Fútbol
El Mallorca cae en descenso y se hunde en una grave crisis
Los de Arrasate entran en plazas de bajar a Segunda División tras el empate del Getafe en Girona (1-1)
El nefasto rendimiento de los jugadores, unido a un entrenador perdido y una dirección deportiva tan errática como inmovilista, principales culpables de la dramática situación

Arrasate da instrucciones a Maffeo en el partido en el Metropolitano. / Chema Moya

El Mallorca está en puestos de descenso por sus deméritos. Los bermellones cayeron en la noche del lunes a la antepenúltima posición de la clasificación tras el empate del Getafe en Girona (1-1) y tras haber perdido el domingo ante el Atlético de Madrid en el Metropolitano (3-0). Sin embargo, los bermellones ocupan una de las plazas que les envían a Segunda División por culpa de una crisis de juego y resultados de dimensiones desconocidas, pero que de momento da mucho miedo.
Ahora son los de Jagoba Arrasate los que están a un punto de la salvación, que marcan Alavés, Rayo Vallecano y el propio Getafe, tres equipos que apuntan a ser compañeros de viaje en la lucha por evitar el desastre hasta la última jornada. Tres derrotas en los últimos cuatro partidos, transmitiendo unas sensaciones horrorosas, han provocado una deriva a todas luces preocupante.
El nefasto rendimiento de los jugadores, unida a un entrenador perdido, incapaz de dotar de cara y ojos a su equipo cuando ya se ha entrado en la segunda vuelta, ha provocado que llegara una situación que es para ponerse a temblar. Errores defensivos groseros y una escandalosa dependencia a nivel ofensivo de Muriqi, de las pocas buenas noticias de este curso con sus catorce goles, evidencia que se están haciendo las cosas muy mal en Son Moix.
Sin embargo, aunque los protagonistas son los que están sobre el césped y en el banquillo, con la mayoría de profesionales lejos del nivel esperado, los focos también deben mirar hacia la dirección deportiva que comanda Pablo Ortells y, por supuesto, hacia la propiedad.
Es muy difícil de entender que a estas alturas del mercado, a menos de una semana de que se cierre -el 2 de febrero- el club haya sido incapaz de reforzar a un plantel que necesita talento, ya no solo para elevar el nivel, sino para sobrevivir en Primera División.
Solo ha llegado Kalumba, un extremo sin experiencia en la elite que el propio técnico dejó claro que no estaba para ofrecer rendimiento inmediato. Está por ver cómo reacciona la secretaría técnica al verse entre el fuego, pero es evidente que su trabajo está siendo muy cuestionado por una afición que lleva más de doce meses asistiendo a la autodestrucción de un vestuario que había dado alegrías en el pasado.
Y todo eso con el mutismo de Andy Kohkberg, que parece no enterarse del problema que tiene ahora y que, si esto sigue así, puede ser una broma comparado con el que tendrá si se consuma el descenso a Segunda División.
Justo este martes se celebra un acto en el estadio para conmemorar la llegada de esta propiedad al club hace diez años. Ni el peor enemigo hubiera fijado esta fecha para un evento que invita a recordar que estos gestores han dotado de una maravillosa infraestructura a la entidad, pero que no debe olvidar que al mallorquinismo lo que más le importa es sentirse orgulloso de su equipo. Y eso hace tiempo que no sucede.
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