No es habitual que los libros que se presentan como recopilaciones de cuentos en las librerías contengan relatos en el sentido estricto. La mayoría son en realidad compilaciones de novelas cortas o de historias de más de veinte páginas. Recordar el olvido de Rosa Montiel es una excepción. La autora, que se estrena en la narrativa con un volumen de 20 cuentos, entrega piezas cortas, intensas, desnudas. Con hálito poético. "Para mí el cuento tiene que dar en el clavo, me gusta despojado de florituras porque es más auténtico", explica la escritora, que presentará el volumen junto a Rosa Regàs mañana, a las 19 horas, en CaixaForum Palma.

Montiel ha puesto voz a una serie de personajes olvidados, a un puñado de vidas pequeñas que han pasado desapercibidas para la sociedad. Para ello, confiesa, se ha nutrido de las fuentes de su trabajo como psicóloga clínica así como de evocaciones de su infancia. "Viví una época dura. Cuando yo tenía 12 ó 13 años [edad en la que escribió poesía de cariz social], recuerdo que, a la hora de comer, los obreros que trabajaban en la calle se ponían de espaldas mirando a la pared para que la gente no viera qué se echaban a la boca, porque a veces era tan poco", evoca. "Aquello me impactó mucho. En casa también éramos muy humildes pero siempre ayudábamos mucho a la gente. En general, se era menos individualista por aquella época", asegura la autora, quien reconoce que fue un via crucis conseguir que una editorial le publicara el libro. "Fue un camino duro, un erial desmoralizador. Tanto que mi marido cogió la batuta porque a mí me agotaba enviar los relatos y ver que a veces ni me contestaban. Al final hubo una que se interesó por lo que he escrito", comenta. Era Plataforma Editorial, sello que propuso a Rosa Regàs para elaborar el prólogo. "Para mí ha sido una bendición del cielo. Me siento cerca de ella como escritora. Creo que tenemos una sensibilidad especial. La mujer es más honda", apunta.

Uno de los relatos más recientes que escribió para esta compilación dividida en tres partes (Las edades de la inocencia, Sueños rotos y El invierno y la memoria) es La niña robada, acerca de la desaparición de niños durante el Franquismo que eran supuestamente arrebatados en beneficio de parejas adeptas al régimen que deseaban tener hijos. "Una historia muy dolorosa", califica Montiel. O La zanja, un cuento importante para la escritora basado en un hecho que recuerda cuando vivía entre Sant Gervasi y el barrio de Gràcia de Barcelona. "Se estaba haciendo una avenida, la infanta Carlota, y hubo un corrimiento de tierras que se llevó la vida de tres obreros, uno de ellos ni tenía 15 años", rememora.

Casos de maltrato incluso de abusos sexuales silenciados recorren estas páginas de ficción que tienen alma y corazón y que son un homenaje a la madre de la autora, para quien escribir "es huir del olvido, es rescatar el recuerdo, la memoria, para que ésta esté siempre presente y no se apaguen los rescoldos".