El Teatre Municipal de Manacor debe ser de los pocos que quedan junto a un parque, por no decir en un parque directamente, ni que sea un parque mediano como éste, que a la caída de la noche, con la tierra mojada por la lluvia, adquiere un singular encanto. En el vestíbulo y en el exterior austero del edificio, en estos días de la Fira de Teatre, espectadores de Manacor y del resto de Mallorca, y alguno que otro que ha venido desde el otro lado del mar, aguardan un poco nerviosos a que se consuma la ceremonia milenaria de las máscaras. En el cartel de esta edición, dos manos con sendos corazones (el símbolo de la ciudad) se cruzan para formar el número romano que marca la decena.

El viaje a Manacor, en su caso, arranca en la estación de tren provisional de Palma, ruidosa y cargada como suelen serlo las estaciones provisionales. Eso durante el día, claro está, por la noche mejor que tengas cubierta la retirada con algún amigo que lleve coche; que añadan servicios más tardíos para la Fira de Teatre supongo que es pedir demasiado. El caballo de hierro atraviesa tristes polígonos industriales y este paisaje mediterráneo de matorrales, de tierra ocre y breves murallas de piedra, hasta llegar a esta ciudad que fabrica y vende muebles y ama el teatro. En la estación de Manacor hay unos jardincillos bastante agradables y un café de trazas ferroviarias. Hacia sa Bassa se alzan dos torres, como el título de una de las novelas de Tolkien: la de la iglesia de Els Dolors y el feo rascacielos de la plaza.

YA CASI NO QUEDAN centros culturales sin bar y sin tienda, pero la cafetería del Teatre Municipal de Manacor no siempre está abierta. Así que la Fira cruza la carretera, con sus palmeras alineadas en fila, y se extiende al café es Parc, justo enfrente, que viene a ser algo así como la subsede de la feria, y donde te atienden francamente bien, porque la gente de Manacor lleva el corazón en la mano y habla un catalán de Mallorca que es como el latido del corazón de un león. A la Fira vienen actrices y actores del Llevant y de Palma, autores y directores, editores y periodistas, programadores y distribuidores, promotores y políticos, espectadores de semblante circunspecto y musas de mirada luminosa, grupos en familia o en cuadrilla a compartir el rito.

LA GENTE DE TEATRO lo que tiene es que casi siempre está hablando de teatro, los músicos también, los médicos por ejemplo quizá no tanto, porque ciertas conversaciones: apéndices, hernias, operaciones, tal vez no sean idóneas para la sobremesa. En las escaleras del Teatre Municipal de Manacor he visto que están colgados los carteles de todas las ediciones de la Fira, empiezan a abultar bastante, ya llevamos un decenio. En la sala, con neones laterales, se apagan las luces y se desconectan los móviles de los espectadores para asistir a ese milagro de tantos siglos en que las personas se convierten en magia.