda a la derecha) y una subestación de la compañía GESA, llegamos a la carretera vieja de Bunyola. El pueblo queda a nuestra derecha, a pocos metros.


El puig Tomir

Cerca de Lluc, a la altura del punto kilométrico 17,400 de la carretera que une Pollença con el Santuari, se encuentra la entrada a las possessions de Menut y Binifaldó. Viniendo de Lluc, el portillo de entrada lo encontraremos a la derecha. Las casas de Menut están muy cerca de la citada carretera, a menos de doscientos metros. Podemos observar dos construcciones. La de la izquierda está destinada a usos forestales; mientras que las casas se encuentran a la derecha del camino, detrás de dos portillos.

En el Llibre de Repartiment ya aparece la possessió de Menut como una alquería musulmana con la grafía Monut. Parte correspondió a la Orden del Temple, y el resto, a los hombres de Tortosa que intervinieron en la Conquesta. Franqueamos el portillo que queda más a la izquierda y avanzamos sobre el asfalto, por la carretera que nos llevará hasta las casas de Binifaldó. El entorno está salpicado por abundantes fuentes, encinas centenarias y chopos. En unos veinte minutos desde la carretera llegamos a las casas. Justo antes de llegar dejamos a la izquierda el camino viejo que comunicaba Lluc con Pollença. Las casas de Binifaldó funcionan hoy como centro de educación ambiental y están ubicadas a los pies del Puig Tomir.

Desde las casas de Binifaldó seguimos el itinerario sobre asfalto y trazamos las curvas que nos dejarán en el coll del Pedregaret, donde funciona una embotelladora. En este coll encontramos un importante cruce de caminos. Situados de frente a la entrada de la embotelladora, tenemos a nuestra derecha un portillo que no superaremos. Detrás del portillo nacen dos caminos, uno señalizado como GR que conduce a Lluc en 1 hora y 30 minutos y otro sin señalizar que baja hacia el bosc Gran y las casas de Alcanella y que será el camino por el que volveremos al finalizar la excursión. Nuestro itinerario continúa por la derecha de la barrera que da acceso a la embotelladora, donde se halla la font del Pedregaret. En la barrera comienza un sendero que bordea, por la parte derecha, la reja que rodea la planta.

El camino pronto gana altura y deja atrás el bosque para ascender por la parte derecha de una larga terrera. Subimos con cierta dificultad en algunos tramos debido al aluvión de rocas que padece este deslizadero. Desde su parte superior, y tras una mirada retrospectiva que nos muestra un panorama dominado por el macizo del Puig de Massanella, empezamos a dibujar pequeñas curvas hasta llegar a una zona tomada por el roquedal, donde encontraremos un paso que salvaremos con la ayuda de un cable y algunos escalones de hierro.

A partir de aquí, la ascensión es menos dura, y en pocos minutos llegamos a la antecumbre del Puig Tomir, con vistas de las dos bahías nororientales de la isla, la de Pollença y la de Alcúdia. Nuestro sendero sigue con tendencia a la izquierda y conduce, finalmente, a la cima del Puig Tomir, ocupada por un vértice geodésico.

Desde la cumbre contemplamos, de norte a sur por levante, el Puig Gros de Ternelles, la península de Formentor, la bahía de Pollença, la Cuculla de Fartàritx, el Puig de Ca de Míner, el cap Pinar, la bahía de Alcúdia y el pla de Mallorca. De sur a norte, por poniente: el Puig de Massanella, el Puig Major, el Puig Roig, las casas de Mossa, el Puig Caragoler de Femenia y las casas de Muntanya, a nuestros pies.

A unos doscientos metros hacia el este, observamos la casa de neu del Puig Tomir, a la que nos dirigimos sin camino definido pero sin dificultad. La casa de neu constituye un balcón natural sobre el cabo de Formentor y la bahía de Pollença.

Una yedra ocupa sus paramentos interiores. Sus dimensiones son de 11,50 metros de largo por 6,30 m de ancho, con una profundidad máxima de 8,20 m. La primera referencia de estas neveras data del año 1717. Desde la casa de neu, nuestro próximo objetivo es llegar, de bajada, al coll del Puig de Ca de Míner. Lo hacemos por un camino de neveros muy perdido que desciende por un terreno irregular.

