Fútbol.
El Mallorca es un suplicio
Un fútbol que no engancha, futbolistas que empeoran en vez de mejorar, un técnico que no da con la tecla y una directiva cada vez más alejada provocan que el mallorquinismo esté desganado

Minuto de silencio por el fallecimiento de Miquel Contestí durante el partido de la jornada 18 de LaLiga que RCD Mallorca y Girona FC disputan este domingo en Son Moix. EFE/CATI CLADERA / CATI CLADERA

Resulta complicado encontrar argumentos positivos al hablar del Real Mallorca 2025/26. La derrota ante el Girona, merecida de principio a fin, ha reabierto las heridas que azotan al mallorquinismo desde hace un año y que no terminan de sanar. El fútbol que se ve semana tras semana no es atractivo, más bien soporífero; el entrenador, Jagoba Arrasate, no está siendo capaz de tocar la tecla correcta o no cuenta con los medios para hacerlo; los jugadores retroceden en vez de avanzar y la brecha entre aficionados y directiva es cada vez mayor.
Un proyecto en riesgo de perder la categoría
Un caldo de cultivo peligroso provoca que la paciencia con el proyecto, que corre riesgo de perder la categoría si no mejora, cuente cada vez con menos adeptos y sí con más detractores. Son muchos los factores que han convertido la experiencia de ser seguidor del Mallorca en un suplicio. Ir a Son Moix a ver jugar a los de Arrasate en el último año empieza a rozar el masoquismo futbolístico, aunque sería injusto no recordar que con el anterior cuerpo técnico tampoco se rozaba la brillantez.
Desde hace doce meses, con la catástrofe de Pontevedra como punto de partida, el Mallorca está sobreviviendo. Conseguir una victoria se ha convertido en casi un imposible y lo peor es la sensación que arroja el equipo jornada tras jornada, siendo incapaz de ser consistente durante los noventa minutos.
Falta de claridad y paciencia en el juego
La falta de una idea clara de cómo jugar, o al menos la percepción que sienten muchos seguidores desde hace meses, se traslada a tener muy poca paciencia hacia el equipo, como se comprobó este domingo ante el Girona. Con el 0-1 prácticamente nadie en Son Moix confió en que el equipo sería capaz de darle vuelta al marcador. Con el 0-2, directamente, se olvidaron de ello.
No hay que obviar que las limitaciones de la plantilla, a pesar de que desde la directiva se traslada el mensaje público de que hay equipo para más, son obvias. Pero también hay jugadores cuyo nivel está muy por debajo de lo que debería, empeorando en vez de mejorar.
Algunos jugadores destacados, pocos motivos para la esperanza
Más allá de la ilusión juvenil de Virgili, del renacer goleador de Muriqi y de la intensidad de Samu, cuesta encontrar más jugadores cuyo rendimiento haya crecido y no decrecido. Raíllo, Mojica, Darder, Maffeo, Morlanes, Asano… Demasiados nombres en una plantilla a la que no le sobra nada y que sigue con tres fichas libres.
Aficionados y directiva cada vez más distantes
Por si fuera poco, la brecha entre aficionados y directiva continúa agrandándose. Las preocupaciones de los primeros no concuerdan con los objetivos de los otros, provocando enfado y desapego. «No tengo ganas de ir a Son Moix» es un argumento que se observa últimamente en las redes sociales y que, pese a no reflejar el pensamiento mayoritario, sí que habla del sentir de muchos seguidores.
La falta de resultados, que tiene al Mallorca bordeando la zona de descenso, no hace sino aumentar todo lo negativo. Las victorias y un mercado de invierno que potencie al equipo harán que el ánimo cambie. Pero para ello toca comenzar a ganar cuanto antes. Y Vallecas y el Rayo este próximo domingo (14 horas) no parecen el lugar más sencillo para conseguirlo.
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