Fútbol
Un final inexplicable
Al Mallorca le entró mal de altura ante Osasuna y pasó de pensar en cómo celebrar el importante triunfo que tenía en las manos a lamentarse por dejar escapar dos puntos en el descuento

Los futbolistas del Real Mallorca se empiezan a colocar en la barrera de la falta que supuso el 2-1 de Osasuna. / MANU MIELNIEZUK

La sensación en la grada de Son Moix al señalar Gil Manzano el final del partido entre Mallorca y Osasuna era prácticamente la misma. Estupefacción, tristeza o enfado fueron algunas de las reacciones entre los aficionados que desfilaban hacia la salida en silencio. Mientras los navarros celebraban el empate como si de una final se tratase –y no era para menos–, los bermellones, con caras bajas, buscaban una explicación para lo que había ocurrido. Ninguno, tanto seguidores como jugadores, entendían por qué un partido que estaba ganado en el minuto 83 con un 2-0 en el marcador había terminado en empate, casi pidiendo la hora.
«Tenías la victoria en la mano y ya no la tienes. Hemos defendido bien el área hasta el ochenta y pico. Pensábamos que teníamos el partido controlado y cuando se te va así, las sensaciones no son buenas».
El Mallorca de esta temporada, una continuación del que decepcionó en la primera mitad de año, padece de una fragilidad terrible. La fiabilidad no es la seña de identidad de esta plantilla, a la que le cuesta un mundo ser consistente durante noventa minutos. Incapaz de resolver partidos con tranquilidad, se pone a temblar cuando le vienen mal dadas.
Este sábado, ante un Osasuna que ya pensaba más en hacer la maleta para volver a casa que en intentar remontar dos goles de diferencia, a los bermellones les bastó encajar un gol en una jugada aislada para convertirse en un flan en todas las líneas. Y es que hasta el minuto 83 todo había salido a la perfección. A pesar de no haber sido un partido brillante, ni mucho menos –hace mucho tiempo de un encuentro así del Mallorca–, se estaba ganando con relativa comodidad a un rival directo. Dos jugadas de Virgili y dos zarpazos de Muriqi, unidos a la inoperancia ofensiva de los de Lisci, estaban dando como resultado un triunfo cómodo.
Pero todo se estropeó con el tanto de Raúl García en el 83. Una falta –dudosa– que esperaban fuese para Rubén, pero este se la cedió en corto al delantero, provocando que la barrera se abriese. Un disparo raso, que se coló entre los defensores, imposible para un Bergström que solo pudo mirarla.
Las risas, alegrías y pronósticos ya del próximo partido se apagaron en la grada y la tensión comenzó a mascarse en cada acción. Los nervios y el mal de altura hicieron acto de presencia y el Mallorca empezó a quitarse el balón de encima demasiado rápido, a regalar saques de banda y saques de esquina y a fijarse solo en el reloj.
Y en el minuto 92, en el segundo de los seis que añadió Gil Manzano, se consumó la desgracia. Un saque de banda que no terminó de despejarse, un centro al área ante el que no se fue contundente y una continuación de jugada en la que Boyomo le ganó la partida a un Mojica que suele desentenderse en los balones altos. Empate a dos y caras de no entender nada.
La anulación previa del gol por un fuera de juego que no lo pareció en directo y menos en la repetición, corregido por la sala VAR, congeló Son Moix y dejó con cara de tontos a los aficionados mallorquinistas, que se imaginaban ya felices con un nuevo triunfo de los suyos.
A pesar de que quedaban un par de minutos sueltos, quedaba claro que ya nada había que hacer. Los cambios, como el de Asano –sigue sin demostrarle a Arrasate que merece ser titular–, no funcionaron y el choque se extinguió entre lamentos. El Mallorca acusó una falta de oficio tremenda y pagó las consecuencias.
Seguramente la eliminatoria de mañana ante el Numancia de la Copa del Rey no sea un plato agradable, pero debe servir a los jugadores para olvidarse rápidamente del traspiés liguero. Es un día para que los menos habituales, que decepcionaron ante el Sant Just, alcen la voz. Y para que los titulares reflexionen y mejoren, ya que el Oviedo aguarda este viernes.
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