Las fites y la proximidad del coll del Puig de Ca de Míner nos ayudarán a que no nos desorientemos. Llegamos al coll del Puig de Ca de Míner y cogemos la pista, empezando a caminar hacia la derecha, en descenso. En unos diez minutos nos situamos en el coll de l'Arena, donde encontramos una importante bifurcación.

Dejamos el camino de la izquierda, que conduce a las casas de Míner Gran, y proseguimos la excursión en dirección a Alcanella, por el camino de la derecha, que avanza por una zona repoblada de pinos y encinas. Superadas altas escaleras de madera, cogemos un viejo camino de herradura que no dejaremos hasta llegar a las casas de Alcanella. El carrizo y las matas nos entorpecen la marcha. Pasamos por un lugar llamado el clot del Càrritx, donde la vegetación es más rica, y un poco más adelante llegamos a un llano entre rocas conocido como el Camp Redó.

A medida que seguimos bajando, a la derecha del camino se va formando un torrente que confluirá con el de Alcanella. A nuestra derecha tenemos el contrafuerte del sur del Puig Tomir y a la izquierda el Puig del Boix, reconocible por su silueta cónica. Torrente y camino coinciden más abajo. Dos grandes encinas nos regalan su sombra, bienvenida en el caso de cubrir este itinerario en días calurosos.

Algunos minutos después el camino sale hacia la izquierda y nos deja, más abajo, junto a las paredes de las cercas de Alcanella, donde encontramos un botador de madera algo inestable (al hacerse esta guía). Dejamos las casas de Alcanella a la izquierda y franqueamos, por otro botador de madera, un portillo.

Situados en un camino de carro, pronto nos sale a la derecha, semioculto, pero marcado con hitos, el camino de regreso hacia Binifaldó y Menut. Un rotlle de sitja, cubierto en parte por la vegetación, nos servirá de referencia en este cruce. Este sendero atraviesa un portillo franqueado por sólo unos metros de pared y cruza la pista. Seguimos por el sendero y un poco más adelante llega de nuevo a la pista. Nos detenemos y observamos como nuestra senda, señalizada con fites, continúa frente a nosotros.

Cruzado el torrente, éste quedará a la derecha, y nuestro camino irá alcanzando más altura. Junto al sendero iremos encontrando rotlles de sitja de carbonero. El sendero que va de Alcanella al Bosc Gran presenta algunos tramos de suelo rocoso irregular. Después de un paso por el que salvamos una verja, el camino penetra en el Bosc Gran, con los pinos como protagonistas.

En pocos minutos enlazamos con la pista forestal que viene del coll Pelat, concretamente junto a un paso de hormigón con dos agujeros de drenaje del agua de la torrentera del coll del Pedregaret. Desde la pista forestal seguimos el itinerario hacia la derecha, subiendo entre encinas. Recorrido un buen número de curvas, nos situamos en el coll del Pedregaret, donde enlazamos, tras el portillo, con el camino asfaltado –ya conocido en este itinerario– que nos conducirá a las casas de Binifaldó y de Menut.

La Talaia de Son Jaumell

El punto de partida de este itinerario lo encontramos en Cala Agulla, una de las playas más hermosas de Capdepera. Tiene una longitud de 580 metros, su arena es fina y sus aguas muy limpias. Dispone de aparcamiento, sombrillas, velomares, duchas y puesto de primeros auxilios. Suele estar muy concurrida en verano. Un extenso pinar se levanta a su alrededor. El nardo, el cardo y la sabina negra son algunas de las comunidades vegetales de esta parte del litoral, sometida a un proyecto de mantenimiento, conservación y protección por parte del Ministerio de Medio Ambiente. Mientras caminamos por la playa en dirección norte, hacia el otro extremo, de espaldas a Cala Rajada, podremos observar las diferentes actuaciones que se llevan a cabo enmarcadas dentro del citado proyecto, como son la instalación de cerramientos de protección dunar que evitan el tránsito sobre estos sistemas o la colocación de captadores de arena con el fin de devolver a su estado original los sistemas dunares degradados y evitar así la pérdida de arena de las playas.

