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Fútbol | Primera División

RCD Mallorca: los líos extradeportivos que también llevaron al descenso

Los errores deportivos, el desgaste institucional y la fractura con la afición han llevado al club de la Supercopa a bajar a Segunda en 18 meses

Aficionados del Mallorca se encaran con Mojica en Son Moix, en enero de este año

Aficionados del Mallorca se encaran con Mojica en Son Moix, en enero de este año / S. Fullana

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Manuel Fernández

Manuel Fernández

Palma

El Mallorca consumó un descenso tan doloroso como difícil de explicar hace apenas año y medio, cuando el club venía de haber sido finalista de la Copa del Rey y se había ganado el derecho a disputar la Supercopa de España. Desde entonces, los errores deportivos, el desgaste institucional, la fractura con la afición y una sucesión de episodios extradeportivos fueron minando la estabilidad del club hasta desembocar en el peor desenlace posible: bajar a Segunda División.

El descenso no se entiende solo por los últimos resultados. La caída empezó mucho antes. El primer aviso serio llegó el 3 de enero de 2025, con una eliminación humillante en la Copa del Rey ante el Pontevedra. El Mallorca, subcampeón de la edición anterior, cayó goleado por 3-0 en Pasarón frente a un rival de Segunda Federación. Aquella derrota dejó muy tocado el crédito del equipo y provocó un fuerte malestar en una afición que hasta ese momento había disfrutado de un equipo que prácticamente había asegurado la permanencia en solo seis meses.

Imagen de los aficionados del Mallorca a la salida del estadio

Imagen de los aficionados del Mallorca a la salida del estadio de Yeda, en Arabia / J.M.B.

Pocos días después, la Supercopa de España en Yeda enturbió el ambiente en la plantilla y en la entidad. La derrota ante el Real Madrid, también por 3-0, quedó en segundo plano por los incidentes sufridos por familiares de jugadores, y también por aficionados, en Arabia Saudí. Mujeres como Cristina Palavra, pareja de Dani Rodríguez, y Natalia Kaluzova, pareja de Dominik Greif, denunciaron tocamientos, empujones, insultos, grabaciones y una evidente falta de seguridad. El episodio generó indignación, críticas a la Federación Española (RFEF), reproches al propio club por su presencia en el torneo y su falta de contundencia en denunciar la situación vivida. Y hasta quejas oficiales del Govern balear. La imagen del Mallorca quedó seriamente dañada.

Aquel mes de enero acumuló todavía más ruido. La FIFA sancionó al club con la prohibición de fichar durante tres ventanas por una deuda de apenas 50.000 euros en derechos de solidaridad con un club turco. El Mallorca negó la sanción, que acabó siendo levantada tras regularizar el pago, pero el daño ya estaba hecho y creció en la afición un sentimiento de improvisación y fragilidad institucional.

Dinámica negativa

Lo sucedido en la Supercopa y la débil reacción del club hicieron estragos en lo anímico, porque el equipo vivió a partir de ahí una racha negativa que incluso hizo temer por una permanencia que parecía asegurada en diciembre. Solo tres victorias y cinco empates entre enero y mayo, quince jornadas que hicieron temer lo peor a la afición.

El final de la temporada 2024/25 dejó otra imagen premonitoria de lo que vendría después. El 18 de mayo, en Son Moix, durante el partido ante el Getafe (2-1), el ambiente fue casi irrespirable. Pablo Maffeo fue increpado con gritos de “¡Maffeo, vete ya!” y respondió desde el banquillo agitando la camiseta. Cyle Larin marcó, pero mandó callar a la grada. Aquella tarde simbolizó el divorcio entre parte de la plantilla y la afición tras una segunda vuelta decepcionante.

Maffeo, en el momento que le corearon «vete ya».

Maffeo, en el momento que le corearon «vete ya» ante el Getafe al final de la Liga pasada / Manu Mielniezuk

El verano no sirvió para reconstruir la confianza. El mercado de 2025 dejó apuestas interesantes, como Jan Virgili y Pablo Torre, pero también muchas dudas. La afición y parte de la crítica echaron en falta refuerzos de verdadero impacto en ataque y defensa. La planificación fue vista como insuficiente, demasiado prudente para un equipo que ya venía mostrando señales preocupantes.

