Esther Bautista, psicóloga experta en Trastornos de Conducta Alimentaria: “La gordofobia no está en el cuerpo, sino en lo que hemos aprendido a pensar sobre él”
La especialista recomienda priorizar el bienestar y la seguridad ante los insultos, y buscar ayuda profesional si la gordofobia afecta al estado de ánimo o las relaciones

Esther Bautista / E.B.
Esther Bautista es psicóloga especialista en Psicología Clínica y experta en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). Actualmente, desarrolla su labor en el Programa de TCA del Instituto Balear de Salud Mental para la Infancia y la Adolescencia (IBSMIA) del Hospital Universitario Son Espases. Desde su experiencia clínica, aborda el impacto psicológico de la gordofobia y las consecuencias que pueden tener los comentarios y la presión social sobre la imagen corporal.
P: ¿Qué es la gordofobia y cómo afecta psicológicamente a quienes la sufren?
R: Aunque la palabra gordofobia no aparece en el diccionario, se utiliza para describir la discriminación y exclusión que sufren las personas con sobrepeso por su cuerpo. Se basa en prejuicios muy extendidos, como pensar que una persona gorda no cuida su salud. Sin embargo, el peso depende de muchos factores, entre ellos la genética, la biología, el entorno social y económico y la psicología. El estigma relacionado con el peso puede provocar vergüenza corporal, baja autoestima, ansiedad, aislamiento y una peor calidad de vida. Aunque muchas veces, el sufrimiento no procede del cuerpo en sí, sino de la discriminación y de la presión social.
P: ¿Qué consecuencias puede tener recibir comentarios ofensivos sobre el cuerpo de forma constante en redes sociales?
R: Los insultos, burlas y comentarios despectivos repetidos pueden convertirse en una forma de acoso psicológico. Que sucedan a través de una pantalla no significa que tengan menos impacto. Al contrario, cuando los mensajes son públicos, se repiten o se viralizan, pueden generar vergüenza, ansiedad, tristeza y preocupación por el aspecto físico, lo cual puede favorecer una relación más negativa con el cuerpo. Aunque sí bien es cierto que no todo el mundo reacciona igual, y contar con apoyo social y un entorno protector puede ayudar a reducir las consecuencias de estas experiencias.
P: ¿Cuáles son los problemas de salud mental más frecuentes relacionados con la gordofobia?
R: Puede haber ansiedad, síntomas depresivos, baja autoestima, vergüenza e insatisfacción corporal. También puede aparecer aislamiento social, por miedo a ser observado o juzgado, y aumentar el riesgo de desarrollar conductas alimentarias problemáticas o trastornos de la conducta alimentaria, como el trastorno por atracón. Eso no significa que la gordofobia vaya a provocar necesariamente un trastorno mental. Pero sí puede aumentar el malestar psicológico. En mi opinión, el problema no siempre está en el cuerpo, sino también en lo que hemos aprendido a pensar sobre él.
P: Muchas personas justifican los comentarios sobre el peso diciendo que “es por su salud”. ¿Cómo se distingue una preocupación real de un comentario gordófobo?
R: La diferencia está en el contexto y, sobre todo, en el respeto por la autonomía de la persona. Si alguien quiere hablar de su salud, lo adecuado es escuchar y centrarse en su bienestar, sus síntomas o sus hábitos, y no simplemente en su aspecto físico. En cambio, utilizar la salud como excusa para opinar sobre el cuerpo de otra persona, especialmente en público, sin conocer su situación y sin que lo haya pedido, puede ser gordofobia. Avergonzar a alguien, hacer comentarios sobre su peso o decirle que debería adelgazar no es cuidar de su salud. De hecho, puede empeorar el bienestar psicológico.
P: ¿Qué recomienda a una persona que recibe insultos o burlas sobre su peso en redes sociales?
R: No existe una única manera correcta de responder. Lo primero es priorizar la seguridad y el bienestar. No responder es una opción completamente válida porque no tenemos la obligación de educar ni de convencer a quien nos insulta. Si se decide contestar, puede bastar con poner un límite. Bloquear, silenciar o restringir a alguien tampoco es una muestra de debilidad, sino una forma de autocuidado. Y cuando hay amenazas, acoso persistente, difusión de imágenes o datos sin consentimiento, suplantación de identidad o discurso de odio, es importante denunciar.
P: ¿Cómo se puede proteger la autoestima cuando estos mensajes se reciben de forma continuada?
R: Proteger la autoestima no significa aprender a que la discriminación no duela. Puede doler, y no hay que responsabilizar a quien la sufre por ese daño. El objetivo es recuperar seguridad, dignidad y capacidad de decisión. Un primer paso es identificar lo que está ocurriendo. El cuerpo no tiene que ser delgado, atractivo ni cambiar para merecer respeto. No es necesario amar nuestro cuerpo. También puede ser útil reducir la exposición a contenidos centrados en el peso, establecer límites y rodearse de personas que respeten la diversidad corporal. Y, sobre todo, pedir ayuda cuando sea necesario, que puede ayudar a construir una relación más saludable con uno mismo.
P: ¿Cuándo es recomendable pedir ayuda psicológica?
R: Cuando los comentarios de fuera empiezan a vivir dentro de uno mismo. Es recomendable buscar ayuda cuando la gordofobia afecta de forma persistente al estado de ánimo, la autoestima, las relaciones o la alimentación. Ante autolesiones o pensamientos relacionados con la muerte, es fundamental buscar ayuda profesional de forma inmediata.
P: ¿Qué mensaje daría tanto a quienes sufren gordofobia como a quienes creen que las bromas sobre el peso “no hacen daño”?
R: A quienes sufren gordofobia les diría que lo que sienten importa y que no tienen que fingir que no les afecta. Los comentarios sobre el peso, aunque se presenten como bromas, pueden dañar la autoestima y afectar a la relación con el cuerpo y con la comida. No hay que pesar menos para merecer respeto, amor, ropa bonita o recibir una atención sanitaria digna. Y a quienes hacen esos comentarios les diría que la intención no elimina el impacto. Una broma sobre el cuerpo de otra persona puede reforzar la idea de que determinados cuerpos son motivo de burla y contribuir a la discriminación. Cuidar el lenguaje no es exagerar, sino una forma básica de respeto.
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