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Fútbol | RCD Mallorca

Opinión | Hasta los niños malos piden perdón

Imagen del palco en el Estadi Mallorca Son Moix en el partido ante el Oviedo

Imagen del palco en el Estadi Mallorca Son Moix en el partido ante el Oviedo / Guillem Bosch

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Emilio Pérez de Rozas

Emilio Pérez de Rozas

Palma

Todo el mundo quieto. Aquí no se mueve nadie. Perdón, aquí no se va nadie. Es más, son tan atrevidos (a usted y a mí se nos ocurren adjetivos mucho más adecuados para todos ellos, pero nos los guardaremos para la intimidad), que lo primero que hicieron todos, bueno, todos menos el dueño, que no tiene por qué dar explicaciones a nadie, pues por algo es el dueño de algo que no han querido, que han rechazado, los mallorquinistas, los ricos y los no tan ricos, es asegurar, desear, afirmar, que se quedan.

La cascada de “me quedo”, “sigo”, “aquí estoy y no me voy”, “levantaremos esto”, “sabemos lo que hay que hacer” (perdón, no, no, esta última frase no la ha pronunciado nadie), insisto, el primero en apuntarse al carro de “me quedo”, “sigo”, “encantado de vivir y trabajar en esta maravillosa isla”, fue el mismísimo entrenador, Martín Demichelis y, encima, ¡¡¡¡muuuuucho antes!!!! de que la guillotina le cortase el cuello, ayer, en Son Moix. Fue el primero que dijo “estoy a la disposición del club, me encantaría quedarme”.

Pero es que, después de Demichelis, han decidido quedarse todos. Eso sí, después de pedir perdón. Perdón han pedido todos, ¿y? Perdón piden hasta los niños de cuatro años cuando rompen un vaso. Perdón le pedía yo, constantemente, a mi padre cuando llevaba cuatro suspensos a casa y le decía “papá, es que han aprobado diez” y él me respondía “¿y por qué no eres tú uno de esos diez?”.

Pedir perdón y seguir como si no hubiese ocurrido nada es el último grito. El siguiente en pedir perdón fue Sergi Darder, que volvía a casa y vuelve a coleccionar otro descenso sobre sus espaldas, es decir, que sabe de lo que habla. Fue, cierto y eso sí que hay que agradecérselo, durísimo con su fútbol (perdón, con su no fútbol). “Al final, tras 38 jornadas, el fútbol te pone donde toca. Debemos de dar todo lo que tenemos para volver a subir a Primera”. Si todo lo que tenéis, muchachos, no os ha dado para manteneros en Primera, ¿por qué ha de serviros para regresar a Primera?

Luego, el que inmediatamente bajó a dar la cara ante los periodistas fue el director de Negocio, que ha acabado convertido en algo aún más retorcido, en CEO de Negocio, que ya veremos qué hará, ahora, en Segunda, con todo lo que ha construido en Son Moix, grandilocuencia ya para Primera, imagínense para Segunda.

“Tenemos que seguir trabajando”, dijo Alfonso Díaz, que, por descontado, como Demichelis y Darder, se queda. “Ya hemos pasado por esto, vamos a reconstruirnos, sacar el club adelante y regresar a Primera”. Cuando dijo “ya hemos pasado por esto”, pensé: ¿y qué habéis aprendido? Pues, visto lo visto, mucho no aprendieron, no, pues han regresado a la casilla de salida.

Y, luego, medio oculto, o no, apareció el que todos, todos, consideran el gran responsable del gran fiasco, Pablo Ortells, el director deportivo, que no solo ha fracasado estrepitosamente, sino que ha fracasado poco a poco, a ojos de todos los que vimos, desde el minuto uno, que esta plantilla no daba para más. Y, para hacerse el despistado, se cargó a Jagoba Arrasate, por hacer algo, por meterle mano al equipo, y puso a Demichelis, que pasaba por allí y aceptó lo que no aceptaron tres técnicos anteriormente: trabajar colgado de la brocha.

“Pido disculpas”, sí, sí, también Ortells arrancó con el mismo llanto que Demichelis, Darder y Díaz, también. “No tengo ningún problema en asumir la responsabilidad de este descenso, pero me quedo y hoy mismo empiezo a trabajar para devolver al equipo a Primera División”. Y se quedó tan tranquilo, o no, pero preocupado no se le notó, no. La gente que lleva 100 años en el fútbol sabe tomarse las cosas con filosofía y, aunque parece dolerles, eso solo lo parece.

Lo he contado mil veces y, hoy, también es día de volver a explicarlo. Esta isla no va a sufrir ni un ápice por tener a su equipo en Segunda División, como tampoco disfrutó de tenerlo en Primera.

Créanme, esta isla vive por otros asuntos, por eso el Real Mallorca tiene el dueño que tiene y los responsables administrativos y deportivos que tiene, a los que nadie, nadie, a excepción de quince peñistas o aficionados (la mitad argentinos ¡y es un elogio!), les pedirá cuentas.

Desde Andy Kohlberg hasta Pablo Ortells, pasando por Sergi Darder, Alfonso Díaz y Martín Demichelis, saben que si quieren quedarse, pueden quedarse. Nadie les moverá la silla. Solo tienen que decirlo, que es lo que han hecho en el minuto 3.420 de LaLiga. Ni esperaron al añadido.

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