04 de julio de 2008
04.07.2008
el foso

"Polònia", es decir, ninguna parte

04.07.2008 | 02:00
Los Beatles no sé si pensaban en Ubú rey cuando llamaron Nowhere Man ("el hombre de ninguna parte") a una de sus criaturas, que luego apareció en la psicodélica película de dibujos animados El submarino amarillo. Porque "la acción transcurre en Polonia, es decir, en ninguna parte" es la acotación con que comienza la pieza de Alfred Jarry. Ciertamente Polonia no existió durante decenios, se la dividieron rusos, austriacos y prusianos, a pesar de lo cual los polacos seguían existiendo y hasta componían polonesas (como Chopin). Esos comunes anhelos nacionalistas son motivo de que a los catalanes se les llamara (y se les llame) "polacos", y todavía hoy Polònia, el programa de TV3, constituye un sano ejercicio de sátira política; inconcebible, a lo que parece, en el resto de televisiones, en las que, en cambio, tanto abunda el detritus. Georges Brassens lo dijo mejor todavía: "Los felices imbéciles que han nacido en algún sitio".

LA VICTORIA de la selección española en la Eurocopa (no soy muy futbolero; pero me alegro) ha traído consigo dos manifestaciones de nacionalismo, de signo contrario (que es lo que suele pasar). Y ojo que el nacionalismo no es pecado, si no se abusa. Como todo. Una, bastante lógica, la de los montones de seguidores que se echaron a la calle a celebrarlo y a gritar "Viva España". Hombre, pues es normal, para una vez que se gana algo. Me revienta profundamente, eso sí, que algunas banderas fueran franquistas, de las del pajarraco. La otra, bastante mezquina, la de unos pocos independentistas que le dieron al sms (el otro día, también en TV3), para dejarnos bien clarito que ellos iban con los alemanes y que qué vergüenza tanto estandarte español en Cataluña. Afortunadamente, el actor Joel Joan (que no ha ocultado nunca sus ideas) puso una nota de sensatez y de caballerosidad, comentando que es la selección de un "país hermano" (así lo ve él) y que juegan en ella unos cuantos catalanes (más que en el Barça, recordó alguno).

OTRA nueva ocurrencia nacionalista es ese "Manifiesto por la lengua común", enarbolado por la pizpireta jacobina Rosa Díez. En un principio pensé que se referían al chino, que va a ser nuestro idioma colectivo, al fin y al cabo, en unos pocos años. No está en chino, pero como si lo estuviera. Joan Riera y Josep J. Rosselló tenían toda la razón, en las páginas de este mismo periódico, cuando comentaban que el documento refleja una supina ignorancia de lo que realmente ocurre en las comunidades bilingües españolas. Como mínimo, en ésta. A los que me digan que el español se encuentra en inferioridad de condiciones, les sugiero que miren la cartelera de cines (por ejemplo) y luego me cuentan en qué idioma están las películas. Por cierto: Luis Aragonés, según leo, se ha adherido al manifiesto ése. Así que prefiero quedarme con otro detalle: el brasileño Senna jugó la final con "los rojos", el español Gómez con los alemanes. Ay de los imbéciles que hemos nacido en algún sitio?

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