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Exposición

Can Bordils rescata la faceta más íntima de Pilar Montaner

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m. elena vallés. Palma.

Ningún ilustre que pisara la isla en la primera mitad del siglo XX se iba sin haber pasado antes por casa de Pilar Montaner (1876-1961). La pintora y musa mallorquina actuó de imán para Rubén Darío, Joan Miró, Unamuno e incluso Sorolla, quien le influyó en algunas de sus obras. La relación con algunos de estos personajes y muchos otros quedó reflejada en un amplísimo epistolario y otros documentos escritos que están en manos de la familia. Una parte de éstos, seleccionados por la doctora e investigadora de la Universitat de les Illes Balears Carme Bosch, puede contemplarse en la actualidad y hasta el próximo 23 de febrero en el Arxiu Municipal-Can Bordils.

El recorrido de la exposición consta de distintos apartados dedicados al entorno personal de esta mujer que fue alentada por su marido, Joan Sureda, para convertirse en una artista de renombre. Tanto es así que en recortes de periódicos de la época –presentes en las vitrinas de la muestra– pueden leerse críticas de especialistas a las exposiciones de Montaner, una joven artista de clase alta casada con Sureda, un abogado joven, intelectual y heredero del Palacio del Rey Sancho de Valldemossa y una gran fortuna.

Entre las misivas de los Sureda, las hay de Antoni Gelabert –que la retrató en el Prado–, Miró, Rusiñol, Baltasar Samper, Gabriel Alomar o Màrius Verdaguer, entre otros. Completan esta visión más íntima de la pintora varios fragmentos de obras literarias en las que aparece descrita. Es el caso de El oro de Mallorca y Los olivos de Darío o las Andanzas y visiones españolas de Miguel de Unamuno. Asimismo, Montaner fue admirada por algunas feministas de la época. Es el caso de Coloma Rosselló, la activista Joan Romeu (Carmen Karr) o Carmen de Burgos, la fecunda escritora y periodista Colombine. Pese a brillar en un mundo de hombres, la pintora no llegó a militar en las filas del feminismo. "No pudo por sus circunstancias personales: tuvo 14 hijos", observa Bosch, comisaria de la muestra.

No faltan los retratos de familiares o amigos en la sala. Pero no hay ningún paisaje, a pesar de haber pintado muchos en vida. Las razones: la exposición trata de mostrar el entorno más personal de la artista. A la pintura la refuerza otro apartado con catálogos históricos de sus muestras o pequeños esbozos.

Asimismo, Cort pondrá en circulación la semana próxima la publicación del Arxiu, Pilar Montaner. Memorias, donde Bosch traza un retrato desconocido de la pintora a partir de sus cuadernos dispersos y donde también Pere de Montaner, director del Arxiu, elabora un texto donde aborda los orígenes familiares de esta musa de principios del siglo XX.

Amén de esta exposición, inaugurada el pasado martes, el 25 de enero, a las 20 horas, la especialista Manuela Alcover i Lladó dará una conferencia sobre la pintora y su relación con otros artistas de la época. Carme Bosch clausurará la muestra el 22 de febrero con la presentación del libro Pilar Montaner i Joan Sureda: epistolari i literatura.

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