Desde Cala Agulla podremos contemplar el objetivo de esta excursión, la Talaia de Son Jaumell, en la misma vertical del Cap des Freu, consignada en algunos mapas como es Telégrafo, ya que a finales del siglo XIX se empleó como telégrafo óptico entre Mallorca y Menorca. Al llegar al otro extremo de Cala Agulla, dejamos a la izquierda un puente cito y a la altura de una construcción, giramos a la izquierda por el Camí des Coll de Sa Marina. Pasamos junto a una rústica construcción y nos asomamos, a la derecha, para conocer Cala Moltó, pequeña y recogida, y de cuyo centro parte un cable submarino hacia Menorca. Cruzamos una barrera metálica y seguimos por un amplio camino de tierra. A la izquierda se levanta el Puig de S'Aguila (271 metros), cuyo perfil llegará a hacerse familiar ya que lo podremos observar durante buena parte de esta excursión -los más aventureros podrán incluso acceder a su cima, aunque ya detallaremos más adelante esa posibilidad o dejamos a la derecha un camino que conduce hacia la Cala de Na Llóbriga; siguiendo el litoral, aparecerían la punta de Es Degollador, la Punta des Pi y la Punta de Na Foguera, donde se encuentra La Catedral, cueva reservada a buceadores experimentados. Pocos minutos después de Cala Moltó llegamos a una bifurcación señalizada. Si siguiéramos recto iríamos a Cala Mesquida. Rechazamos esa opción, ya que ése es el camino de vuelta, y continuamos por la derecha, para empezar la ascensión a la Talaia de Son Jaumell.

En la primera curva de nuestro nuevo camino encontramos a la izquierda un horno de cal reutilizado ahora como basurero. El sendero penetra en el pinar y nos exige algo más de esfuerzo. Los puntos rojos marcados en los troncos de los árboles ayudan a no despistarnos. Pronto obtenemos las primeras vistas sobre Capdepera. La senda se hace cada vez más estrecha y empinada, y nos conduce hacia la cresta que nos llevará hasta la vieja atalaya. El último tramo de la subida tiene al carrizo como acompañante y a unas espectaculares vistas como recompensa.

Durante centurias, la Talaia de Son Jaumell vigiló esta costa. Data del año 1566 y al final del siglo XlX formaba parte de la red de telégrafo óptico en conexión con Menorca. Desde ella podemos contemplar es Gulló y la punta de Capdepera; Cala Rajada y las sierras de Canyamel, con su torre; y las montañas de Albarca y Formentor. La torre, en estado de conservación deficiente, presenta estructura troncocónica. No contaba con armamento. Estaba estructurada en dos plantas y se construyó con mampostería de piedra calcárea y mares.

Volvemos sobre nuestros pasos, por la cresta, exactamente hasta el lugar en el que vimos por primera vez la playa de Sa Mesquida. En este punto, sin apenas camino definido, nos lanzamos ladera abajo, en dirección al mar, al que no llegaremos, ya que antes deberemos girar a la izquierda, entre pinos y carrizo, siguiendo las (ites que iremos encontrando y que sin dificultad nos llevarán hasta Sa Mesquida. A la derecha, en la línea del litoral, queda el denominado Corral de Ses Cabres y la Pesquera d'en Jaume I. Este curioso topónimo toma su nombre de un suceso histórico acontecido en el año 1231, cuando el monarca de Aragón (1208-1276), tras su victoria en Mallorca, puso sus ojos en la vecina Menorca, todavía islámica. Su astucia quedó una vez más patente: envió a sus emisarios a Ciutadella para negociar con los moros y al mismo tiempo mandó prender numerosos fuegos en estas montañas. El enemigo creyó que manejaba un gran ejército dispuesto a embarcarse, así que cedió a las exigencias de Jaume I. El nombre de esta pesquera recuerda el lugar desde el cual el joven rey esperó el resultado de su engaño.

El fuerte viento que puede registrarse en esta costa, mezclado con las corrientes del peligroso canal de Menorca, que comienza justo en la zona de Cala Mesquida, ha provocado más de una tragedia. Hace unos cincuenta años un trasatlántico francés fue llevado por la intensa niebla hasta las rocas. Los farallones de Cala Mesquida acabaron con la embarcación. Los trabajos de desguace fueron laboriosos. Hace veinte años, la zona de Cala Mesquida también fue escenario de una historia similar: el carguero Albatros embarrancó a causa de la baja visibilidad y el temporal.

