05 de diciembre de 2012
05.12.2012

"Me jubilo porque a mi edad ya no hay futuro, y menos ahora"

El galerista de 72 años cerrará en julio la sala de Palma y la de Barcelona "El galerismo está cambiando mucho y mi proyecto llegaría a ser inviable, además no tengo el coraje para volver a vivir épocas negras", confiesa

05.12.2012 | 07:30
Ferran Cano (Caracas, 1940), ayer en la trastienda de su galería de la calle Forn de la Glòria.
La historia que ha escrito Ferran Cano a lo largo de 40 años consagrados al mundo del arte es circular: se abre y se cierra en circunstancias similares. "Abrí en una época muy politizada y cierro en otra etapa que vuelve a serlo mucho", asegura. El problema es que ahora la lucha "me ha pillado mayor", admite el galerista, quien confirma a DIARIO de MALLORCA que echará el cierre tanto a la sala de Palma como a la de Barcelona el próximo mes de julio. "He tomado la decisión de que sea precisamente en 2013 porque en enero hará justo 40 años que abrí 4 Gats", argumenta el marchante de 72 años, que se jubilará oficialmente con 73. "En algún momento tenía que parar. La salud y las fuerzas no son lo que eran. Dos galerías con 20 años menos sí pueden llevarse bien, pero ahora..." Negar que la crisis le ha perjudicado –como a todo hijo de vecino– sería mentir. Ferran es cristalino: "Cada vez voy teniendo menos estabilidad económica para mantener dos espacios, y si no puedo ir a ferias con mi edad y no puedo promocionar a mis artistas, el proyecto deja de tener sentido", indica. "Creo que cuando algo llega a su fin uno lo sabe. Y ahora me toca. El galerismo se está transformando y mi proyecto, si no le doy un giro, llegaría a ser inviable", agrega. El momento político y social del país ha sido otro acicate para la jubilación de un galerista que ha marcado durante décadas la pauta artística de Palma. "No quiero vivir una época negra, no tengo el coraje para volver a vivir tiempos oscuros", confiesa el galerista, cuya andadura comenzó en 1973, aún en plena dictadura franquista. "No quiero volver a pasar por situaciones de censura. Ahora mismo he abierto la puerta a una exposición –Oh, dibuix!, en el cartel del festival Còmic Nostrum– recortada por las instituciones, censurada, y no quiero volver a pasar por eso", explica. "Comprendo que en estos momentos el dinero vaya primero a la sanidad y a los dependientes, ellos son la prioridad. Pero los recortes en cultura son una barbaridad, no es el camino", opina.

Respetado como pocos en el círculo artístico de Ciutat, Ferran no quiere agonizar encima del escenario con un proyecto periclitado y sin sentido, un motivo similar al que adujo Soledad Lorenzo cuando anunció su propio cierre. "Esto lo aprendí de Joan Miró. Cuando te vuelves mayor, le das más valor a la palabra vida. Por eso quiero decir adiós con la galería muy viva", manifiesta. Y así será: hasta el mes de junio, las galerías de Palma y Barcelona desplegarán un programa expositivo con la misma calidad de siempre. La de Amparo Sard en Ciutat y las de Martín y Sicilia y David Curto en la Ciudad Condal serán las últimas muestras que Cano –nieto del exalcalde palmesano Emili Darder– inaugure en sus espacios.

Desde el primer momento que abrió 4 Gats en la calle Sant Sebastià (corría 1973), a Ferran le intranquilizaba el hecho de no desarrollar una línea artística muy delimitada. Lo suyo era el eclecticismo. "Combinamos desde el principio artistas reputados y muy consagrados con otros jóvenes, algunos de los cuales se han convertido ahora en nombres de mucho prestigio", relata el galerista. En concreto, recuerda a Miquel Barceló. "Creo que fuimos la primera galería con la que expuso. Él tenía 17 años. Pero eso tampoco tiene tanta importancia". La humildad de Cano es ancha como Castilla.

Ferran nunca acaba de agradecerle cosas a Miró, quien le abrió muchas puertas. Así, pudo programar las primeras exposiciones de Picasso en Mallorca, u otras de artistas como el propio Miró, Antonio Saura, Antoni Tàpies o Antoni Clavé. Tampoco se le resistieron Henry Moore, David Hockney, Man Ray o incluso nombres más conceptuales y pop como Andy Warhol o Jasper Johns. Cuando expuso a este último, en la isla le llegaron a acusar de filoyanqui: "Ferran, te has vendido a la CIA", le dijeron. Pero lo que realmente sucedía es que en Palma, en aquella época, la gente no conocía a Johns, y tampoco su marcado carácter antiimperialista.

Cuando murió Miró y las galerías dejaron de ser centros de reunión y de lucha –bienvenida la democracia–, Cano dejó de exponer a artistas consagrados para centrarse en los jóvenes. "El mercado cambió. Llegó el capitalismo feroz, y yo quería ser independiente, no quería ser la sucursal de nadie", apunta. Entonces cerró 4 Gats y abrió otra galería (por un momento, estuvo a punto de no ponerla en marcha), esta vez bautizada con su propio nombre. Y llegó la época de las ferias. Ferran lleva más de cien a cuestas. Pero el cuerpo le ha dicho basta. "A partir de ahora quiero mirar el arte y las exposiciones con libertad, de manera menos utilitaria", asegura.

Ferran se quita las gafas, y nos sigue mirando con sus ojos, aún tan vivos. Unos ojos a través de los cuales Palma ha estado mirando el mejor arte de los últimos 40 años. Unos ojos sabios, curtidos y entusiasmados que se cerrarán en julio.

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