07 de julio de 2012
07.07.2012

Sonó la música, calló Foster

El Premio Pritzker acudió con su esposa a la inauguración del Festival de Pollença, a medio aforo

07.07.2012 | 08:50
Norman Foster y su esposa, Elena Ochoa, llegan al claustro de Sant Domingo para participar en la inauguración del Festival de Pollença.
Con puntualidad británica llegan los Foster a la plaza del claustro de Sant Domingo. Conocidos por su diletantismo y melomanía, acuden a la inauguración del festival de música de Pollença, en cuyo programa consta la sinfonía que el compositor Joan Valent le brinda al premio Pritzker. La que sonó ayer no es la primera música que el mallorquín compone para el arquitecto, pues hay que recordar que también es suya la partitura de la banda sonora del documental ¿Cuánto pesa su edificio, señor Foster? Baja de una berlina oscura y pisa los adoquines la familia del arquitecto al completo: sir Norman, su mujer Elena Ochoa y sus dos hijos Paula y Eduardo. La estampa se agranda con la cuidadora de los chicos y un amigo de Nápoles. Valent, director también del ciclo cultural, les recibe en la puerta. Y fotos a cuerpo para la pareja. Avanzan lentamente hasta los pasillos del claustro, el escenario del concierto de apertura, donde Foster comenta a DIARIO de MALLORCA que estuvo trabajando "hace muchos años" sobre el Parc de Ses Estacions de Ciutat. El arquitecto obvió hacer comentarios sobre una obra que podría haber sido suya, y a cambio concedió que "Palma es una ciudad muy bonita". Eso fue todo lo que Foster declaró anoche. Un día en que deseaba estar tranquilo con su familia. Así lo transmitió. La suya fue una visita breve, sin duda, a tenor de lo que apuntó Elena Ochoa: "Nos marchamos mañana mismo. Hemos venido exclusivamente a lo de esta noche".
Los Foster tomaron asiento en la fila 9 del patio del convento, a medio aforo. Y sus hijos se acomodaron algo más atrás. Junto a la pareja se sentó Joan Valent, que anunció que la sinfonía que había compuesto para Foster era "muy intensa y rítmica". Los insignes invitados al festival estudiaron el programa de mano juntos. Y poco después, la hija de ambos, Paola, acompañó a su padre Norman a rodear el claustro.
El público local no estuvo pendiente del reloj. A poco de ser las 22 horas, llegaron las autoridades, entre ellas el alcalde de Pollença Bartomeu Cifre o la directora general de Cultura Bel Cerdà. Detrás de ellos avanzaba por los pasillos la concejal del área Malena Estrany, que saludó a Foster, quien alabó la belleza del convento.
De las más de 700 plazas ofrecidas para el recital, sólo se llenó la mitad. "Este año hemos puesto a la venta también las laterales. Es la primera vez que lo hacemos, y por eso parece que el centro del patio está más vacío", comentó Estrany. Pasada la hora de arranque del festival, un pequeño manojo de rostros conocidos hizo acto de presencia. Entre ellos, el arquitecto Luis García Ruiz, quien hizo de cicerone a Foster en 1993 por el Parc de Ses Estacions. El grupo –formado también por el abogado Juan Buades y su mujer Teresa Castellà– se devolvió efusivos saludos y abrazos con el Pritzker.
La Orquestra Simfònica irrumpió en el escenario unos minutos tarde, aguardando a que terminara de llegar el público. Segundos después entró el director Josep Vicent, quien condujo a la formación por la partitura de la sinfonía From the New World de Antonin Dvorak. Cincuenta minutos bien ejecutados que hicieron acopio de abundantes aplausos. Tras los minutos de descanso, se dio paso a una entrada fuerte de percusión, el estreno mundial de la Foster´s Symphony, oceánica y envolvente pieza de Valent.
Tras el concierto, hubo una cena privada a la que estuvieron invitados el arquitecto y su esposa.
En conclusión, el sus del festival fue positivo, pero la falta de público lo deslució un poco.
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