Fútbol | Primera División
La ruina económica del descenso para el Mallorca
La pérdida de ingresos, la reducción del límite salarial y la obligación de malvender futbolistas desmantelarían por completo el equilibrio financiero del club bermellón

FOTO: EFE | VÍDEO: Redacción Digital
Redacción Deportes
El más que probable descenso del Real Mallorca no solo supondría una hecatombe deportiva, sino también económica. El mercado de invierno ya evidenció las limitaciones financieras del club: el margen salarial está al límite, del famoso remanente apenas queda dinero y, además, la entidad ha acumulado pérdidas cercanas a los 18 millones de euros en las dos últimas temporadas.
Desde el club siempre se defendió que esas pérdidas eran “controladas”, siempre y cuando el Mallorca lograra consolidarse en Primera División. La hoja de ruta pasaba por la venta de futbolistas, una reestructuración financiera y una ampliación de capital. El escenario no implicaba un riesgo excesivo, pero tenía una condición indispensable: mantenerse en la máxima categoría. Y esa permanencia, salvo carambola este sábado, parece improbable.
El descenso abriría un escenario difícil de dimensionar. El primer golpe llegaría con el reparto televisivo. En Segunda División, ningún equipo superó los nueve millones de euros en la temporada 2024/25, mientras que el Mallorca ingresó 43,89 millones en Primera. LaLiga contempla el llamado “seguro por descenso”, calculado según factores como los ingresos acumulados en los últimos cinco años, el dinero percibido por derechos televisivos y las temporadas consecutivas en la élite. Tras cinco años en Primera, el Mallorca recibiría una ayuda importante, aunque insuficiente para compensar semejante caída de ingresos.
El coste de la plantilla debe reducirse
Otro factor clave sería el Límite de Coste de Plantilla Deportiva (LCPD). El del Mallorca ronda actualmente los 61 millones de euros, una cifra imposible de sostener en Segunda División. El descenso obligaría a reducir drásticamente la masa salarial y activaría cláusulas que rebajan automáticamente muchos sueldos. Aunque se desconocen los detalles de los contratos, la reflexión de Martín Demichelis tras la derrota ante el Levante resume bien el contexto: “Cada uno tiene su ambición en la vida”. Y esas ambiciones, deportivas y económicas, hacen difícil imaginar que determinados futbolistas acepten continuar en Segunda.
Además, esta plantilla tiene mucho más valor de mercado y más nombres consolidados que la que descendió en la temporada 2019/20. Entonces, gran parte del bloque permaneció en el club y logró el ascenso un año después. Ahora, en cambio, cuesta imaginar un escenario similar. La sensación es que el descenso provocaría una desbandada mucho mayor.
Eso aceleraría ventas que, en caso de permanencia, podían considerarse opcionales, pero que pasarían a ser imprescindibles. Futbolistas como Samu Costa o Vedat Muriqi se convertirían en activos obligados para generar ingresos inmediatos. El problema es que el Mallorca también perdería gran parte de su capacidad negociadora, lo que reduciría la cantidad percibida por estos futbolistas.
Lo que hasta hace poco era un plan financiero a medio plazo se transformaría en una urgencia inmediata: vender, refinanciar y ampliar capital, sí, pero con mucha menos capacidad de maniobra y mucho más margen de error.
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