Agustín Fernández Mallo es rotundo. "El postmodernismo no ha llegado a la poesía española contemporánea. A diferencia de lo que ocurrió en la música y en las artes plásticas, la poesía española de los años 80 en adelante ha perdido el pulso, está atrasada con respecto a la sociedad, se ha enrocado en dogmas por culpa de la tradición".

El físico nuclear y "luego poeta" compartió ayer debate con el dibujante de cómic Pere Joan acerca de si la corriente del postmodernismo ha alcanzado las manifestaciones artísticas que ellos practican.

Si para el escritor la contestación es negativa, para Pere Joan "sí llegó al cómic de la mano del alcalde Madrid, Tierno Galván, en aquella revista, Madrid que en mi opinión es la peor". Opuso el modelo de la revista norteamericana Rude, "que rompía esquemas de la tradición al valorar tanto el tono, el trazo, como las historias en sí". No dudó en asegurar que él y Max "hemos recogido" el testigo en la publicación Nosotros somos los muertos. El dibujante reiteró "la curiosa contradicción que vivimos porque parece que nuestra profesión no existe sino que tenemos un pie en el dibujo y otro en la narración". Fiel a su jerga, relató "la guerra que hay entre los experimentosos y los narracionistas". Él apuesta "por estar abiertos y ser irradiantes".

En el caso de Agustín Fernández Mallo, a su negra visión de la poesía, le opone el concepto de poesía postpoética. "Frente a este panorama, con una poesía que tiene colesterol, propongo que nos empapemos de las ciencias. Hacer una metafísica del píxel, aunque no sé cómo", concedió.

Con una habitual ironía, expresada con un serio semblante, Fernández Mallo sentenció que "el chicle es el objeto postmoderno por antonomasia porque es comida y no, lo masticas y no está".