A Jaume Simó (Palma, 1972) la sencillez le viene de nacimiento. No le importa que su jersey esté salpicado por la cola que utiliza cuando trabaja, aunque la maldice. Su taller, sito en Maria de la Salut, es como un palacio de grandes ideas con fachada de casa de pueblo. Igual que él. Este artista plástico de amplia preparación y Premi Ciutat de Palma se expresa como si se hubiera tragado de golpe varios tratados de estética. No le importa la bolsa de los treinta dineros mientras pueda costearse sus pitillos y una salida semanal con sus amigos. Junto al calor que aporta una estufa de leña, ultima la instalación que ha preparado para DIARIO de MALLORCA Art Report.

- ¿Cómo se le ocurrió la idea de pedir al Parlament un cuadro?

- Siempre me ha interesado mucho mostrar los mecanismos de poder dentro del arte. Deseaba evidenciar en mi instalación todo el proceso de petición de esta obra de Anckermann a una de las instituciones más importantes de la comunidad.

- ¿Qué lectura debe hacerse de su obra?

- Te voy a explicar cómo trabajo yo. Estructuro los diferentes elementos de mi obra en diferentes capas de lectura, de tal manera que uno puede encontrarse ahí motivos del siglo XIX o del Renacimiento dialogando con otros de las vanguardias. El caballo que traigo a colación es el molde de uno real. Está fabricado a partir de diferentes materiales como el poliuretano, el papel de periódico y la cinta americana. De este modo, trato de confrontar el modo de hacer escultura en la época clásica con técnicas nuevas y actuales.

- ¿Qué pinta el caballo tumbado en toda esta historia?

- Para mí, el caballo representa la gran idea de monumento. Quería poner en crisis el concepto de gran obelisco. La verdad es que las estatuas se han dejado de lado, se les atribuye cierto aire kitch incluso, y para mí estructuran en cierto sentido a la comunidad. Por otro lado, es impensable concebir la figura de un jinete sin su rocín, así como tampoco se puede entender la pujanza europea sin su figura. Los que poseían caballos eran poderosos como los que ahora poseen un coche caro.

- ¿En qué sentido le interesa el arte? ¿Para qué lo utiliza?

- Me interesa como punta de lanza contra lo político. El artista es como un francotirador que dice cosas. Pero en cierto sentido el arte también sirve para darse soluciones a uno mismo como sujeto. El arte es un proyecto de acción. El monumento del caballo y el cuadro de La entrega de la ciudad al rey Jaume I tienen una historia detrás, han adquirido unos significados determinados, y juntos conforman una acción determinada con una intención.

- Mezcla elementos dispares, establece relecturas. ¿Es usted postmoderno?

- ¿Qué es eso? No creo en etiquetas.

- ¿Hasta qué punto utiliza usted el contexto de una sala de arte para que funcione su obra?

- Me atrevo a decirte una cosa. En gran parte, es el contexto el que hace que la obra sea arte. Con la confrontación del cuadro, el caballo y varias frases de Ramon Llull, Ausies March y Goya, transmito lo real, no a través de la mera percepción por separado de los elementos expuestos en ese momento en una sala, sino en un nivel metafórico. Cuando uno estructura significantes diversos, éstos actúan de manera metonímica. Por ejemplo, con los títulos de los grabados de Goya estoy diciendo que el nuestro es un pueblo trágico.

- ¿Es el arte algo real y palpable?

- En este sentido, estoy en la línea de lo que dice Lacan. Hay parte de realidad que se nos escapa dentro del arte. A mí las lecturas que me interesan son las que tienen un valor simbólico e ideológico, y después entran conceptos como belleza y verdad, que son puras contingencias.

- Pero uno de los principios del arte es su función estética.

- Sí, pero piensa que si lo bello fuera lo primordial cualquiera podría ser un artista en potencia. No hay suficiente con crear una obra bella o con buen gusto, sino que esta belleza de la que hablo debe configurar ideas, figuras de pensamiento.

