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Yoga, un arte contra el estrés

Marisol Melián es la impulsora de Anahata, uno de los centros más antiguos de Mallorca dedicados a la práctica de esta disciplina que tiene la capacidad de calmar la mente - Este fin de semana ha conmemorado su 30 aniversario con distintas actividades

Concierto vibracional de cuencos de cuarzo y alquímico de minerales con Atmán en Anahata.

Concierto vibracional de cuencos de cuarzo y alquímico de minerales con Atmán en Anahata. Isaac Sutorras

En su día, el sabio Patañjali definió el yoga como la facultad de calmar la mente. Por ello, en una sociedad en la que impera el estrés permanente, no es de extrañar que estas clases hayan aumentado sus alumnos, unos alumnos que buscan hacer un paréntesis en su ajetreo diario y disfrutar de un momento de paz y tranquilidad. En el centro Anahata llevan treinta años practicando este arte contra el estrés. Se trata de uno de los centros más antiguos de la isla y su impulsora Marisol Melián ha querido conmemorar estas tres décadas dedicadas a la disciplina con una gran fiesta de aniversario. Este pasado fin de semana el centro de la calle Ciudad de Querétaro de Palma ha organizado diversas actividades como yoga en familia, conciertos, meditación y conferencias para celebrar junto a alumnos y allegados la alegría de soplar 30 primaveras dedicadas al yoga.

Esta profesora recuerda que "aunque el yoga nació en la India, hoy en día es patrimonio de toda la humanidad". Explica que esta disciplina física y mental tiene dos significados principalmente: unión y las técnicas para llegar a esta unión. Preguntada por la evolución en estos 30 años, Melián recuerda cómo en los años 70 los que practicaban yoga eran vistos como "raros" y ahora ven como incluso la medicina ayuda a entender los beneficios de esta práctica que se notan tanto en los huesos como en las articulaciones, los órganos o los músculos. Ilustra que en sus clases se trabaja desde la conciencia pero también puntualiza que desde que se empieza a cuando se logra estar con firmeza y relajado en una sesión pueden pasar dos años.

El alma de Anahata, Marisol Melián. MANU MIELNIEZUK

En su centro Anahata, que significa intacto y hace referencia al amor incondicional, se enseña un yoga integral "con los pies en la tierra". Melián se apoya en tres puntos que considera básicos: la atención, la conciencia corporal global y la aceptación de uno mismo. "Estos tres puntos pueden resumirse en uno solo: darse cuenta". En sus clases se reúne un abanico variado de gente pero llama la atención, dice, que una de las profesiones que más predomina es el de la enseñanza, seguida por el personal sanitario. "La realidad es que estamos en una situación de estrés permanente", lamenta. ¿Y por qué funciona el yoga contra el estrés? "Porque con esta práctica se estimula el sistema nervioso parasimpático que logra una calma mental". Así, abunda que su práctica no entiende de edades ya que la premisa de Melián es que "no es la persona que tiene que adaptarse al yoga, es el yoga que debe adaptarse a la persona". De hecho, su alumna más mayor tiene 83 años y adapta sus clases a sus capacidades. Por ello, resume que "el yoga no es ni competición ni exhibición, puede ser vivido por cualquier persona independientemente de su edad o creencias, siempre y cuando aceptemos con sinceridad y humildad el punto en el que nos encontramos".

Yoga en familia para celebrar el 30 aniversario. GUILLEM BOSCH

Pura curiosidad

Marisol Melián se sumergió en el mundo del yoga por pura curiosidad. Daba clases de gimnasia y veía en el vestuario cómo sus alumnas tras finalizar las sesiones estaban alteradas mientras que la paz y la tranquilidad predominaba entre los que procedían de yoga. Así, decidió dejar el tabaco para poder pagarse las clases con el dinero que antes destinaba a los cigarrillos. "Con el tiempo fue creciendo la necesidad de saber más y de entender el por qué de los muchos beneficios tanto físicos como mentales de su práctica". A finales de los 70, leyó en el periódico una entrevista con Svami Sudhananda y le llamó la atención una de sus frases: "El yoga no es contorsión, si lo fuera, el mejor yogui sería el contorsionista de un circo". Así, empezó clases con Sudhananda. Admite que en aquella época "a los practicantes de yoga se nos consideraba raros" pero ella se tomó la práctica muy en serio y sintió la necesidad de prepararse como formadora. Buscó todas las posibilidades, pero pasaban por trasladarse a la península, hasta que se cruzó en el camino con Jordi Colomer del Ananda Yoga Instituto de Barcelona, quien le aseguró que si conseguía reunir a un grupo de 15 personas, se desplazaría una vez al mes a la isla, donde pasó su luna de miel y quedó fascinado. A la semana, ya tenía 17 personas interesadas y así se formó como profesora de yoga. En mayo de 1985 abrió Anahata Centro de Yoga Integral en la calle Benito Pérez Galdós. Diez años después se trasladó a la calle Ciudad de Querétaro, donde este fin de semana han soplado las 30 velas de Anahata, uno de los centros más antiguos de yoga en la isla.

Asegura que con la práctica del yoga se volvió más tolerante y se sentía muy bien. "Entendía mejor a la gente". Tres décadas después, sigue fascinada por este sorprendente mundo: "Lo que me maravilla es que pasen los años que pasen, sigo aprendiendo del yoga. Cada vez que practico una asana aprendo algo nuevo y eso significa que día tras día puedo perfeccionar". También explica que el yoga por sí mismo no tiene mucho sentido: "Coge sentido cuando lo aplicas en la vida diaria".

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