Resumen del año 2025
RCD Mallorca: doce meses repletos de decepciones y problemas
Tirar por la borda una oportunidad histórica de ir a Europa, bronca con la grada y el desastre de Dani Rodríguez han hecho que el 2025 del Mallorca sea para olvidar

Dani Rodríguez, a su vuelta a los entrenamientos con el Mallorca tras cumplir la sanción del club / RCDM

Si un mallorquinista dejó de ver a su equipo antes de entrar en 2025 se frotaría los ojos viendo todo lo que le ha pasado al Mallorca en doce meses. Es más, pensaría que se trata de una broma de mal gusto. Aquel equipo que aspiraba a ir a Europa, al que le salía todo y en el que se respiraba buen ambiente dio paso a un despropósito deportivo, a tirar por la borda una oportunidad histórica y a firmar capítulos vergonzosos en la más que centenaria historia de la entidad.
De la ilusión y la alegría se ha pasado a la decepción y el enfado. El Mallorca actual poco o nada tiene que ver con aquel que celebró llegar a los 30 puntos al vencer al Getafe. Y, viendo cómo se han desarrollado estos doce meses, que no esté en posiciones de descenso al acabar este año es casi un milagro.
La eliminación copera ante el Pontevedra (3-0) para arrancar el año fue el primer golpe. La Supercopa de España aguardaba en Arabia Saudí. Caer ante el Real Madrid entraba en los planes, pero el lamentable acoso y las situaciones violentas que sufrieron los seguidores mallorquinistas, incluidas las familias de los jugadores, desplazados a Yeda por parte de los aficionados locales no debería haber pasado nunca. Las explicaciones de la propiedad en boca de Alfonso Díaz, que cayeron en saco roto, al igual que la inútil disculpa de la RFEF, sembraron una semilla de desconfianza interna en el vestuario. En el verde, los futbolistas se encargaron, con un rendimiento muy bajo, de dilapidar todo lo conseguido en la primera vuelta, logrando tan solo cuatro victorias y arruinando la posibilidad de ir a Europa.
«La familia» se rompe
Reclamos de subidas salariales y amenazas de marcha en verano se convirtieron en algo habitual entre los menos habituales en un Mallorca que vio, en el último choque en Son Moix, cómo se rompió «la familia» que siempre han defendido al encararse Larin y Maffeo con una parte de la grada.
Tras un verano de ni fu ni fa en lo deportivo, en el que se esperaba una revolución que nunca llegó, y con un ambiente enrarecido por los seis meses anteriores, llegó el que ya es uno de los capítulos más vergonzosos de la historia del club, orquestado por uno de los capitanes y que, hasta aquel entonces, ostentaba prácticamente el título de leyenda. Dani Rodríguez, que ya no forma parte del Mallorca —una rescisión de contrato que llega tarde—, decidió que su cuenta de Instagram era el lugar adecuado para, en público, cuestionar la autoridad de Arrasate y sus decisiones, no una vez, sino dos. Un pulso nunca antes visto y que dilapidó todo lo que Dani Rodríguez había conseguido en casi ocho años, dejándole en poco más que un ‘apestado’ a ojos de prácticamente toda la afición.
Sanción y retirada de la capitanía fueron las primeras decisiones; no volver a jugar y salir por la puerta de atrás, las segundas. Un mal que no se atajó cuando tocaba y que ha obligado a vivir tres meses una situación incómoda para todas las partes.
Que el Mallorca, con todo lo que ha pasado y con una plantilla a la que le falta profundidad en el banquillo que presione a los titulares, termine el año fuera del descenso es algo casi increíble. Pero no hay que engañarse: los refuerzos en invierno deben llegar. Seguir en Primera División está en juego. Si las últimas navidades supusieron un punto de inflexión negativo, se espera que estas tengan el efecto contrario.
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