Si la su primera novela Camilo J. Cela Conde la escribió o concluyó "para escapar de las tensiones familiares", en su segunda tentativa narrativa ha sido el placer, el motor. Y además se ha vuelto osado. Una compleja estructura -narración en primera persona por cada uno de los tres protagonistas y sin que se note- en una historia de amor ambientada en Ginebra. Una mujer y dos hombres. Telón de sombras. Hoy la presenta a la crítica de Madrid en el Centro Riojano. Poco más saldrá de sus labios "para no despellejar la trama". El catedrático de Filosofía de la Universitat balear y adjunto a la dirección de DIARIO de MALLORCA sabe mucho de la evolución humana. Contempla al humano con perplejidad: "Está desapareciendo nuestra forma de ser más humana. Cuando ves lo que ocurre en Ceuta y Melilla ves que falla algo muy esencial".

-En su bibliografía cultiva el ensayo científico, la literatura, incluso un libro de gastronomía. ¿El científico se siente más a gusto en la literatura?

-Es una pregunta difícil. Creo que el cerebro tiene chips o no sé qué que cuando estás en una cosa estás en ese terreno, cómodo, y te es imposible cambiar de organización. Es lo mismo que cuando hablas un idioma distinto al tuyo. Es más difícil escribir una novela, lleva más trabajo y el reconocimiento es más difícil en literatura que en la ciencia porque te desnudas más en la primera.

-¿Es más difícil una novela que ese corpus científico, ´Senderos de la evolución humana´, hecho con Francisco Ayala?

-(Sonrisa). Es otra dificultad, ordenada, en la que necesitas sobre todo tiempo pero que sabes que va a salir, mientras que en una novela no; incluso una vez publicada le das vueltas.

-Cuando le premiaron su opera prima, ´Como bestia que duerme´, admitió que la había concluido "para escapar de las tensiones familiares". ¿Y ésta?

-Porque me he acostumbrado a escribir, forma parte de lo que me gusta. Me ha costado menos tiempo y además no tenía que quitarme los fantasmas de encima. Lo bueno y lo malo ya estaba hecho.

-¿Hay un método? La primera la dejó reposar en el cajón. ¿Qué ha ocurrido con ´Telón de sombras´?

-El método es parecido sólo que dejar reposar a esta segunda ha sido premeditado. En el día a día no te das cuenta y hay que releerla como si fuera de otro. Lo fundamental es el tiempo de narración como en el cine. Lo difícil es que se mantenga. Puede ser lenta como en Proust o como en Poe que ya lanza todo al principio. Lo difícil en literatura es mantener.

-¡No sólo en literatura!

-(Risas) Claro que sí. Es mucho más difícil mantener que conseguir.

-Su novela es un triángulo amoroso. ¿Por qué siempre hay tres en una historia de amor?

-En esta historia no es un triángulo a la francesa sino algo más complicado que eso. Sin despellejarla diré que es un triángulo especial en el que las relaciones o oposiciones son dos a dos.

-Una bailarina, un científico y un hijo de exilados. ¿Qué hay de autobiográfico?

-Siempre hay destellos autobiográficos como mi pasión por el ballet y por el cerebro.

-¿Cómo se articuló la historia en su cerebro?

-La tenía pensada antes de acabar la anterior. Viene de un episodio anecdótico: coincidí en el ballet de Maurice Béjart en Cairo y al ver a la primera bailarina y a su compañero surgió la historia. Una novela, un cuento incluso un artículo científico necesita siempre de una primera frase que ya encierra la clave. He estado varias veces dándole vueltas porque una novela se te escapa de las manos, no tiene salida. Los que construyen mundos tienen el mismo problema, que les cuadren los animales por eso hay tantos mundos sin vida.

-¿Acabaremos por extinguirnos como especie?

-Para cargarnos el Planeta no somos tan potentes, la selección natural vivirá, no los humanos, seguirán las cucarachas o roedores. Nuestra forma de ser humana está desapareciendo. Basta con ver lo que sucede en Ceuta y Melilla para darte cuenta de que falla algo muy esencial.