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Fútbol

Radiografía del desplome del Mallorca

El Mallorca ha caído a puestos de descenso por la incapacidad de Arrasate de dotar de identidad a un equipo sin personalidad, muy blando defensivamente y con una alarmante dependencia de Muriqi

Jagoba Arrasate, dando indiciaciones durante el partido ante el Elche en Son Moix.

Jagoba Arrasate, dando indiciaciones durante el partido ante el Elche en Son Moix. / CATI CLADERA

Sebastià Adrover

Sebastià Adrover

Palma

El Mallorca ha estado jugando con fuego desde el inicio de la temporada. Caer a los puestos de descenso a Segunda División es la consecuencia de haber hecho muchas cosas mal, tanto en el césped, como en el banquillo y en el palco. La salvación solo está a un punto y quedan diecisiete jornadas por delante, un margen más que de sobra para evitar el desastre, pero la realidad es que los bermellones tienen un grave problema que están obligados a solucionar antes de que sea demasiado tarde.

Ya habían estado siete veces este curso entre las tres últimas posiciones, pero fue en el tramo inicial del curso. Ocupar una de esas plazas, con la segunda vuelta empezada, es para ponerse a temblar y evidencia que el entrenador está siendo incapaz de sacarle el rendimiento a sus jugadores.

No hay ni rastro de las características del juego de Jagoba Arrasate, ya cuestionado por un amplio sector del mallorquinismo. Este equipo no es valiente, no es un bloque, no es intenso y no es incómodo para el rival. El preparador lo ha intentado de diversas maneras, con diferentes sistemas y jugadores y lo único que ha quedado claro es que está perdido y con un discurso que ya cala poco. El resultado es que nadie sabe a qué juega el equipo veintiún partidos después.

Reparto de culpas

El vasco aceptó en verano una plantilla que no se adapta a lo que quiere y eso no solo es responsabilidad del director deportivo, Pablo Ortells, uno de los grandes culpables de esta situación por su habitual inmovilismo. No renovó la plantilla lo suficiente y eso le está pasando factura. Incluso ahora, a menos de una semana para el cierre de mercado, tampoco ha incorporado a ningún jugador que eleve el nivel para sobrevivir en la máxima categoría. De hecho, Kalumba no está para ofrecer rendimiento inmediato, justo lo que pide el técnico.

Pero Arrasate debería haber sido más claro en julio a la hora de trasladar sus decisiones sobre el grupo que quería dirigir esta temporada. Falta hambre y aire fresco en un vestuario que en el pasado dio muchas alegrías y que se ha viciado. El caso de Dani Rodríguez tampoco ayudó, pero sería tan ingenuo como simplista echarle la culpa de lo que está sucediendo.

No obstante, los focos no solo deben señalar al de Berriatua o al propio Ortells. Los futbolistas, con contadas excepciones, están mostrando una versión vulgar, muy por debajo de lo exigible en algunos casos. Y eso es lo que no se puede permitir el Mallorca en una competición tan apretada.

La debilidad defensiva y los errores groseros son un pecado en un equipo al que le cuesta marcar goles. Además, ha encajado 21 de los 33 tantos en las primeras partes, todo un ejemplo de que no afronta en condiciones unos partidos en los que después va a remolque y está obligado a remontar, con escasa capacidad de reacción. Y si el equipo está vivo es gracias a la inspiración de Muriqi, que ya suma 14 goles, y poco más. Para ponerse a temblar.n

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