28 de julio de 2009
28.07.2009
Entrevista. Pep Pinya / Galerista

"Si Joan Miró no hubiera entrado en la galería, yo no me dedicaría a vender arte"

El proyecto que comenzó siendo "una afición" cumple ahora 40 años. El próximo día 30 soplará las velas en la colectiva estival de Rebecca Horn y Janis Kounellis

28.07.2009 | 00:09
Pep Pinya se apoya en los dos pilares de la profesión: "el olfato y la honradez".
Pep Pinya vendía complementos de ropa, pero tenía un problemilla: le gustaba el arte. En 1969 invirtió los beneficios de su negocio para abrir la primera galería de arte de Mallorca. Ahora le ha pasado el testigo a su hijo Frederic, pero lleva la profesión en las entrañas: "Sólo dejaré de ser galerista cuando me muera".

–¿Qué le dijo Joan Miró que tanto le animó a continuar?
–Miró es mi padre. Si no hubiera entrado aquel día, yo no sería un galerista accidental, sino inexistente. No vendería arte. Vino dos semanas después de abrir. Me dijo: "Esta galería tiene que ser para mí y mis amigos".

–Abrió en el 69. En las retinas aún estaba Mayo del 68.
–Artistas como Saura, Chillida o Tàpies, entre otros, eran considerados gente de izquierdas. Y nosotros los exponíamos. Además, la Pelaires pasó a convertirse en caja de resonancias de lo que sucedía en Europa y América. Estas dos circunstancias nos causaron muchos problemas con la autoridad, como la condena a seis meses de cárcel de mi ex mujer por unas pegatinas que protestaban contra el Proceso de Burgos.

–¿Les vigilaban?
–Muchísimo. Se quedaban con la gente que entraba y salía de cada exposición.

–¿Quién se atrevía a entrar en la galería?
–Otros artistas, los poetas, algunos ciudadanos. La prensa nos ayudó mucho. La gente no entendía nada, educada en el costumbrismo figurativo. Recuerdo a un padre que un día entró con su hijo en la galería. Teníamos a Tàpies. Y exclamó alarmado: "Vámonos, que esto es comunismo organizado".

–¿Cómo consigue uno su público?
–He hecho mucho proselitismo. Empecé a vender piezas importantes cuando la galería llevaba en marcha 12 ó 13 años. Durante el franquismo, no había museos ni colecciones. Ahora hay muchos, y, sin embargo, la situación del arte contemporáneo español ha cambiado poco. Fuera no hay ningún español, exceptuando algo de Plensa, Uslé o Juan Muñoz.

–¿Están fallando los galeristas? ¿No bastan las ferias de arte?
–Hay demasiadas. El problema es que la gestión política hacia el exterior es negativa.

–¿Qué artistas se le han escapado?
–Bacon, del que tuve obra en una colectiva, o Lucian Freud.

–¿Y Barceló?
–He tenido una colectiva y otra individual de él. Y me gustaría poder tener alguna más.

–¿Cuándo puede la Pelaires hablar de beneficios?
–Entre 1985 y 1986. En esta época se abrieron museos por toda la geografía española, nacieron colecciones que realmente necesitaban comprar.

–¿Cómo elige ahora a un artista? Parece que apuesta por la consagración. No contempla riesgos o autores, digamos, underground.
–No es así. Nosotros seguimos al artista directamente. Me interesa cuando veo que no ha creado un cliché determinado que en ese momento es lo que vende. Si veo que tiene un desarrollo interesante, le visitamos y estudiamos si hay posibilidades de trabajar juntos. Además, un cliente tiene derecho a pagar un dinero y llevarse una obra de arte que tiene un valor dentro del mercado. De ahí la honradez del galerista, que no sólo vende teoría del arte.

–¿Les ayudan lo suficiente las instituciones de la isla?
–Ayudarnos sí nos ayudan. Pero éste no es el problema. La cuestión es que no tienen proyecto cultural a largo plazo. Gobiernan por cuatro años.

­–¿Recuerda su primer ARCO?
–El primer año se hizo en el Palacio de Congresos del Paseo de la Castellana. Había tan poca gente. Y ahora estamos en los miles y miles de personas. A partir de ARCO se puede trazar la historia del arte contemporáneo de este país.

–¿Qué características debe tener un buen galerista?
–Buen olfato y honradez con lo que ofrece.

–¿Y usted lo tiene?
–No sé si lo tengo. Te podría decir que el 95% de los artistas que están en los mejores espacios de Palma, como es el caso del Museu Juan March, han pasado por esta galería.

–Se acabaron las firmas en los catálogos de grandes de la talla de Mario Vargas Llosa, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda o Vicente Aleixandre. ¿Por qué han desaparecido las grandes colaboraciones?
–Ahora todo está más disperso. Y es más difícil conseguir estas conexiones entre pintor y escritor.

–Consiguió que el Rey le inaugurara el centro cultural en 1990.
–Fue uno de los días más felices de mi vida. Estuvo con nosotros hora y media o dos. Aquello fue una pequeña bomba atómica. Movió muchos cimientos.

–¿Agitador cultural?
–No, inconformista cultural. Siempre pienso que hay un más allá y que hay otro artista.

–¿Qué consejo de otro galerista le quedó grabado?
–Un galerista judío de Suiza me dijo: "Tómatelo con calma. Los clientes te ayudan a subsistir, y los que no te compran te harán más rico".

–¿?
–Tengo un picasso que costaba hace muchos años 900.000 euros. Piensa que esta obra que no me compraron cuesta ahora cien millones.

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