Musculosa y abundante oferta, pero escasez de público. Acaso insuficiente para el esfuerzo desplegado por galeristas, comisarios y directores de centros artísticos en este PalmaPhoto. El animado ambiente urbano a primera hora de la noche empujaba a confiar en una afluencia mediana durante el resto de abanico horario de la cita fotográfica, que arrancó en el Casal Solleric. Sin embargo, visto el resultado final, otros destinos debieron escoger gran parte de esos ciudadanos y turistas que poblaban el centro, potenciales visitantes a las exposiciones que o bien desconocían las inauguraciones simultáneas del día fuerte del festival o bien en la calle faltaba algún reclamo impactante -o mínimamente vistoso- que les sedujera e hiciera intuir que en Palma se estaba celebrando un festival. Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma debería ir a la montaña, ¿no? Pero sin que necesariamente se repita en PalmaPhoto el mismo truco de magia que con la Nit de l´Art, comentan los galeristas.

Por una ley no escrita pero que todo el mundo acata ("por referéndum quizá podría cambiarse el kilómetro cero de la cita", bromea un comisario), el recorrido arranca en el Solleric. Toca pasar lista y poner negritas a la crónica: no faltan el alcalde Mateo Isern, el concejal de Cultura Fernando Gilet, la directora insular del área Catalina Sureda, el director del Institut d´Estudis Baleàrics Antoni Vera o la diputada y portavoz de Educación del PP en el Parlament Ana María Aguiló. La directora del Solleric Pilar Ribal ha ido a buscar a la artista estrella del centro, Irit Batsry, de origen israelí, para presentarla a los políticos. A pocos metros de los saludos oficiales, alguien está gestando una idea original a fin de cambiar el escenario de la fotografía institucional. Su propuesta gusta. El patio ha quedado relegado en favor del Box 27, esa simpática caja-escaparate del centro artístico comisariada por Tolo Cañellas que estos días da refugio a una propuesta de Carles Congost.

Tras el disparo oficial, tocaba adentrarse en la obra de Batsry, una pionera del videoarte en Israel. Treinta años de trayectoria resumidos en las piezas videográficas escogidas para esta primera muestra institucional de la artista en España. Dejando atrás la oscuridad de la planta baja, la luz del patio deja ver otras caras conocidas del mundo artístico, como la de Fernando Gómez de la Cuesta, director de PalmaPhoto, o el asesor cultural del Govern Joan Carles Gomis, quien prometió para hoy mismo noticias sobre la próxima exposición en Sa Llonja.

En el claustro del Casal, reservado para proyectos más ligeros, pueden contemplarse las imágenes costumbristas de Michael Horbach (también mecenas en otros proyectos artísticos) sobre la guerra de uva en Binissalem, librada por las Festes des Vermar. Para brindar, en un recodo, champán y cuencos con quelitas. Ofrecimientos gastronómicos no especialmente opíparos en PalmaPhoto, porque esta cita no versa de maridajes y bocaditos, sino de fotografía contemporánea en crudo.

Una versión de Englishman in New York de Sting (la fórmula de los conciertos en la calle para estas citas se repite) mece la plaza frente a la iglesia de Sant Nicolau. La letra devuelve a la ciudad a la extrañeza, una extrañeza que ayer planteaban los universos fotográficos de muchos artistas. Como el Teherán interior, visto desde un salón comedor, de Newsha Tavakolian en La Caja Blanca. Un proyecto que desarrolló cuando el gobierno iraní le retiró en 2009 la licencia de periodista a raíz de su éxito como fotorreportera en la prensa internacional. Unas imágenes que representan el contraste entre la soledad de la fotógrafa, recluida en su casa, y los vecindarios-colmena de los edificios colindantes.

Las instantáneas de Javier Vallhonrat también provocan extrañeza, como la que siente ese Englishman in New York. Pero esta vez en la montaña. Extrañeza porque distan kilómetros de distancia entre sus fotos y las imágenes que pueblan las redes sociales. La facilidad de disparar cuando se quiera y se tenga batería genera otras narrativas menos profundas. Más felices y menos inhóspitas acaso. Pelaires está colmada de sentimientos de retiro, soledad, dificultad y silencio. Es la alta montaña, el hombre enfrentado a sí mismo y a los accidentes de la geografía. La vulnerabilidad. Vallhonrat nos devuelve a lo que somos.

La fragilidad también está presente en las imágenes de Joan Josep Marcó, expuestas en una concurrida Vanrell, y el silencio expositivo es el que pronuncia Fernando Megías en la Xavier Fiol. Silencio porque "dejo el arte, a partir de ahora me voy a dedicar a escribir y a hacer vídeos o fotos junto a un amigo de Barcelona. Será un proyecto como el arte portátil de Duchamp. Esta muestra oficializa el final del canal habitual del arte para mí", confiesa. Las obras que presenta son muy elocuentes e irónicas en este sentido. Megías cuestiona precisamente el acto de entrar en una galería e ir a una inauguración a contemplar arte, un formato que para él ha terminado. "Creo que el arte no existe, es una entelequia, es cuestión de fe. Las galerías son espacios de superstición", asevera.

Ante la falta de público anoche, menos que el año anterior, el presidente de Art Palma -Fiol- trata de buscarle una explicación. "Igual hay que mejorar la difusión, a pesar de los esfuerzos realizados, las noticias en prensa y los catálogos editados", señala. "De todos modos, creo que la gente que acude a esta cita está más interesada o sensibilizada con el arte. La Nit de l´Art es más masiva, por eso no podemos medir estos dos acontecimientos con el mismo patrón", argumenta. Lo que está claro es que la cita ha tratado de salir del formato más oficialista con los proyectos urbanos Mostrador y Mirador. Un acierto. "La idea es que el festival se apropie de parte del verano si puede ser", agrega el galerista. La fecha es posible que no haya jugado a favor de la cita. El año pasado se celebró a finales de junio y la afluencia fue mayor. Los albores del estío, como este 5 de junio, siempre cuestan. "Hemos adelantado la cita porque en medio estaba la feria de Basilea, a la que acuden muchos artistas y galeristas con los que no podríamos haber contado", detalla. "De todos modos", añade Fiol, "en el mundo del arte y la cultura no podemos trabajar y fijarnos excesivamente en el número de visitantes", concluye.

La acción de la noche tuvo lugar en Can Danús (sede de Comerciants de Núvols), donde el equipo de Glory Hall montó tres sets fotográficos a la antigua usanza Hubo colas a primera hora. Pablo Attfield, Natxa Pomar y Marta Pujades recuperaron un oficio perdido, el de los clásicos estudios fotográficos, de capa caída con la alta tecnología. La artesanía y la lentitud mueren: muchos trabajos que pudieron verse ayer en PalmaPhoto dieron muestra de esa defunción.