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Fútbol

Fallos garrafales indignos de un Mallorca que se juega la vida

Los errores groseros del Mallorca, tanto a nivel defensivo como ofensivo, sirven en bandeja el triunfo a un Getafe que lo tuvo demasiado fácil en el Coliseum

El segundo tanto de los azulones es una catástrofe de principio a fin

Leo Román intenta impedir el remate de Satriano ante la mirada de Valjent durante el partido ante el Getafe.

Leo Román intenta impedir el remate de Satriano ante la mirada de Valjent durante el partido ante el Getafe. / Efe

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Sebastià Adrover

Sebastià Adrover

Palma

En un partido de este calibre cualquier error fatal marca la diferencia. Y el Mallorca cometió dos muy groseros, indignos de un equipo que se juega la vida, que le facilitaron la vida al Getafe para encarrilar el triunfo en el Coliseum. Y es curioso que las dos acciones de los tantos azulones nacieran en las botas de su portero, David Soria.

En la primera envió un balón largo que Luis Orejuela, debutante como titular ayer, midió muy mal a la hora de despejar y eso supuso una autopista para Nyom, que tuvo todo el tiempo del mundo para levantar la cabeza, pensar y centrar a Satriano, que solo tuvo que empujar la pelota al fondo de la red entre unos zagueros que se miraban unos a otros.

Era el minuto 13 y quedaba un mundo por delante. Había margen para la reacción, por lo que todavía tiene más delito lo que sucedió poco antes del descanso. Otra vez Soria puso la pelota en juego y una terrible falta de entendimiento entre Valjent y Leo Román, que estaba muy adelantado, facilitó que Satriano, otra vez, anotara el 2-0. Ver para creer. El central eslovaco, que dejó botar equivocadamente el balón, había cedido atrás, con la desgracia de que el meta ibicenco ya había abandonado sorprendentemente esa posición. Y Romero, en la segunda parte, remató sin oposición de cabeza para el 3-0.

Con fallos tan evitables como estos, un auténtico delito en choques tan importantes, se hace imposible ganar partidos. Tampoco es fácil de entender lo que hizo Luvumbo nada más empezar el encuentro y con empate a cero, tras una fabulosa contra de Virgili. En lugar de devolverle el balón y para que el catalán se plantara ante el cancerbero local, prefirió precipitarse y chutar a desgana. Son detalles que hicieron daño y que imposibilitaron llevarse algo de tierras madrileñas.

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