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Diario de Mallorca

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Óbito

Zsa Zsa Gabor abofeteó a un policía en Palma

La actriz engañó a su marido George Sanders en Mallorca, y fue detenida en el avión por no satisfacer la factura del hotel Son Vida

Adoptando animales en la perrera de Palma en 1968, engañando a su marido en 1949.

Zsa Zsa Gabor ha sido la primera actriz famosa porque nadie recuerda ni una de sus películas. Su muerte tantas veces anunciada obliga a repasar su trayectoria de escándalos. Uno de los más sonados tuvo lugar en Mallorca, donde fue detenida tras subir al avión sin tomar la precaución de pagar el hotel en el que se había alojado durante dos semanas.

La primera visita de la Gabor a Palma tuvo lugar en 1949. Viajaba junto a su entonces esposo George Sanders. El actor se disponía a protagonizar la película Jack el Negro, digna del olvido en que se halla sumida. La pareja se alojó en el hotel Mediterráneo, que también albergó a Richard Nixon y donde después residiría otra celebridad, Sara Montiel.

El inolvidable Sanders de Eva al desnudo y de Rebeca madrugaba para encaminarse al rodaje. A continuación, un galán mallorquín recogía a Zsa Zsa Gabor en el hotel, para entretener juntos la larga espera. El matrimonio estaba condenado al margen de las infidelidades, pero la pareja retomó la relación a mediados de los sesenta. Un gesto suicida de Sanders, que en efecto acabó quitándose la vida en Castelldefells, poco después de desvincularse de Mallorca tras vender su casa próxima a la ocupada por Errol Flynn. Un clásico hasta el último momento, el actor británico de San Petersburgo dejó la nota de suicidio más famosa de la historia.

Zsa Zsa Gabor regresó a Mallorca en noviembre de1968. Rebasados los cuarenta, se alojó en el hotel Son Vida que habían construido al alimón Aristóteles Onassis y Raniero de Mónaco. La actriz llegó en compañía de un joven y apuesto secretario, además de una asistenta. No reparó en extras ni en compras de ropa. La factura de la estancia de la celebridad y su séquito ascendió a 70.800 pesetas de la época.

Ni corta ni perezosa, la Gabor expresó su disconformidad con la factura. Abonó una cantidad irrisoria, que no cubría ni de lejos los gastos en que había incurrido. Abandonó el hotel y se encaminó hacia el aeropuerto. No podía imaginar que el establecimiento tomaría la decisión inmediata de denunciarla.

La Gabor embarcó despreocupadamente en el avión de Air France que debía trasladarla de Palma hasta París. Imaginen su estupefacción, compartida con el resto del pasaje, cuando dos inspectores de policía subieron al avión a punto de despegar para aclarar su deuda hotelera. También aquí, la reacción estuvo a la altura de la leyenda que rodea a la actriz ocasional.

La norteamericana exteriorizó a gritos su oposición a la detención. Argumentó que ya se hallaba en territorio francés, por lo que los policías carecían de jurisdicción. Para rubricar su descontento, propinó un sonoro bofetón a uno de los inspectores. El golpe no mejoró su situación, aunque ya en otra ocasión había abofeteado a un empleado del hotel Ritz parisino.

Trasladada a la comisaría, la Gabor durmió una noche en los calabozos y pasó al día siguiente a disposición judicial. Se le impuso una fianza que doblaba la cantidad adeudada en el hotel, además de citarla judicialmente para la resolución del escándalo.

La Gabor se convirtió aquel día en la primera animalista de Mallorca. Mientras se resolvía su situación judicial, se dirigió con un abrigo de visón y un vestido de piel de leopardo a la perrera municipal de Palma. Allí adoptó a cuatro perros y un gato, que le supusieron otra amenaza de desembarque por parte del piloto de su avión. Mientras los animalitos recorrían expertos la deseada anatomía de la actriz, ésta se negaba a confinarlos en la bodega del aparato. A su llegada a París, se vendó los tobillos como prueba de las "torturas" que había padecido en la España franquista. Cuánto ha aprendido Donald Trump de Zsa Zsa Gabor.

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