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Fútbol

Fractura en el Mallorca

La crisis deportiva y social se agrava, con una afición cada vez más distanciada del equipo y un proyecto que ha perdido crédito

Pablo Ortells no se plantea por el momento la destitución de Jagoba Arrasate

Un hincha en Son Moix el domingo con el mensaje ‘Directiva, dimisión’, en su sudadera.

Un hincha en Son Moix el domingo con el mensaje ‘Directiva, dimisión’, en su sudadera. / Ana B. Muñoz

Miguel Chacártegui

Miguel Chacártegui

Palma

Algo se ha roto entre el Real Mallorca, la plantilla y su afición. O, más bien, se ha terminado de fracturar. La triste imagen del equipo en Vallecas, superado en prácticamente todos los aspectos del juego y sin soluciones, solo ha sido el detonante para una situación que lleva meses cogiendo fuerza y que, tras el pitido final ante el Rayo Vallecano, explotó. Primero con gritos en contra de la directiva y de Alfonso Díaz, CEO de Negocio del club, a la salida del propio estadio. Y pocas horas después en el mismo parking de Son Moix, donde cerca de una treintena de seguidores bermellones hicieron notar su descontento a los jugadores, llegando a encararse con alguno como Mojica.

Aficionados del Mallorca se encaran con Mojica en Son Moix

Sergi Fullana

Y es que la situación en el Mallorca está cogiendo tintes dramáticos. Es, sin duda, el peor momento en este último ciclo de cinco temporadas en Primera. No en cuanto a resultados deportivos (en la 2021/22 el descenso fue casi una realidad), sino en términos de crispación social. La sensación de enfado es constante y gran parte de los aficionados reclaman soluciones. El equipo no está en descenso, es cierto. Pero atarse a ese dato es taparse los ojos ante la evidente mala dinámica que arrastran los de Jagoba Arrasate desde hace ya muchos meses.

Jagoba Arrasate y la dirección deportiva, bajo presión

El entrenador vasco, dentro del tridente que conforma junto a Ortells y Alfonso Díaz, las tres caras más reconocibles del proyecto (al presidente y propietario Andy Kohlberg se le espera en Palma mañana), es el que cuenta con la posición más débil, aunque por el momento la dirección deportiva, que siempre ha mantenido un perfil poco intervencionista, tanto para bien como para mal, no se ha planteado su destitución.

No obstante, el choque ante el Athletic Club se presenta como un juicio ante la afición, que no dudará en mostrar su disconformidad si las cosas no salen bien ante el conjunto vasco, que también está decepcionando este año en Liga.

Los números en los últimos doce meses, con solo 36 puntos en 38 jornadas, son prácticamente indefendibles. Las pésimas sensaciones que el equipo arrastra partido tras partido han ido erosionando no solo la confianza de los seguidores en el hacer del de Berriatua, sino también en la propia plantilla. De hecho, se percibe un sentimiento de hastío y desinterés que ha provocado que ir a Son Moix a ver al Mallorca ya no sea la primera opción para algunos aficionados, con entradas que superan los 16.000 por poco. El juego es rácano, no hay amago de rebelión positiva y el nivel ha involucionado hasta límites insospechados.

Renovación de plantilla pendiente

Pero no todo se reduce a Arrasate para explicar el distanciamiento cada vez mayor que vive el mallorquinismo. Desde la dirección deportiva, con Ortells a la cabeza, están pagando los males que deberían haber intentado solucionar en verano.

La esperada renovación de la plantilla no llegó, teniendo que ‘perdonar’ a futbolistas que querían marcharse como Maffeo, y los fichajes, a excepción de Jan Virgili, están más cerca de ser considerados un fracaso que un éxito. Con prácticamente la mitad del mercado invernal consumido, siguen sin llegar futbolistas que puedan servir como acicate para el resto.

Crisis de confianza

Y en el centro de la diana de gran parte de los seguidores se encuentra Alfonso Díaz. El CEO, que este domingo bajó a intercambiar opiniones con los aficionados que acudieron a Son Moix, es el gran centro de las críticas y su nombre fue el protagonista en las reivindicaciones de los seguidores desplazados a Madrid, además de aparecer en pintadas alrededor del estadio.

La gestión de las entradas para la final de la Copa del Rey, los terribles sucesos de Arabia Saudí en la Supercopa y, finalmente, ser la cabeza visible del proyecto del Mallorca ante la ausencia perenne de los propietarios americanos han conllevado que su imagen se desgaste y cuente cada vez con menos apoyos en la grada.

El Mallorca vive sus horas más bajas en mucho tiempo. Los malos resultados deportivos son solo la punta del iceberg de una fractura que se está viviendo a muchos niveles y que pone en riesgo todo lo construido. Que el equipo resurja y empiece a ganar, algo que parece altamente improbable visto el camino recorrido, rebajaría la tensión y permitiría vivir con más calma.

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