Ñaco Fabré ocupa buena parte del centro de arte lareal con Relato del aire, una muestra que incluye pintura, dibujos y objetos, además de la serie Correspondencias, las tarjetas de invitación que él recicla pintándolas a lápiz por el reverso. Comparte espacio con Joan Lacomba, quien muestra nueve acrílicos acabados con veladuras de óleo. Serres i serrelades lo llama.

Si en uno se aprecia la abstracción enfatizada en el gesto "me interesa lo no dicho", indica Fabré, Lacomba se sitúa en un cierto preciosismo cromático ya que "el negro lo reservo para el dibujo".

Profesor de dibujo, ya retirado, se le nota su querencia académica que él desborda en geometrías porque "rompí con la academia". Su abstracción se traba a partir de "formas que se han ido concretando", mientras que en Fabré funciona la economía de recursos. "Con poco se puede decir mucho", comenta, de ahí que sean el blanco, el negro "contiene todos los colores del universo", apunta, y la gama intermedia sus más firmes aliados.

No escapa del color, sin embargo, ya que se mueve en los contrastes. "Siempre me he manejado en la individualidad pero cada vez busco más el equilibrio mágico de un espacio". Para él no hay duda, "en el principio fue la pintura".

Lacomba además ha hecho la instalación de la entrada del nuevo centro de arte, una especie de espiral roja que se retuerce en sí misma como si fuera una parra. Pero son las montañas las que presiden la exposición que hoy se inaugura. "Las montañas y el mar me atraen mucho. Las que pinto no sé cuáles son". No es geógrafo.