Se acuerda como si fuese ayer de áquel día en el que el alcalde de Palma, Rafael de la Rosa, le encargó encuadernar un libro muy especial. Eran los años 70 y los Príncipes de España visitaban Ciutat; en una de sus paradas en Cort, fueron obsequiados con un ejemplar de historia perfectamente cosido y adornado que hizo las delicias de los actuales Reyes. Pero no fueron los únicos ilustres que disfrutaron con el buen hacer de Blas Bleda (Barcelona, 1923), maestro artesano encuadernador que llegó a la isla en 1935 y que se inició en la profesión en la Imprenta Ordinas. "También he tenido encargos de Farah Diba de Persia y de Franco", recuerda. Hoy, medio siglo después, y con el oficio apunto de desaparecer, sus herramientas y maquinarias cobran de nuevo vida en el Quarter d´Intendència.

Gracias a un acuerdo alcanzado con la regiduría de Cultura de Cort, y también al azar -en los años 60 Bartomeu March quiso comprarle toda la maquinaria por tres millones de pesetas- los isleños podrán conocer cómo se trabajaba y qué piezas se utilizaban para coser y juntar los pliegos de los libros. El extenso fondo incluye prensas y copiadoras, componedores de tipografía, martillos de encuadernación, planchas de hierro y otros utensilios ornamentales que permitían a Bleda enfrentarse a cualquier pedido. "Recuerdo largas noches junto a mi mujer cosiendo hojas y hojas... más de 300 tomos", explica al referirse a ese encargo de un buen amigo que le hizo encuadernar la Historia de Mallorca.

Fue su colaboración con los notarios y con el escritor Camilo José Cela lo que le animó a seguir adelante en su taller de la calle Monterrey con un sueño de juventud que le ha reportado importantes reconocimientos locales, entre ellos, el del Col·legi Notarial a les Balears, en 2004. Y aunque ya retirado, Bleda confía en que la encuadernación no morirá nunca "porque siempre habrá gente enamorada de los libros"