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Fútbol

El Mallorca tiene un pie y medio en Segunda División

Los bermellones necesitan un milagro para seguir en Primera después de la vergonzosa derrota ante el Levante en un horroroso partido marcado por el clamoroso error de David López y la incapacidad del equipo por dar la talla en el Ciutat de València (2-0)

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Sebastià Adrover

Sebastià Adrover

Enviado especial a Valencia

El Mallorca tiene un pie y medio en Segunda División. Salvo milagro en la última jornada, los bermellones se han ganado a pulso bajar de categoría después de una temporada lamentable con el peor final posible. Fueron incapaces de dar la talla en los momentos en los que debía demostrar que eran de Primera y esta dolorosa derrota ante el Levante solo fue la terrorífica gota que colmó el vaso (2-0).

Un imperdonable error de David López a la media hora condicionó de forma decisiva un encuentro que era una auténtica final y en la que volvió a perder, como en sus últimos desplazamientos al campo del Elche (2-1) y Alavés (2-1). Ninguno de estos equipos, incluido el granota, son mejores, pero sí han demostrado mucha más voluntad y fe para dar la cara.

Y así se explica un desastre de dimensiones descomunales, inesperado para muchos, que tiene muchos culpables. El director deportivo, Pablo Ortells, al que su desquiciante inacción le ha acabado condenando, es uno de ellos, pero también los jugadores, muy por debajo del nivel exigido. Arrasate no dio con la tecla de ninguna manera y el efecto Demichelis no fue suficiente, por lo que el resultado es un vergonzoso descenso que quedará en la conciencia de este grupo. Para siempre. Y a todo esto el dueño, Andy Kohlberg, tendrá que decir algo de una vez a una afición desesperada y no esconderse tras la figura del CEO, Alfonso Díaz.

Es cierto que las matemáticas todavía le dejan con un hilo de vida, pero se necesita un milagro en la última jornada, en la que se medirá a un Oviedo que ya le espera en Segunda. Visto lo visto, ya es para poner en duda que estos jugadores sean capaces de vencer a los asturianos en Son Moix.

La climatología también quería apuntarse al drama porque, con un puntualidad británica, empezó a llover de lo lindo con el pitido inicial de Alberola Rojas. Incluso se oyeron truenos, quizá como guiño a lo que llegaría después. David López ya mostró nerviosismo en el primer balón que tocó, era normal, era una final en la jornada 37. El Mallorca tenía el balón, pero le faltaba ritmo y Darder y Torre apenas entraban en juego mientras que los locales solo hacían daño a través de la velocidad de Romero. Espí remató desviado de cabeza, pero lo cierto es que había más miedo a perder que voluntad por ganar.

Hasta que los visitantes mostraron algo los dientes con un sensacional testarazo de Samu Costa, a pase de Mojica, que despejó Ryan en una gran intervención.Y como al Levante le costaba generar peligro de verdad, ya se encargó su rival de darle el mejor regalo posible.

En encuentros de esta trascendencia cualquier detalle puede tirar por la borda el esfuerzo. Y lo que hizo David López es un error muy grosero. El central se hizo un lío con el balón tras un cómodo pase atrás de Mojica y Espí, que solo tuvo que presionarle, le robó la pelota y batió con facilidad a Leo Román. Un esperpento digno de la pesadilla que vivían los 500 mallorquinistas en las gradas. El canterano no se lo podía creer porque era consciente que esta jugada le perseguirá para siempre, y eso que, sin lugar a dudas, es de lo que más siente el escudo que lleva en el pecho.

El Mallorca reaccionó con dos buenas ocasiones que se estrellaron con el mismo protagonista, un fabuloso Ryan. La primera con un cabezazo de Luvumbo en el que el meta se estiró como un gato para repeler el balón. Y justo antes del descanso, un obús de Darder desde la frontal que sacó fuera con los dedos.

Demichelis sentó al embajonado David López por Olaizola para la segunda parte, no había tiempo para quedar bien con nadie. El tiempo empezó a correr en contra y la precipitación en los pases era una constante. Faltaba la calma que nadie tenía y quedaba un mundo por delante. El Levante tenía claro su plan, juntar sus líneas y esperar su momento para sorprender a la contra. Torre lo intentó con un chut desviado, pero el Mallorca necesitaba mucho más y Demichelis no movió el árbol hasta el 60 con la entrada de Virgili y después en el 68 con la de Asano y Calatayud, por Luvumbo y el lesionado Valjent. Es decir, el Mallorca se quedaba con la pareja inédita de Maffeo y Olaizola como centrales, ver para creer.

Y a todo esto, el equipo se acercaba un poco más a Segunda División irremediablemente, el panorama era desolador porque las ocasiones seguían sin llegar. De hecho, fue Espí el que creó una oportunidad que Leo adivinó. Quedaba un cuarto de hora y nada cambiaba. Demichelis apostó por la bala de Abdón por Morlanes, pero el gol estaba mucho más cerca en la otra portería.

Hasta que Alberola Rojas decidió expulsar, vía VAR, a Mojica y Brugué tras una discusión entre ambos en el que el jugador del Levante le había propinado un manotazo al colombiano. Fue el caldo de cultivo perfecto para lo inevitable. Arriaga, con un cabezazo, lo certificó con el 2-0. Dela falló un penalti en el descuento, pero ya daba igual. Esto era una catástrofe de principio a fin.

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