Viniendo de la Talaia de son Jaumell accederemos a la playa de Sa Mesquida después de atravesar una pared medianera, tras la cual las dunas se erigirán en protagonistas del paisaje. Las dunas constituyen un ecosistema activo, ya que siempre están en movimiento. El color blanco de la arena obedece a que está formada sobre todo por carbonato cálcico, con fragmentos muy pequeños de concha. El viento y el mar acumulan la arena hasta formar sistemas dunares que se desplazan lentamente. En caso de Cala Mesquida, estos montículos son de tamaño medio (entre 2 y 10 m de altura). La existencia de dunas con perfiles muy suaves indica que son de formación antigua, ya que cuando reciben aportes recientes originan ángulos más marcados. Cuando el tiempo lo permite, Cala Mesquida es una playa tranquila, cómoda y divertida, en la que es habitual la práctica del surf, el volei y el nudismo, en uno de sus extremos. Es muy frecuentada por los vecinos de Capdepera y por los turistas que veranean en la urbanización de Cala Mesquida, que empezó a levantarse en la década de los sesenta y está compuesta principalmente por un club de vacaciones, un hotel con bungalows, un restaurante en la playa y un chiringuito. En la franja del litoral que va desde Cala Mesquida hasta Cala Agulla no se distingue ninguna edificación. Desde la pared medianera que franqueamos cuando llegamos a Sa Mesquida, giramos a la derecha, de espaldas a la playa. El camino se hará más ancho y en suave ascenso nos conducirá hasta el Coll de Sa Marina. Desde el collado, en el que encontramos un horno de cal, parte una senda que sube a lo alto del Puig de S'Aguila. El regreso a Cala Agulla se realiza por una pista que deja a la izquierda una casa en ruinas. La última parte de la excursión coincide con el primer tramo del itinerario.

El camí de sa Foradada

El punto de partida de esta excursión lo encontramos en Son Marroig, cerca del punto kilométrico 65,600 de la carretera que une Valldemossa con Deia. Existe un aparcamiento y un frecuentado balcón, el Mirador des Galliner. Nos dirigimos hacia las casas, por un camino asfaltado, dejando a la derecha un restaurante que le saca partido a las vistas. Una gran torre de defensa del siglo XVII preside Son Marroig, cuyas cases constan de dos plantas. En sus orígenes perteneció a la familia Masroig. L'Arxiduc compró la finca a Catalina Marroig i Sampol en 1878. A su muerte la heredó su secretario, Antoni Vives. Ahora es propiedad de la nieta de éste, Isabel Ribas i Vives, hija del pintor Antoni Ribas y Silvia Vives. El legado de l'Arxiduc se puede conocer. El museo está abierto al público desde 1929. Se pueden observar pinturas de Antoni Ribas, Joan Bau, Anglada Camarasa, Joaquim Mir y otros. Son Marroig también es escenario cada verano del Festival de Música de Deia. Pocos metros después de las cases, a la altura de un aljibe, debemos coger el camino que nace tras una barrera que nos recuerda la prohibición de portar perros, encender fuego y acampar. Desde el camino podemos contemplar el Mirador de Son Marroig: queda a nuestra derecha y es el más elegante de los miradores que mandó construir l'Arxiduc. Se puede visitar desde los jardines de Son Marroig. Consta de ocho columnas jónicas y una cúpula semiesférica.

Está cortado en mármol blanco y desde él se disfrutan de las incomparables puestas de sol. Franqueamos la barrera por su escalerita y nos adentramos en el Pla de Ses Figueres, entre olivos. El asfalto deja paso a la tierra. Antes de que Luís Salvador de Austria ordenara abrir un camino carretero desde Miramar a Sa Foradada, este tramo se cubría por un empinado sendero.

El Camí de Sa Foradada fue planeado y trazado por el propio Arxiduc con la ayuda de los maestros Miquel Ripoll y Joan Macia. En la primera curva, si alzamos la vista, distinguimos el hotel Encinar, construido sobre lo que un día fue S'Hostatgeria de Miramar, popularmente conocida como Ca Mada Pilla. Dejamos a la izquierda un vial y seguimos bajando. Muy pronto llegamos al Mirador de Sa Foradada, situado a mano derecha. Está al borde el precipicio y fue construido entre 1877 y 1884. Era utilizado como merendero.