La Liga empezó de la peor manera. El 16 de agosto, el Mallorca cayó 0-3 ante el Barça en un partido marcado por la polémica arbitral. El segundo gol azulgrana llegó con Antonio Raíllo tendido en el suelo tras un golpe en la cabeza, sin que el árbitro detuviera el juego. Después llegaron dos expulsiones muy protestadas, las de Morlanes y Muriqi. El CTA admitió posteriormente el error en la acción de Raíllo, pero el Mallorca ya había salido golpeado de una noche que alimentó la sensación de agravio. Aunque desde el club nadie reclamara tal injusticia.

Dani Rodríguez y el inicio de la crisis

El equipo solo sumó un punto en las primeras jornadas y se metió muy pronto en zona de descenso. Y a la alarma deportiva se sumó el escándalo con Dani Rodríguez tras el partido en el Bernabéu. El entonces capitán criticó públicamente a Jagoba Arrasate y al club por no haber tenido minutos pese a estar sus familiares en la grada. Y por hacer jugar a Virgili, que llevaba escasos días de entreno, en su detrimento. Fue suspendido de empleo y sueldo durante diez días, perdió la capitanía de forma permanente y, aunque en diciembre acabó rescindiendo su contrato, siguió en la plantilla y entrenando con el grupo hasta su marcha. Este episodio dejó al descubierto una tensión interna que nunca terminó de cerrarse.

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RCD Mallorca

La temporada siguió acumulando golpes. En diciembre llegó una nueva decepción copera, esta vez ante el Deportivo de La Coruña, en Riazor. La fractura con la afición, por los malos resultados, fue a más. Tras un partido ante el Rayo, varios seguidores recibieron a la expedición en Son Moix con gritos de “directiva dimisión” y críticas a los futbolistas. Johan Mojica llegó a bajarse del coche para discutir acaloradamente con algunos hinchas. Días después, la derrota por 0-3 ante el Atlético de Madrid hundió todavía más al equipo en puestos de descenso directo.

Estaba el mercado de invierno en marcha y el club volvió a dejar la sensación de desaprovechar una oportunidad para reforzarse, llegando Justin Kalumba y Zito Luvumbo. Dos jugadores que no apuntaban a elevar el nivel. Pablo Ortells, el director deportivo, defendió la apuesta por la plantilla, pero el descontento en la afición era evidente.

Tampoco ayudó el desgaste institucional. En febrero, la Comisión Estatal contra la Violencia propuso una multa de 20.000 euros al Mallorca por prestar apoyo a un grupo radical y otorgarle un papel preponderante en Son Moix. En marzo llegó otra propuesta de sanción, esta vez de 10.000 euros, por la exhibición de una bandera de un grupo radical del Betis en la grada visitante. Dos episodios que no ayudaron a la imagen del club en un momento ya crítico.

El último movimiento de la directiva para levantar el equipo fue mover el banquillo. El 23 de febrero, el técnico Jagoba Arrasate fue destituido. Martín Demichelis llegó con la misión de rescatar a un equipo hundido anímicamente. Faltaban solo 12 jornadas para el final de la Liga y el cambio pareció funcionar al principio, pero no bastó. El Mallorca siguió caminando sobre el alambre, con lesiones, decisiones arbitrales controvertidas y derrotas dolorosas.

El último lío, Demichelis-Kumbulla

Y para rizar el rizo, con la salvación dependiendo de otros equipos y la necesidad de ganar al Oviedo en la última jornada, Demichelis señaló a Kumbulla en la rueda de prensa previa. Unas palabras que encontraron respuesta en el defensa albanés.

El descenso a Segunda División es el punto final a un año y medio de deterioro constante. En el aspecto deportivo y, sobre todo, extradeportivo. El equipo, el club, ha ido perdiendo solidez, confianza, identidad y conexión con su gente en un año y medio para olvidar.

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