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Fútbol

El Mallorca, un club en estado de shock

La propiedad busca explicaciones a un desastre deportivo que nadie esperaba en la planta noble y es consciente de que cualquier declaración pública será insuficiente para calmar a una afición dolida y enfadada

Andy Kohlberg, junto a Alfonso Díaz y Pablo Ortells, entre otros, en el palco del Ciutat de València.

Andy Kohlberg, junto a Alfonso Díaz y Pablo Ortells, entre otros, en el palco del Ciutat de València. / LaLiga

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Sebastià Adrover

Sebastià Adrover

Palma

El golpe es de dimensiones desconocidas. El Mallorca está en estado de shock después del descalabro ante el Levante (2-0), que le deja con un pie y medio en Segunda División. Las matemáticas todavía le conceden opciones de salvación, aunque sería más un milagro que una carambola. Lo cierto es que este descenso no estaba en la agenda de nadie en la planta noble del club. Y quizá ese sea uno de los grandes problemas de una entidad que necesita una reflexión profunda para detectar qué le ha llevado a este desastre.

Está por ver cómo reacciona el propietario, Andy Kohlberg, pero no puede mirar hacia el otro lado. Ahora ya no. El compromiso de la propiedad con el club está fuera de toda duda, como han repetido desde la planta noble de Son Moix siempre que han podido, pero este varapalo descomunal no entraba en sus planes. Solo Demichelis y Darder se han dirigido públicamente a la afición a través de los medios de comunicación, mientras que el máximo accionista estadounidense; el CEO de Negocio, Alfonso Díaz y el director deportivo, Pablo Ortells, están analizando qué pasos dar ahora. Saben que cualquier declaración pública será insuficiente para calmar a una hinchada dolida y enfadada.

La llegada de Demichelis al banquillo fue un soplo de aire fresco que se notó de inmediato, sobre todo en la clasificación. Los números del equipo con el argentino no son de descenso, ni mucho menos: 15 de 33 puntos posibles. Sin embargo, la dinámica general de la temporada, unida a la incapacidad de responder en los momentos clave —como el domingo en el Ciutat de València—, ha terminado por condenarle.

Es difícil entender qué le ha sucedido a este grupo de jugadores para bajar los brazos en dos encuentros consecutivos tan nefastos, tanto en Getafe como en el feudo granota, ofreciendo una imagen impropia de un equipo que tiene hambre por seguir en Primera División. Los errores groseros en ambos partidos han sido un castigo para el mallorquinismo. La falta de entendimiento de Valjent y Leo en el segundo tanto de los azulones, o el lío de David López ante Espí frente a los granotas, tendrán un lugar destacado en el libro de los horrores del curso.

Sin embargo, todavía ha sido peor la incapacidad para tratar de revertir la situación. No es que no pudieran, es que no sabían cómo hacerlo, y eso ha sido ponerle los puntos en bandeja a unos rivales que sí demostraron fe en sus posibilidades. Es cierto que los adversarios directos de los de rojo y negro han sumado muchos puntos en pocos partidos, pero eso solo evidencia las carencias emocionales y competitivas de este equipo, no únicamente las futbolísticas.

Los bermellones no bajarán solo por haber fallado en estos dos últimos encuentros. También quedarán para el recuerdo ventajas desaprovechadas en citas vitales, como la de Pamplona, desperdiciando un 0-2 en el minuto 89 para acabar empatando, o sobre todo las derrotas en Elche y Vitoria, ambas tras adelantarse 0-1 y terminar cayendo por 2-1.

El relevo de Arrasate llegó demasiado tarde, tal y como reflejaban sus números, pero en el reparto de culpas hay que mirar mucho más allá.

Los 22 goles de Muriqi no han sido suficientes, ni tampoco los fogonazos de Virgili, que ni siquiera ha sido titular con Demichelis. Pero está claro que muchos jugadores han rendido muy por debajo de lo esperado. Y hay un detalle que invita especialmente a la reflexión, sobre todo en la más que cuestionada dirección deportiva de Pablo Ortells. El Mallorca se jugó la vida ante el Levante con Olaizola y Calatayud, dos chavales que durante toda la temporada han actuado en el filial de Tercera División y que no tienen ninguna culpa de haber vivido este esperpento en primera persona.

Está por ver cómo transcurre la semana hasta el sábado a las 21 horas, justo cuando el equipo se mide al Oviedo, pero lo que es seguro es que ahora no existe consuelo posible para un mazazo tan difícil de digerir.

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