Fútbol
Bochorno del Mallorca en Balaídos
Penosa imagen de los bermellones ante un Celta a medio gas, que solo necesitó de la ayuda de un inocente penalti de Raíllo en el 82 para llevarse el triunfo
Ni un tiro a puerta en todo el partido en un día en que Arrasate puso cinco defensas y naufragó

El centrocampista del Mallorca Samu Costa (c) durante el partido de la jornada 25 de LaLiga EA Sports que Celta de Vigo y RCD Mallorca disputan este domingo, en el Estadio de Balaidos. EFE/ Salvador Sas / Salvador Sas
Ni con cuatro defensas ni con cinco. Y seguramente da igual quién juegue y cómo se juegue. El peor RCD Mallorca en mucho tiempo con balón y sin balón perdió ante el Celta (2-0) tras un inocente penalti de Raíllo y un gol de Aspas en los minutos finales, y seguirá una semana más en posiciones de descenso. Una triste imagen de los bermellones fue castigada en el tramo final en un día en el que todos los futbolistas ofrecieron un nivel tétrico y no hubo ni rastro de ambición por sacar algo más que un empate.
Si sales a no perder, lo lógico es perder. Y eso le pasó al Mallorca. Salió a defenderse y a renunciar a la pelota. Pero no hubo ni rastro de competitividad ni de clarividencia en ningún momento del partido. Este Mallorca, diseñado para mucho más que ser el antepenúltimo, sigue empeñado en decepcionar a sus aficionados partido tras partido.
Y es que su primera parte, extensible a la segunda, fue de lo peor que ha ofrecido este grupo (y ya van muchas) en mucho tiempo. Desnortados con un sistema de cinco defensas que no entendieron, peleados en cada momento que les tocaba tocar el balón y absolutamente superados por un Celta que jugaba a medio gas y al que solo le faltó el acierto.
Arrasate, que jugó a despistar en sala de prensa, cambió el sistema para jugar en Balaídos en un día en el que el triunfo era innegociable. Con Maffeo de tercer central y Antonio de lateral, más el regreso de Raíllo en detrimento de David López, se esperaba a un Mallorca más rocoso y renunciando a ser más agresivo en ataque. Pero de ahí a lo que ejecutaron en los primeros 45 minutos hay un mundo.
Desde el pitido inicial renunciaron a tener el balón. Se lo cedieron a un Celta que no debía recordar la última vez que estuvo tan cómodo jugando en su estadio. Con siete cambios en el once respecto al equipo que venció al PAOK en Europa League, rápidamente detectaron la pata débil del equipo bermellón. Precisamente en la que más innovó Jagoba Arrasate, que asistió inmóvil a un espectáculo de difícil calificativo.
Con un central que no es central y un lateral que no es lateral, lo normal es que no funcionen las cosas. Y eso fue lo que pasó todo el primer periodo. Antonio, perdido como nunca, ni llegaba a la presión ni daba salida. Maffeo, cuyo nivel sigue por los suelos, se enredaba a la hora de sacar la pelota y no cerraba como tocaba junto a Raíllo. Durán, hasta que se lesionó, le volvió loco por su banda y suyas fueron las dos ocasiones del Celta, al que le faltó atino ante Leo Román.
El centro del campo del Mallorca, por su parte, se mató a correr detrás de la pelota, pero al igual que el resto no llegaba. Sergi Darder, que parecía ocupar siempre la posición menos ventajosa, no se dejaba ver. Y arriba, ni Virgili tenía el día ni Muriqi, marcado por el árbitro con una amarilla en el minuto 10, estaba demasiado solo.
Cuando llegó el descanso, lo mejor era ir 0-0. De hecho, era la primera vez del año en la que el Mallorca no encajaba en la primera mitad. Pero lo que quedaba claro es que así, rascar algo en Balaídos iba a depender más de un milagro que de otra cosa.
El inicio de la segunda mitad fue exactamente igual que el de la primera. Y por poco no se empezó a complicar con Raíllo como protagonista. Primero con un despeje que el VAR revisó como mano. Y luego con un penalti torpe sobre Williot que ni árbitro ni VAR consideraron como tal. Se resbaló y sujetó al delantero sueco. Por suerte, no tuvo castigo.
La mejor noticia para el Mallorca, también, es que el Celta había bajado un poco el pie del acelerador y el partido había pasado a ser plomizo por las dos partes. Los primeros cambios no se hicieron esperar. Lato y Mascarell, ambos con tarjeta, dejaron su sitio a Morlanes y Mojica. Y los siguientes, para sorpresa de todos, fueron Muriqi y Virgili por Mateo Joseph y Pablo Torre.
El partido se iba consumiendo y la sensación era que cualquier cosa podía pasar, pero a favor del Mallorca, más bien no. Porque la falta de calidad con la pelota que mostró el equipo fue desesperante. Y pasó lo que tenía que pasar. Raíllo, que parecía que buscaba que le pitasen penalti desde hacía mucho, lo consiguió al agarrar a Borja Iglesias en un centro olvidándose del balón. Minuto 84 y gol del Celta, obra de Iago Aspas.
Diez minutos por delante sin el pichichi del equipo y sin el extremo más desequilibrante en el campo. Y, obviamente, un equipo que fue incapaz de provocar que Radu tuviese que hacer una sola intervención en todo el partido no iba a lograrlo en lo que quedaba. Y, por si fuera poco, Aspas sentenció en un tiempo de descuento impropio de un equipo que necesita puntos como sea.
Y se consumó otra derrota. La bochornosa imagen del Mallorca en Balaídos se llevó un justo castigo. Y el equipo, con los fichajes de invierno sin ni siquiera calentar, seguirá una semana más en puestos de descenso.
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