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Opinión

Solo faltaría que el Mallorca tuviese que pedir perdón por ser beneficiado por el VAR

Andy Kohlberg, el pasado sábado en el palco de Son Moix.

Andy Kohlberg, el pasado sábado en el palco de Son Moix. / GUILLEM BOSCH

Sebastià Adrover

Sebastià Adrover

Palma

El mallorquinismo está mucho más aliviado que feliz tras la victoria ante el Athletic Club del sábado. El triunfo del Valencia ha rebajado el subidón que produjo sumar tres puntos ante un rival que fue mejor y que no ganó por culpa de la soberbia actuación de Leo Román y por este ‘nuevo fútbol’ que ni los profesionales entienden. Eso sí, solo faltaría que el Mallorca tuviera que pedir perdón por haberse visto beneficiado, aunque eso es discutible, por alguna decisión arbitral, cuando en Vallecas, sin ir más lejos, fue claramente perjudicado.

Por eso llama la atención la honestidad en las declaraciones de Arrasate y algunos jugadores bermellones al asegurar que se habían visto favorecidos por las decisiones del colegiado. Servidor no va a criticar su sinceridad, pero hay veces que no hace falta ser más papista que el Papa.

Kohlberg evita una bronca

El que se ahorró un buen problema con el triplete de Muriqi, toda una bendición para este club, es la planta noble. Y más con la presencia de Andy Kohlberg en el palco. A nadie se le escapa que una derrota, o una mala imagen del equipo, hubiera hecho pasar un mal rato al máximo accionista y, por supuesto, a los que tiene de jefes en la isla. El público de Son Moix jamás ha sido de los incómodos para los de casa, pero cuando la paciencia supera todos los límites sabe levantarse y alzar la voz.

Y por mucho que tumbaran al conjunto vasco es evidente que tanto el CEO de Negocios, Alfonso Díaz, como el director deportivo, Pablo Ortells, están en el punto de mira. De hecho, los cánticos tras caer ante el Rayo no fueron «Jagoba vete ya», a pesar de que haya una importante corriente que está decepcionada con el entrenador de Berriatua. Los «Directiva, dimisión» o «Alfonso, vete ya» se volverán a escuchar si regresan las decepciones deportivas porque, por diversas circunstancias, el runrún va mucho más allá de ganar o perder partidos.

La defensa es una verbena

Ojalá que el Mallorca sepa enderezar el rumbo en esta segunda vuelta, pero la realidad es que defensivamente volvió a ser una verbena, y eso no es solo culpa de los zagueros. No hay casi nada del equipo agresivo, valiente e incómodo para los rivales que siempre ha acompañado al ADN de Arrasate. Es evidente que es responsabilidad del entrenador, pero también de los propios jugadores.

El sistema falla y mostrarse tan blando atrás suele ser sinónimo de malas noticias, a no ser que aparezca Leo Román y tenga una tarde memorable, como fue el caso. Además, en ataque la dependencia de Muriqi es absoluta. Ojalá no sufra ningún resfriado porque, si eso sucede, el que se pondrá enfermo de verdad no solo será el delantero kosovar. Ortells no debe dejarse llevar por la alegría del último triunfo y necesita elevar el nivel de una plantilla que está ofreciendo un rendimiento mucho más bajo del esperado. En mayo toca rendir cuentas de una vez.

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