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Viruela del mono: qué es, cómo se transmite, síntomas y tratamiento

La viruela del mono penetra en el cuerpo a través de heridas, vías respiratorias, ojos, nariz y boca, y sus síntomas son similares a la gripe, con erupciones en la piel

Viruela del mono

Viruela del mono

Redacción

La viruela del mono es una enfermedad causada por un virus del género Orthopoxvirus, como la Variola Virus. Es endémica en África central y occidental, donde circula en huéspedes animales desconocidos y, de forma periódica, afecta a humanos.

¿Cómo se contagia?

En contra de lo que se puede deducir de su nombre, los que propagan esta enfermedad son sobre todo los ratones silvestres. Y en menos medida, algunos monos y ardillas.

Incluso se cree que puede contagiarse a través de objetos contaminados como indumentaria o ropa de cama.

En cuanto al contagio entre humanos, parece que el virus ingresa al cuerpo a través de heridas de la piel, las vías respiratorias, los ojos, la nariz y la boca.

Y los precedentes estiman que el período de incubación de la enfermedad es de 8 días.

Síntomas

Los síntomas son parecidos a la gripe e incluyen los típicos dolores musculares, fiebre, escalofríos, agotamiento, dolor de cabeza, dolor de espalda, ganglios linfáticos inflamados…

Y, por supuesto, la típica erupción tan característica de la viruela, que en este caso suele comenzar por la cara para extenderse a otras zonas del cuerpo, sobre todo las palmas de las manos y las plantas de los pies.

Lo más frecuente es que comience el sarpullido cuando empieza a subir la fiebre.

Y como ocurre en la viruela, la erupción de la viruela del simio comienza en forma de manchas planas y rojas, que luego se convierten en ampollas que se llenan de pus, formando pústulas. Al cabo de varios días, las pústulas forman costra.

Y los picores pueden provocar una comezón tan fuerte que el propio paciente acabe arrancando las costras lo que luego dejará cicatrices.

Tratamiento

El tratamiento se centra principalmente en aliviar los síntomas, ya que tiene a resolverse por sí sola. Así, la mayoría de los pacientes se recupera con control del dolor y cuidados generales: hidratación, antitérmicos si hay fiebre, y cuidado de las lesiones para reducir el picor, la inflamación y el riesgo de sobreinfección bacteriana (por ejemplo, si aparecen enrojecimiento intenso, pus o empeoramiento del dolor). En casos graves, la enfermedad podría tratarse con antivirales.

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