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Fútbol

Un plan de Arrasate sin valentía

La imagen del Mallorca en el Metropolitano estuvo lejos de ser de un equipo competitivo que aspirara a puntuar ante el Atlético de Madrid

Asano, Samu Costa y Pablo Torre, ante el Atlético.

Asano, Samu Costa y Pablo Torre, ante el Atlético. / Chema Moya

Sebastià Adrover

Sebastià Adrover

Palma

Perder ante el todopoderoso Atlético de Madrid entraba dentro de lo previsto por la lógica de este deporte, pero la imagen del Mallorca estuvo muy lejos de la de un equipo competitivo y que aspiraba a rascar algo del Metropolitano. Es verdad que los colchoneros son, con diferencia, el mejor equipo de la Liga como locales, solo habían cedido un empate, pero el plan de Arrasate para hacer daño a los de Simenone fue papel mojado desde el principio.

Sin extremos en el once, con centrocampistas como Darder y Antonio Sánchez en las bandas para ser más compactos, estaba claro que la idea del de Berriatua pasaba por mostrar un equipo muy junto en sus líneas a la hora de defender, sin dejar espacios para resistir ante los Julián Alvarez, Giuliano y compañía el máximo tiempo posible. Sin embargo, el fútbol son goles y la idea del Mallorca para hacer daño pasaba únicamente por aferrarse a algún centro a Muriqi y que sonara la flauta. Una intención tan simplista como vieja en el balompié cuando el contrario es mejor. De hecho, un buen centro de Mateo Joseph y remate defectuoso del kosovar, con 0-0 en el electrónico, fue el único paso adelante de toda la primera parte. Y da la impresión que fue casi por disimular.

Porque a los veintidós minutos ya había anotado Sorloth un tanto que tiraba por la borda el trabajo de toda la semana. La capacidad de reacción de los bermellones, tanto sobre el césped como en el banquillo, fue nula. Sin intensidad y valentía, características que antes distinguían a los equipos del entrenador vasco, solo la desventaja de un tanto le mantenía con cierta vida en el electrónico.

Con Jan Virgili esperando su oportunidad, a los baleares no les duraba nada el balón y confirmaban la evidencia de que eran sustancialmente inferiores al adversario. Los pases a ningún sitio y los despejes por falta de confianza empezaron a ser la tónica frente a un Atlético que pocas veces lo tuvo más fácil este curso para sumar tres puntos. Los cambios no cambiaron el panorama demasiado, ya con Virgili y Asano sobre el terreno de juego. Muriqi pudo obrar el milagro con un testarazo, pero la realidad es que después llegaron dos goles más en contra en un final tan feo como la situación del Mallorca (3-0).

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