30 de noviembre de 2014
30.11.2014
A tiro

Voluntarios

30.11.2014 | 00:08
De los creadores de "me quito un marrón de encima y me ahorro unos cuartos privatizando una infraestructura cultural" llega el método mejorado: "que trabajen gratis como voluntarios culturales por el bien de la sociedad". Bravo. Al fin, a cara descubierta. Ayer debió de ser un tenebroso black friday para muchos de los profesionales de la cultura cuando atónitos se asomaron a la web de Es Baluard y se desayunaron un programa de voluntariado descarado que no únicamente se centra en la atención de colectivos especiales, como ya ocurre en otros museos –y con el que tampoco estoy del todo de acuerdo aunque la idea provenga de la sacrosanta y decepcionante Unión Europea-, sino que propone, así por el morro, trabajar a cualquier ciudadano a coste cero en áreas de gestión (¡gestión!), difusión de proyectos o como guía-informador de las exposiciones del museo. Ellos, a cambio, te dan una palmadita en la espalda y te estimulan suavemente el ego como Don Corleone acariciaba a su gato en El Padrino, y te invitan a sentir orgullo con el bolsillo vacío por el bien que vas a proporcionarle a la sociedad. Qué gesto de humor de negro. Pero un momento, ¿beneficiar a la sociedad? En esta peligrosa demagogia de lo gratuito en el terreno de la cultura, los únicos que se lo llevan crudo son los prohombres de la cosa pública, empeñados en convertir museos y bibliotecas en casas de beneficencia, a ver si se ahorran un par de euros para destinarlos a pagar la deuda a unos bancos en los que en muchas ocasiones encuentran acomodo tras su paso por la política. No es un asunto baladí: los voluntariados allanan el terreno de nuestros gerifaltes en el debido cumplimiento de un plan de austeridad que se encarniza con la cultura y los servicios sociales pero no con sus viajes, coches oficiales y demás regalías. ¿Acaso la labor de tres o cuatro voluntarios no podría equivaler a un puesto de trabajo remunerado? ¿Un pequeño brote verde sobre los que tanto parlotean? Comisarios, críticos, asociación de guías especializados, educadores sociales? ¿alzarán la voz? ¿Se estarán preguntando ahora mismo por qué han estado estudiando durante tantos años Historia del Arte o carreras de Humanidades?

Mientras todo el mundo se rasga las vestiduras con la polémica de la hamburguesería Alaska, silenciosamente se cuela y se filtra este delirio y el de la privatización de dos bibliotecas municipales. España tiene sus prioridades: los bares.

Recuerdo que en estos tres años y medio ya se ha externalizado en Palma Ses Voltes y en breve se hará lo propio con un teatro. La finalidad es la misma: el ahorro y dicen que una gestión mejor. Pero yo creo que si en realidad les interesara modernizar el funcionamiento, ya se habrían aprobado hace un lustro decretazos de ley que amputarían las absurdidades a una burocracia que sigue siendo la excusa, en muchas ocasiones, para justificar dichas privatizaciones. El pez que se muerde la cola.

En definitiva, interesa que el sistema público sea lento, plúmbeo y se cuelgue al cuello el cartel de insostenible para filtrarnos la peregrina idea de que son los propios ciudadanos los que deberían asegurar los servicios públicos -como si éstos fueran un lujo- no sólo con sus impuestos (21% para la cultura) sino que ahora también con un voluntariado. El retroceso es de traca y la cara que tienen, de cemento. Si desean una idea, pienso que ahora mismo un buen programa de voluntariado sería el de poner a los políticos condenados por corrupción trabajando en comedores sociales, en las instalaciones de bancos de alimentos o en el mismísimo Es Baluard. Por cierto, la idea es gratis. He aquí mi voluntariado.

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