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Las especies se mueven

Con la excepción de algunos ignorantes peligrosos, entre los que se encuentran líderes con un poder político, económico y militar inmenso...

Las especies se mueven

Las especies se mueven

Con la excepción de algunos ignorantes peligrosos, entre los que se encuentran líderes con un poder político, económico y militar inmenso, la totalidad de la comunidad científica y la gran mayoría de los ciudadanos interesados por el mundo en el que viven se preocupan por el cambio climático. El proceso en sí es inevitable, habida cuenta de que nos encontramos al comienzo de una fase interglaciar dentro de la dinámica pendular de calentamiento y enfriamiento del planeta que ha sido común en toda su historia y en particular en el último millón de años. Pero la actividad humana acelera el calentamiento actual mediante la emisión de gases que producen el efecto invernadero. También es sabido que los organismos e instituciones internacionales intentan limitar ese efecto pernicioso de la industria humana, por más que se logren pocos avances a la hora de contener la aceleración del cambio climático. Al menos, creíamos, la voluntad „aunque se expresada con la boca pequeña„ existe. ¿Hasta donde llega?

Las inundaciones cuando llueve de forma torrencial, las sequías cuando no lo hace durante mucho tiempo, las tormentas y los huracanes están produciendo daños que nos preocupan. Y los científicos se afanan por entender y explicar lo que sucede. Un artículo publicado en la revista Science por Greta T. Pecl, del Institute for Marine and Antarctic Studies de Hobart, Tasmania (Australia), al frente de un nutrido grupo de colaboradores, abre una nueva fuente de preocupaciones.

El cambio climático está produciendo una nueva distribución espacial de los seres vivos, tanto en los océanos como en tierra firme. Las especies se desplazan en busca de hábitats más fríos, ya sea buscando terrenos más altos en las montañas, ganando latitud hacia los polos o, en el caso de los peces, ocupando zonas más profundas en los océanos. En promedio, los animales que migran hacia el casquete polar ganan unos 17 km cada década.

Pues bien, el trabajo de Pecl y colaboradores pone de manifiesto que esos cambios en la distribución de las especies suponen un reto para el bienestar humano, habida cuenta de que éste depende en gran medida del ecosistema y sus contenidos. Sirve de ejemplo la necesidad que han tenido grupos indígenas como los Skolt de Finlandia o los Chukcho de Siberia de cambiar sus costumbres para poder mantener las creencias y los medios tradicionales de vida ligados a la caza o la pesca. Pero los autores apuntan a la duda acerca de si nuestras muy avanzadas sociedades entienden igual de bien el problema y son capaces de buscar alguna solución. Las Naciones Unidas aprobó en septiembre de 2015 una lista de 17 objetivos encaminados a acabar con la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad de todos. De acuerdo con Pecl y colaboradores, ni siquiera esa iniciativa de la ONU toma en cuenta los efectos de la redistribución de las especies debida al cambio climático.

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