03 de mayo de 2014
03.05.2014
Manuel Cruz

"No existe el problema catalán, existe el problema español"

Manuel Cruz (Barcelona, 1951) es catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona y uno de los pensadores españoles más celebrados y prolíficos, continuador de Emilio Lledó. Su libro más reciente es ´Una comunidad ensimismada´, que recopila sus artículos sobre Cataluña. El lunes pronuncia una conferencia en torno a Hannah Arendt en el Club de este diario

03.05.2014 | 06:30
"No existe el problema catalán, existe el problema español"

–Para que se haga cargo del tipo de entrevista: "¿Se puede ironizar sobre el Holocausto?"
–Como en el chiste del cura vasco, "no soy partidario". Me da la sensación de que se habla del humor como una herramienta neutra que te distancia de lo real. Sin embargo, puede ser un instrumento del poder, por ejemplo cuando se escarnece a los disidentes. Simone Signoret decía que podría hacer de fascista en una película antifascista, pero nunca de antifascista en una película fascista.

–El humor es entonces un arma peligrosa.
–Mira, Wyoming consigue hacer una broma a partir de una noticia irritante, sin confundir al espectador.

–Hannah Arendt acusó a los judíos de aceptar mansamente el Holocausto.
–En cierto sentido, sí, pero las puntualizaciones no deben llevarnos a una inversión de términos. Se les puede objetar cierta pasividad, pero el peso de la culpa no puede transferirse. La víctima es víctima y el verdugo, verdugo.

–¿Alves es una víctima o un millonario?
–En cuanto objeto de escarnio racista, es una víctima. Desde otro punto de vista, es un millonario.

–¿Qué significa que una mujer le pegue a Pere Navarro en una iglesia?
–Escribí un artículo titulado Matonismo de buen rollo, y parece que tiene que ver con eso. Es la expresión de un clima de crispación, pero hay bastantes más. Y supone una profunda miseria moral que se convierta a la víctima en verdugo. Se censura a Navarro, se le reprocha que quiera aprovecharse torticeramente. En vez de preocuparse por la agresión, solo falta el "se lo ha buscado" que encontraríamos repugnante en un caso de violación.

–Se abusa de la cita "la banalidad del mal", olvidando que a su autora le costó la excomunión intelectual.
–Al igual que otras ideas, termina siendo un objeto de consumo intelectual que pierde la función crítica para la que fue pensada. Arendt señala que los nazis podían ejecutar las mayores vilezas sin sentido de culpa. El daño nunca es banal, pero atribuir una condición monstruosa a quienes lo ejercen es una manera de desentendernos del mal, de pensar que el nazismo era el fruto de cuatro fanáticos enloquecidos.

–Se opone usted a la independencia de Cataluña con buenas maneras.
–Me opongo con argumentos políticos democráticos. No estoy a favor de la independencia porque no existe el problema catalán, existe el problema español, que necesita una solución federal. Ni la financiación injusta ni la corrupción son asuntos exclusivos catalanes.

–¿Ha pensado en irse, como Félix de Azúa?
–No me lo he planteado. Respeto a Azúa, que se ha ido discretamente. Si me fuera, no sería por esto, no quiero contribuir al falso mito de una atmósfera irrespirable.

–¿Los medios catalanes le utilizan como la coartada del "buen español"?
–Los medios públicos catalanes se pasaron décadas sin llamarme bajo ningún concepto, ni para temas de filosofía. En cuanto pongo por escrito que no son plurales, me llaman inmediatamente porque quieren neutralizarme. En las tertulias estoy siempre en flagrante minoría, uno contra cinco.

–¿No debería ser un honor que lo caricaturizaran en TV3?
–Debiera preocupar a los responsables de TV3, porque esa caricatura me da la razón y me llena de orgullo la solidaridad que he recibido de gente que respeto.

–¿Teme convertirse en un filósofo de causa única, como Fernando Savater?
–No tengo el menor interés, sería el primero en lamentarlo. A estas alturas soy autor de más de veinte libros y compilador de quince. Sólo he dedicado uno a la cuestión catalana, y escribí el primer artículo sobre nacionalismo hace diez años.

–¿Qué ha aprendido un catedrático como tertuliano?
–Que hablar en público le obliga a uno al aprendizaje de la comunicación, porque tiene forzosamente que hacerse entender. No puedes ser oscuro o no te llaman más, la claridad que Ortega definía como "la cortesía del filósofo" se hace imperativa en los medios.

–¿Cuánto dinero se necesita para llevar la "buena vida" que predicaban los filósofos clásicos?
–No tengo ni idea, pero no es casualidad que en los últimos tiempos haya un revival del estoicismo y las filosofías orientales. El modo de vida del capitalismo occidental proporciona una satisfacción efímera. Puedo pensar en instantes de felicidad sin costo alguno, con la mera presencia de la persona amada.

–Cuando volvamos a hablar en unos años, ¿ya será usted extranjero?
–¿En dónde? En Cataluña espero que no. Sería una situación disparatada que la mitad de catalanes se convirtieran en extranjeros. Los independentistas dicen que "no hay ningún problema, aceptaríamos la nacionalidad española". Entonces, para qué nos hacemos independientes.

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