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Fútbol | RCD Mallorca

Opinión | Demichelis perdió una gran oportunidad

Martín Demichelis, entrenador del Real Mallorca

Martín Demichelis, entrenador del Real Mallorca / G. BOSCH

Emilio Pérez de Rozas

Emilio Pérez de Rozas

Palma

Yo los entiendo. Están muy solos. Demasiados solos. Y, cuando se creen que están acompañados, por ejemplo, por los suyos, los suyos no son la compañía ideal. ¿Por qué?, porque los suyos viven de ellos y, por tanto, qué les van a contar. ¿Le dirán lo que piensan? ¿le dirán la verdad? ¿le darán buenos consejos? Es más ¿les darán algún consejo?

Ellos se saben la parte más débil del deporte. La parte más débil del fútbol. Peor, mucho peor, se saben la parte más débil del negocio. Y saben que van a ser los primeros, cuando no los únicos, que serán despedidos si la cosa no funciona. Ahí sigue el dueño, ahí está el presidente, el Director de Negocio, ¡hasta el Director Deportivo, vaya que sí!

No solo se saben los más débiles o lo intuyen, sino que se pasan la vida viviendo en esa situación. Trabajan para ahorrar para cuando los despidan porque, al final (o al inicio), los van a despedir, quieran o no. Solo les salvarán los resultados y no hay nadie, nadie, de su gremio, que no haya terminado perdiendo. Todos pierden.

En esa situación, es muy fácil, demasiado fácil, ver enemigos por todos lados. No solo es fácil sino que, en la mayoría de casos, hasta puede que tengan razón. Martín Demichelis, por ejemplo, ya que estamos en Mallorca, en el pecado lleva la penitencia. Aceptó un contrato por tarea, por semanas, por meses, que, tal vez, no todos sus colegas hubieran aceptado. Y, ¡ojo!, lo entiendo, la cuestión es trabajar y, cuando estás en el paro, piensan que no te llegará otra oportunidad, así que hay que agarrarse a lo que sea.

Y lo que sea es un Real Mallorca, que, a lo largo de esta temporada, ha demostrado atravesar una situación tan delicada, tanto, que solo puede ofrecer a su entrenador un contrato a obra. Y tú, que sabes el tipo de plantilla que tienes, que sabes que el dueño no piensa gastarse dinero en traerte futbolistas que te ayuden a salir del hoyo, vas y firmas.

Estabas sin trabajo, te dan la oportunidad y piensas que puedes conseguir el objetivo. “Yo no vine aquí a agradar a nadie, vine a salvar al equipo, a sumar los puntos suficientes para permanecer en Primera”, dijo el ‘míster’ argentino el primer día, bueno, no, en la primera conferencia de prensa previa a su primer partido en El Sadar.

En aquella conferencia de prensa descubrí en Demichelis el truco que, hace ya muchos años, me enseñó Pep Guardiola: empezar la respuesta a la pregunta del periodista de turno, atendiéndole por su nombre. “Pues, sí, Emilio, creo que….” Demichelis memorizaba en el inicio de la pregunta del periodista que fuese su nombre y arrancaba la respuesta con ese punto de complicidad, de amabilidad, de coleguismo. Pensé: bien hecho, buen truco, un pillo más.

Pero me equivoqué. Cuando el asunto se ha puesto cuesta arriba, Demichelis ha errado el camino, no ya la respuesta, sino el comportamiento, la actitud. Ya no hay truco. Hay cabreo. Indignación. Y, sobre todo, peor todavía: decidió que todo iba a ser público, olvidando que ellos, repito, son la parte más débil de este negocio. Nosotros siempre estamos, por eso creí, insisto, que aquella pillería le iba a ir de maravilla al entrenador argentino.

Hay que estar en la piel del otro. Y no me refiero solo, no, no, en la piel del nuevo entrenador del ‘Mallorqueta’, que también, me refiero a las personas que se encuentran en un aprieto, frente a una dificultad, ante una decisión. Para criticar la actitud que tuvo Demichelis con el periodista mallorquín, que, según él, influyó mentalmente “para mal” en uno de sus jugadores tras enviarle varios mensajitos, hay que ser el entrenador del Real Mallorca y saber qué debes hacer, cómo debes hacerlo y en qué momento debes hacerlo.

Es seguro que todos nos hubiésemos comportado de muy diversa manera. Pero también es cierto que la decisión de hacerlo público, de debatir el problema ante todos (de ser un problema, claro, pues ya me dirán de qué tipo de futbolista profesional estamos hablando para que dos mensajitos te saquen de quicio, con perdón), tras una derrota dura, muy dura. No parece la solución más adecuada, ni la mejor, ni, por descontado, la manera de solucionar el asunto.

Volviendo al viejo truco de Guardiola, ¿no hubiese sido mejor acabar la conferencia de prensa y, con la mayor discreción del mundo, volver, insisto, al “perdona, Juanmi (Sánchez, de Fibwi Radio), puedes venir un momento que te quiero comentar un asunto”. Punto y pelota.

Es más, de haberlo hecho así, Demichelis se hubiese ganado, tal vez, quién sabe, un gran aliado en la platea de los periodistas. De la forma que actuó hizo que muchos colegas (todos los gremios se protegen, todos) pensasen que el ‘míster’ había perdido los papeles, que le asunto le venía grande, que el futbolista que le había mostrado los mensajes era, como poco, tonto de remate y, muy especialmente, que difícilmente, tras y por esa decisión, el entrenador argentino iba a ganar adeptos en el vestuario y en la sala de prensa, todo lo contrario.

Es seguro, vaya, fijo, que Demichelis en su época de futbolista, ¡es argentino, pibe!, tuviese millones de complicidades con millones de periodistas. Las mismas que se adivinaban, insisto, en su primera aparición ante los plumillas en la sala de prensa de la Ciudad Antonio Asensio, de Son Bibiloni, antes de viajar a Pamplona, donde las sensaciones, en el arranque, fueron muy buenas, aunque luego se estropease la cosa.

Aquel día, se nos ganó; el sábado, nos perdió. ¿Pedirá disculpas? No, está muy solo, ninguno de los que le rodean le ha dicho que se equivocó. Hasta es posible que le haya dicho “¡bien hecho, sí, señor!, era la respuesta que merecía ese periodista”.

Pero, volviendo al inicio de este texto, Martín Demichelis se irá. Y nosotros seguiremos aquí. Y, miren lo que les digo, nosotros necesitamos, mucho más que Demichelis, que el Real Mallorca siga en Primera. El primero, Juanmi. Créanme. Ni Demichelis es más mallorquinista que nosotros.

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