- ¿Le importa que el receptor de su obra comprenda todo este nivel simbólico del que habla o que, por el contrario, le pase desapercibido?

- Los artistas tienen que pensar en la gente que va a ir a contemplar su obra. Crean para ser mirados. Pero el artista no piensa si el espectador le entenderá o no.

- Tiene usted pinta de idealista

- Sí, lo soy. Y me supone un trauma porque quieres conseguirlo todo y es imposible.

- ¿Se sufre siendo artista?

- (Risas). Intento llevar de la manera más hedonista posible el sufrimiento que te produce serlo y la mala vida que te da. La verdad es que el proceso es muy conflictivo.

- ¿Qué sacrificios supone para usted dedicarse al arte?

- Vivir con poco dinero, a lo que uno se acostumbra. Y estar mucho tiempo solo. Por eso, me gusta mucho estar hablando contigo ahora.

- ¿Es usted pobre?

- Monetariamente sí. Pero soy rico porque tengo tiempo y esto es lo más valioso que hay. Es más, soy multimillonario porque dispongo de todo el tiempo que quiero. Intento que el tiempo sea mío.

- El dinero no le motiva

- Mira, cuando paso por delante de una tienda nunca me dan ganas de pararme delante del escaparate para comprar. Es evidente que participas de este mundo materialista, porque no eres un monje, pero te dotas de otros instrumentos para participar en él.

- Veo que su taller está lleno de libros y fotogramas de películas

- Como te he dicho, tengo tiempo para leer. Y me encanta el cine. Jean-Luc Godard es el artista con mayúsculas. Me encanta también Andrei Tarkovski.

- Enfrente de mí veo una secuencia de In the mood for love de Wong Kar Wai

- Me apasiona. Mide el encuadre y la escena al máximo. Juega con el tiempo de la historia engañando al espectador para que se crea que está viendo una película de narración lineal cuando en realidad todo es montaje. Además, él le añade a todo eso un plus de sofisticación, algo muy oriental.

- ¿Escucha música cuando pinta?

- Sí. Me gustan mucho Coco-Rosie, Raimon, Antònia Font, The Velvet Underground, Sonic Youth o Joy Division.

- ¿Cree que el arte en general está pasando por uno de sus mejores momentos?

- Creo que el arte ha terminado desembocando muchas veces en un espectáculo. Por ejemplo, por la Tate londinense pasa mucha gente cada día. Lo que sí tengo que reconocer es que dentro de ese espectáculo, que no es de mi agrado, sí que se consiguen muchas veces pequeños artefactos explosivos.

- ¿Qué tipo de artistas o de personas, incluso, no le agradan?

- En general, me ponen nervioso los mitómanos, la gente que explota los mitos. Para mí un mitómano es alguien a quien le gusta estar al lado del poder y es incapaz de ejercerlo porque tiene miedo. Tampoco me agradan los artistas que hacen arte y su obra parece más un diseño. Aunque debo reconocer que hay diseñadores que son más artistas que otra cosa.

- ¿Quién le legitima a uno en el mundo del arte?

- El poder

- ¿Podría valorarme la situación artística de las islas?

- Somos la única comunidad sin becas para artistas locales. Es el lugar de España con más galerías por habitante y no se puede estudiar Bellas Artes. Con esto, te lo digo todo. El gobierno invierte en ferias de arte, pero si quiere que se dé un desarrollo artístico de nivel debe poner las bases.

- ¿Está en contra de que se aporte dinero a iniciativas privadas, tipo Art Colonia?

- No me parece mal. Es totalmente lícito que las galerías privadas ganen dinero, pero se deberían destinar fondos para los artistas jóvenes. Todos terminamos yéndonos a estudiar fuera, a otras comunidades y países. Necesitamos que nos cuiden.

- Una indiscreción, ¿cree en Dios?

- (Risas). No me lo he planteado de momento, porque me traería problemas. Más vale no hablar de este tema. Igualmente creo en muchos dioses.