Superamos otra barrera y a partir de este momento el camino se precipita. Pasadas unas pocas curvas a derecha e izquierda el camino se pega a las peñas de Ses Caves, formadas por estalactitas y grutas caprichosas. Dos curvas después nos situamos en el Mirador des Rotlo Gros, levantado para que el Arxiduc contemplara Sa Foradada. En días de temporal, el ruido de las olas estremece incluso aquí arriba, en la distancia. Se accede a él a través de una pronunciada escalera. Unas curvas después llegamos a un importante cruce de caminos. Por la izquierda nace el Camí de la Mar, que nos llevará hasta es Guix, desde donde continuaremos hacia s'Estaca y el Port de Valldemossa.

Nuestro camino ahora prosigue por la derecha, en dirección a Sa Foradada. Avanzamos por un bello tramo asomado al mar, protegido por un muro lateral, con es Cocó a la derecha. Dejamos a la izquierda la entrada a un restaurante y chalé, y bajamos hasta el viejo varadero para tomar fuerzas de cara a la subida a lo alto.de Sa Foradada. El acceso a la cima de Sa Foradada no es muy difícil. Hay que subir las escaleras del varadero, en dirección al restaurante, pero antes de girar hacia éste debemos fijarnos en unos puntos rojos marcados en las rocas de la izquierda. Superado el paso, se trata de subir la cuesta que nos separa de la cima. Desde lo alto se pueden contemplar hermosas vistas dominadas por Son Marroig, Can Mada Pilla o la Torre de Ses Pites. En el siglo XVI se estableció en Sa Foradada una guardia costera para ahuyentar a posibles invasores, algo que resultó práctico el 13 de mayo de 1582, cuando el capitán Mateu Sanglada y sus hombres espantaron a varios centenares de sarracenos que habían desembarcado en Sa Foradada.

Volvemos al cruce, en el que nace el Camí de la Mar, donde finalizamos la bajada viniendo de Son Marroig. Giramos ahora a la derecha para conocer el que era uno de los caminos preferidos del Arxiduc. El Camí de la Mar enlazaba es Guix con Sa Foradada, y servia de unión entre las possessions de Miramar y Son Marroig por la orilla del mar. Su construcción no fue ejercicio fácil; se tardaron ocho años, entre 1877 y 1884. Comprobaremos que la fuerza del mar y los desprendimientos prácticamente lo han hecho desaparecer. A pocos pasos del cruce existe una variante que baja al mar, a un viejo embarcadero que fue utilizado como lugar de carga y descarga para las obras de las casas de Son Marroig. Nuestra ruta continúa por el camino que pronto desaparecerá. Avanzamos entre rocas caídas, siguiendo el itinerario que nos marcan los hitos. Atravesamos el imperceptible curso del Torrent de les Ólibes y recuperamos el camino, en un tramo asentado sobre grandes bloques. A nuestra izquierda queda el Barranc de Son Gallard. Proseguimos por un camino de cabras, aunque en algunos momentos nos vemos obligados a movernos sobre las grandes rocas situadas a pocos metros del mar. Dejamos atrás los Esculls des Guix y llegamos a la playa de Es Guix, impracticable a causa de los desprendimientos. Esta playita  era muy frecuentada por l'Arxiduc, que hacía instalar, cada verano, una caseta de baños hecha de madera.

Salimos de la playita trazando una curva a la izquierda, hacia el merendero de Es Pedrís des Penyals, también construido por el Archiduque. Lo reconoceremos por unas lamentables pintadas de color rojo en las rocas. Saliendo del merendero, en la primera curva, nace el Camí des Guix que sube hasta Miramar (descrito en otra ruta, la 16), uno de los primeros caminos hecho por los hombres del Arxiduc. Nuestro itinerario sigue con el mar siempre a la derecha. El sendero está invadido por la vegetación, hasta que pasamos un botador de madera. Dejamos a la derecha los terrenos de cultivo de la Rota d'en Mosson y llegamos a una bifurcación.

Por la derecha bajaríamos hasta Es Caló de S'Estaca, antiguo refugio de pescadores que nos cautivará. Por la izquierda, subimos en dirección a s'Estaca. S'Estaca destaca por su color blanco sobre el verde de las recuperadas viñas y el azul del indómito mar. Fue adquirida por el Archiduque entre 1873 y 1876. Está construida al estilo siciliano, con una crestería que remata el perfil de la azotea. Nuestra excursión concluye unos pocos metros antes del punto kilométrico 4 de la carretera del Port de Valldemossa.

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