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Con Ciencia

Una plaga

Una plaga

Una plaga

La idea más fructífera e importante Darwin no fue la de la evolución, que había sido apuntada antes por otros autores como Lamarck, sino la del mecanismo que permite a los organismos adaptarse a un medio ambiente cambiante, es decir, la selección natural. Funciona ésta como si fuese un sistema de elección entre las variantes que aparecen dentro de cada especie, generación tras generación, de tal manera que son los rasgos más favorables para la adaptación y reproducción en un determinado ecosistema los que perduran, extendiéndose por la población con el paso del tiempo.

La palabra clave aquí es "tiempo". Hacen falta muchas generaciones para que la selección natural responda a cualquier cambio del medio ambiente. Como esos cambios suelen ser lentos, la adaptación cuenta con tiempo suficiente para que los rasgos más favorables respecto del nuevo ecosistema se seleccionen y extiendan. Pero existe un elemento generador de cambios ambientales muy rápidos y profundos. Se trata de nosotros, de la especie humana. Mediante unos medios técnicos que entran en una dinámica de desarrollo casi exponencial, los humanos cambiamos el ecosistema de manera en la práctica instantánea. El resultado supone, para otras especies „y a veces también para la nuestra„, un riesgo enorme.

Un artículo publicado en la revista Nature por Michael Singer y Camille Parmesan, investigadores del CNRS en la universidad Paul Sabatier (Moulis, Francia) y del departamento de Ciencias Marinas y Biológicas en la universidad de Plymouth (Reino Unido) proporciona un ejemplo excelente de lo que supone la acción humana relacionada en particular con la introducción de especies exóticas que se convierten en invasoras. La introducción por parte de los ganaderos en el estado de Nevada de la planta herbácea Plantago lanceolata para que sirviese de pasto llevó hacia 1980 a que una mariposa nativa, Euphydryas edita, aprovechase con éxito las oportunidades de alimentación y cría que les brindaba la P. lanceolata en comparación con la planta colonizada de forma tradicional. Las mariposas se adaptaron muy deprisa al nuevo hábitat, abandonando su utilización anterior de los pastos de Collinsia parviflora. Pero en 2005 los ganaderos se llevaron el ganado y las praderas de P. lanceolata desaparecieron de manera casi instantánea. A la vez que las mariposas, que quedaron exterminadas. Singer y Parmesan habían predicho que podría tener lugar esa catástrofe adaptativa, como de hecho sucedió.

La historia de las mariposas termina bien. Ocho años más tarde volvieron a colonizar las praderas de Collinsia parviflora, dando pie a que la historia regrese a sus inicios. Quizá para repetirse. No en vano Singer y Parmesan comienzan su artículo citando las palabras de Gary Polis, especialista en escorpiones, en su discurso de 1999 ante la Ecological Society of America: los humanos somos una plaga tan ubicua como crucial.

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