18 de febrero de 2014
18.02.2014
Ferran Cano

"Joan Miró me abrió las puertas a mucha gente y gracias a él estoy aquí"

Ferran Cano relata sus más de 40 años de trayectoria galerística a la crítica y comisaria de DIARIO de MALLORCA Georgina Sas, quien ha recopilado su vida y anécdotas en un tomo que editará Lleonard Muntaner en mayo de cara a la Fira del Llibre

18.02.2014 | 06:50
El galerista Ferran Cano y la crítica y comisaria de este periódico Georgina Sas, ayer en la galería de la calle Forn de la Glòria.
El proyecto de biografiar a Ferran Cano le sobrevino a Georgina Sas tras el anuncio de su jubilación y el consiguiente cierre de las galerías de Palma y Barcelona. La crítica y comisaria de DIARIO de MALLORCA tuvo claro desde el comienzo que además de un homenaje personal al marchante mallorquín "había que dejar constancia por escrito de una vida y una carrera de cuarenta años que a su vez son también cuatro décadas de la vida cultural de esta ciudad", asegura la también historiadora del arte. "Las dos cosas van en paralelo, no pueden explicarse la una sin la otra", considera. El galerista, sin embargo, tira de modestia: "Lo primero que le dije a Georgina cuando me propuso lo del libro es que mi vida ha sido aburrida. Máxime cuando pienso en lo que vivieron mis padres, lo intenso de sus vidas, el exilio, etc.", comenta el galerista desde el espacio de su galería, un lugar que pese haber echado el cierre no pierde vigor. Dentro, aún hay movimiento: la mujer de Cano, Marisa, trabaja en el almacén y el artista Pep Guerrero se asoma para visitar a su amigo y marchante. Tras el saludo que se dedican, Sas contraviene inmediatamente "el argumento del aburrimiento" alegado por el galerista: "Ferran, no todo el mundo pudo conocer a Joan Miró, a Joan Brossa, a muchos artistas del grupo El Paso, Dau al Set o de Taller Llunàtic, a Robert Graves, a Camilo José Cela o a Julio Cortázar". Ferran sonríe: "Es cierto que durante una época todo el mundo pasaba por Mallorca y a mí me tocó estar ahí", detalla en tono humilde el marchante, quien durante ocho meses se ha estado reuniendo semanalmente con la crítica de este periódico contestando a sus preguntas. "El libro adopta el formato de conversación, hilvanada por un narrador en tercera persona que va situando al lector", especifica Sas. Durante cada encuentro, la historiadora grababa las palabras de Cano para después transcribirlas en casa y pulirlas. Asimismo, el material ha sido contrastado con fuentes consultadas en la hemeroteca, con documentación personal y de allegados y con el relato de los protagonistas de algunas de las historias narradas por Cano. El volumen, titulado Ferran Cano, l´art com a resposta, ya ha sido entregado a la editorial Lleonard Muntaner, que lo lanzará en mayo –de cara a la Fira del Llibre– en la colección Mallorquins en diàleg.

La conversación entre galerista y crítica es también, en el fondo, un intercambio verbal entre dos generaciones y dos puntos de vista sobre el mundo del arte que en ocasiones convergen. Hay homenaje, comprensión y respeto, por parte de Sas. Y en el caso de Cano, realismo y cierto pesimismo por el presente.

El tomo sigue un orden cronológico y a la vez temático. Arranca con un repaso a la familia del galerista. "Comenzamos hablando de su abuelo Emili Darder, su fusilamiento, el exilio forzado de la madre de Ferran y su abuela. Y el nacimiento del propio Ferran en Venezuela. El galerista no regresó definitivamente a Mallorca hasta los 9 años", relata la historiadora. "Su primer barrio fue El Terreno", detalla. "Sí, allí conocí a Errol Flynn, a su hijo y a Patricia Wymore. La primera vez que bebí Coca-Cola fue en su barco, el Zaca", evoca Cano. Inició estudios de Ciencias Económicas y se marchó a Barcelona para continuar con Derecho. "Fue en esa ciudad cuando comencé a implicarme políticamente", asegura. Un viaje a Ámsterdam, donde recaló para cursar un postgrado, fue determinante. "Era la época en que estaban de moda locales como el Paradiso, espacios míticos en los que vi una forma de vivir y pensar muy libre", recuerda. Aquella visita le espoleó a poner en pie su propio proyecto cultural en una Palma "gris". Corría el 73 cuando abrió la galería 4 Gats junto a Ángel Juncosa y Gerard Matas. "Una época en la que combiné artistas muy jóvenes con otros consagrados y muy conocidos a los que tuve acceso gracias a Joan Miró", comenta. La biógrafa del galerista considera, tras ahondar en la intrahistoria de aquellos años setenta, "que la gente joven de aquellos tiempos tuvo mucha suerte. Creo que, si hubiera podido vivir todo aquello, sería más sabia", confiesa. "Ahora hemos vuelto un poco a la lucha, pero hay una crisis de la inteligencia y de la libertad de pensamiento. En realidad, falta ese sentido crítico que ellos tenían para enfrentarse a la vida. Un sentido crítico que sólo podemos recuperar a través de la educación", sostiene. El sentido grupal, aplicado también a la creación, es otra de las cuestiones sobre las que departen Cano y Sas. "Ahora todo es más individualista, y creo que se necesita unión, como la que había entonces, para cambiar las cosas", añade la historiadora. Cano le matiza su entusiasmo: "Ahora pienso que quizá fuimos demasiado optimistas con aquello de que podíamos cambiar las cosas. Quién iba a pensar que estaríamos viviendo los retrocesos que padecemos ahora mismo. A veces me da miedo que esto no sea un poco como lo del Gatopardo: ´Cambiarlo todo para que nada cambie", reflexiona. Y vuelve a hablar del libro: "La primera época de la galería fue la de la lucha antifranquista, luego, en los ochenta, las cosas cambiaron. Parecía que todo estaba ganado, y creo que nos olvidamos de hacer denuncia. Fue una equivocación. En otros países, como EE UU, continuaba habiendo un arte comprometido con temas sociales, pero aquí no; pienso que todo fue demasiado lúdico", lamenta. "Entonces la galería pasó de ser un punto de reunión y de resistencia a ser una tienda de arte. De repente, irrumpió el mercado", relata. Fue al principio de esa época cuando el galerista quiso tirar la toalla y echar la persiana. "Veía que mi proyecto no interesaba, no calaba, y fue Joan Miró el que me animó a continuar. Si no hubiera sido así, igual no habría llegado hasta aquí", concede.

El libro dedica un apartado a las ferias y a los encuentros con coleccionistas. "El mundo del arte se estaba volviendo internacional. Eso fue algo que me hizo ver Miquel Barceló cuando volví de una Noche en Blanco de París", recuerda Cano. Una sonada participación en ARCO en 2006 –a raíz de la polémica levantada por una obra de Óscar Seco que representaba a un Cristo con un misil–, algunas opiniones sobre el futuro del galerismo y las relaciones entre marchante y artista, la decisión de Ferran de rechazar la Medalla de Oro de la Ciudad y el Ramon Llull o su implicación con la lucha contra el TIL, completan un libro trufado de anécdotas, con una portada divertida (cuenta con una intervención artística del propio marchante) y un texto personal del poeta y amigo Àngel Terron. "Añoro el mundo del galerismo, bueno, el mundo de mi galería, quiero decir", confiesa a modo de despedida Ferran Cano.

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